Britney Spears // Circus

Había una vez una princesa, que a falta de un zapato de cristal, se olvidaba las bragas y demostraba así, que en la corte, las doncellas también se hacen la depilación brasileña. Si de tanta caña macerada, la princesa se cansó de besar a tanto plebeyo que se transformaba en sapo. Si de tan forajida, la encerraron como a Rapunzel (rapada) porque los brujos malvados (sus padres) la sedaron con Prozac, un desenfriolito y a la camita temprano sin pataletas. Seis meses después, todavía adormecida, la sacaron a dar una vuelta, ganó premios, grabó un disco y por poco la coronan como “Mujer del Año”.

Así es la vida de Britney Spears, la princesa del pop, que regresa después de, llamémoslo así, un año sabático. Circus, sexto álbum en estudio de la princesa, es, aparentemente nexo y parte de una trilogía que habría empezado con In the Zone (2003), pero que recién llegó a cuajar del todo con Blackout (2007), su disco más celebrado, aunque poco promocionado. Entonces, para arrasar charts como antaño, la diva se auspicia tamaño retorno, que ya hubieran querido tener Michael Jackson o Whitney Houston, leyendas pop venidas a menos.

Circus maneja la tendencia de su antecesor: el ser respaldado por una cofradía de productores como Dr. Luke, Danja, Bloodshy & Avant, The Outsyders y Max Martin, este último creador de éxitos como “…Baby One More Time” y “Oops!… I Did It Again”. Con rigurosos sonidos electropop y empapándose de coros robóticos, Britney gime, canta y solloza su venganza. “Womanizer” y “Out from Under” para su parásito ex; “Kill the Lights” (de lejos, la mejor canción del disco), dedicada con fervor a los paparazzi. Si antes (en Blackout), la Spears le cantaba a sus trasnoches y delirios, en Circus, sonríe, culpa y se justifica.

Parece un arrepentimiento sincero y confidencial. Britney sonríe si su staff se lo permite, pero llora cuando ellos no están cerca. Sus travesuras ahora pagan factura, la encerrona le quita el sueño y se siente sola. Nada de quejarse, que su padre cobre por cuidarla, que su madre no se acuerde de ella, que sus hijos pasan más tiempo con su ex, que la industria la utilice, que ya no puede ser libre de nuevo. Sí, su vida es un circo, pero más parece un freak show, donde ella es el fenómeno monstruoso del que todos se burlan. Víctima de la fama, la llaman.

Eduardo Alcántara

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