
En “Tóxicas”, una canción de pulso veloz e intenso, cuya letra describe paisajes terrenales desolados por la contaminación, Alejandro Susti opta por un solo de guitarra acústica para construir el clímax que requiere toda composición musical digna de atención y respeto. Allí donde otros habrían visto el escenario perfecto para lucir sus habilidades con palancas y riffs lo más rockeramente posible, este músico y literato limeño privilegia la sutileza y define de paso una de las principales características del que viene a ser su cuarto álbum.
La simplicidad dicromática de su portada anticipa una propuesta directa, algo alejada de la tormenta eléctrica de Kaoscopio, su anterior disco. Islas no se ubica en las antípodas de éste, ya que también tiene momentos de fuerza, pero en medio de ellos privilegia ambientes calmos, como los de “Cuerpo Piedra”, y versos como los de la beatlesca “De Pie”, que equivalen a pequeños manifiestos personales, más reflexivos que impetuosos.
Hablamos, además, de un disco ejecutado y grabado a cuatro manos (las de Susti y de Daniel Willis, guitarrista de D’Mente Común), a diferencia de su enérgico predecesor, trabajado junto a un quinteto de notable currículo rockero. En este nuevo CD encontramos nuevamente composiciones sólidas y arreglos cuyos detalles minimizan ciertos atisbos de monotonía y convencionalismo, inevitables casi siempre cuando se insiste en el formato canción utilizando el rock como fórmula.
Así, la decisión de darle a un tema de raíz rockera como “Aquí (No Pasa Nada)” tan solo un mínimo de electricidad, la salva de ser una canción estruendosa más (aunque es seguro que en vivo funcionará mejor de esa manera) y la convierte en uno de los puntos altos del disco. La sutileza mencionada al comienzo también añade misterio a la simplicidad de “Caleidoscopio”, y ayuda a hacer simpática “Aeroplano Azul”, evitando que recordemos que el autor de semejante letra de amor adolescente (“si yo fuera un conocido aviador/ y tuviera un aeroplano azul/ volaría, sí/ hasta el fondo de tu corazón”) la hizo un cuarentón. Por otra parte, “Luna” –balada con un contenido un poco más poético– nos conquista por su deliberado espíritu old fashion y por una interpretación vocal ajena a excesos e impostaciones; característica inherente al estilo que Susti muestra desde sus comienzos en la “música urbana” limeña de los años 80. Ahora, cuando está ya inmerso totalmente en los vericuetos del rock, Islas, a todas luces un disco de transición, parece ubicarlo en el medio de un camino cuesta arriba en el que solo falta dar algunos pasos para divisar la cima.
