Si seguimos la ley de los seis grados de separación podemos caer en cuenta de que potencialmente todos podríamos ser parientes de todos, bueno, pues en realidad sucede exactamente lo mismo con la música, si sometemos al debut de este trío de Sussex a tal prueba, encontraremos que Hopes and Fears tiene tanto de Coldplay como de Elton John en sus arreglos de piano, nos veríamos iracundos y blandiendo el dedo acusador hacia Tom Chaplin como un señero pariente vocal del bueno y desolado Thom Yorke, pero mezclado con un desempolvado Morten Harket. Así, de uno en uno armaríamos la pléyade con Supertramp, Pet Shop Boys, The Smiths, Beach Boys y un gran etcétera. Pero las preguntas inevitables vendrían. ¿Qué tiene Keane de nuevo o especial? ¿Por qué le dedicarían unas líneas a un grupo que no hace sino copiar lo ya hecho? Pues bien, la palabra clave cae tan rápida y pesadamente como una gorda suicida: estilo.
Keane prescinde de guitarras, así es, un grupo de rock sin guitarras que deposita todas sus potencialidades en el instrumento clásico por excelencia, el piano. Arreglos, delays y demás yerbas sazonando todo el disco, pero ni un punteíllo o arpegio por sus 47 minutos. Tim Rice-Oxley le da a las teclas con majestuosidad y maestría, simple, directa y emotivamente en “Everybody’s Changing”, “Somewhere Only We Know”, “Can’t Stop Now“ y “Bedshaped”, acompañado por la precisa batería de Richard Hughes, logrando bombazos intensos y melancólicos, hermosos en suma.
Una entrega sólida de principio a fin, con quizás algunos puntos bajos a mitad de álbum, pero igualmente sorprendente debido a que de la aparente limitación instrumental el trío británico se las ingenia para entregar once temas de fuerte raigambre melódica, de los cuales es menester destacar “Sunshine” y “Untitled I” (¿acaso es un theremin lo que suena hacia el final del tema?!)
Debut fenomenal e innegablemente clásico, tan inobjetable como lo fue en su momento el Definitely Maybe. Nunca antes el término bittersweet cuadró mejor, Hopes and Fears ha sido concebido para invitarnos a ese lugar donde el sol abriga sólo lo suficiente, el daydream es el deporte por excelencia, y las camas se venden en talla exacta.
