Black Rebel Motorcycle Club // Take Them On, On Your Own

La carretera es el único lugar donde puedes correr. Sólo te acompaña el ruido de la velocidad, el tanque casi sin combustible y la radio estallando de Jesus & Mary Chain: «Walking back to you is the hardest thing that I can do». Banda sonora ideal para darle la espalda a esa chica, para jugar a ser rebelde y darle la espalda al público como hacían los boquiflojos hermanos Reid en aquellos conciertos en Londres.

Todo duele: el sol es una llaga viva en el horizonte y el mar es un charco de luz que no te deja ver. Estás solo otra vez, como antes y como siempre. Pero tú dices que eres libre, sabiendo que la libertad no es más que el poder escoger a qué cadena te atas. Aceleras, abres la guantera y sacas el nuevo disco de ese nuevo grupo.

La primitiva batería resucita a Moe Tucker, baterista de la Velvet. Aparecen las guitarras acústicas y luego las saturadas, y las melodías se desnudan hasta la médula. Una voz impasible le canta a las drogas de siempre: el amor, el sexo y otras menos dañinas. «I’m tired of running» canta una voz flemática, casi británica (sólo uno de sus integrantes es británico, los demás son gringos). Pestañeas frenéticamente y tanteas con tus dedos un cigarrillo encendido, jugando con fuego, fugando con juego. El ruido empieza a revestir las melodías, a darles un nuevo ropaje. «Son los BRMC» -piensas- «dirigiendo la guitarra contra el ampli, lastimándola, haciéndola chillar, jodiendo todo, trayendo el caos.»

«I don’t feel at home in this generation», gime uno de los dos vocalistas de BRMC en «Generation». Pero la nebulosa de ruido no es la misma que la del noise pop de los ochenta. Más oscuros y caóticos que los Raveonettes, pero sin el talento de éstos para las melodías. No es la sierra en el huracán ni el beso de un alambre de púas. El ruido blanco también es blando esta vez.

«¿Contra qué te rebelas?», pregunta la anónima mujer en una escena del film de los cincuenta The Wild One. Marlon Brando, en su papel de líder de la banda de motociclistas Black Rebel Motorcycle Club, responde, impecablemente cool y casi por inercia, «¿Qué es lo que tienes?». Courtney Love, su nieta, no ha heredado ni la mitad de su rebeldía. Ese gordo senil que habla incoherencias fue, alguna vez, el rey del mundo. El dueño de una isla, el mejor actor, el más buscado, el pingaloca que bautizó, sin querer, a esos Mary Chain edulcorados que son los BRMC.

«I gave my heart to a simple chord», reniega BRMC por los parlantes. Oh, la consabida rebelión, la del amor y la del rock and roll. Una gota de tristeza corre por la carretera de tu mejilla. ¿Y qué pasó con Ella? Whatever happened to my rock and roll?

Carlos Cabanillas

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