Hay un tipo de experiencia que creo que todo fan de la música ha tenido. Yo lo llamo “malos oídos”: es una especie de duelo musical, y es lo que sucede cuando tus ideas preconcebidas se vuelven en tu contra y te dejan vulnerable. Es cuando estás con un amigo y le pones una canción que te gusta y quieres que a él también le guste. Pero entonces él no dice nada. Y de repente te encuentras escuchando tu canción con esos malos oídos: cada pretensión, cada falla en la música se vuelve totalmente obvia para ti. Las letras que te parecían geniales dejan al descubierto su facilismo. Las frases que te parecían adorablemente tontas te llenan ahora de infinita vergüenza. La canción termina. Quieres que te trague la tierra. Y tu amigo sonríe y dice “Sí, estuvo buena”, y entonces es su turno.
De Feed the Troll, por Tom Ewing

qué preciso
Eso me ha pasado muchas veces, no es lo mejor
Eso se soluciona fácil: un audifono tú, un audifono yo. Luego a destapar botellas y desterrar el silencio de la habitación.
Pffff, nada que ver. Si le comparto alguna d mis canciones preferidas a ese alguien especial y no le gusta, then it is not meant to be. No puede ser nada serio.