Poco ha cambiado en su universo. Tellier sigue reivindicando el culto al cuerpo y el espíritu, indivisibles y eternos en el goce. El suyo es el reino del placer sin culpas. El látex puede ser también un dulce sahumerio. La discoteca setentera no ha muerto; los salmos se recitan hasta el delirio gracias al funky. Los fetiches pasan lentamente ante nuestros ojos: un altar de senos y glúteos. Todos son sacerdotes y fieles en esta orgia. Hacia el final, una lluvia dorada muestra la posibilidad de un paraíso en esta tierra.
Sébastien Tellier “Cochon Ville”
Del álbum My God Is Blue (2012)
