Desde arriba, desde las estrellas, Barcelona, Asturias o Buenos Aires deben parecer exactamente lo mismo, pequeños puntos aislados entre masas de azul, con algunos destellos que anuncian la presencia de vida. Quizá algunas de esas señales, que parecieran venir de un tiempo lejano, cabalgando desbocada e intensamente, animaron a los dioses en el momento de la creación. A ras de tierra, ajenos a la mitología y los juegos de los inmortales, Rodrigo y Luciana, español y argentina, manipulan lo analógico para capturar la sensación de movimiento, de cuerpos que se lanzan sobre el Atlántico o que lo remontan para escapar a su destino.
La memoria remite a la movida sónica de los noventa. Aquella que se desplegó por el mundo entero y confió a la guitarra la configuración del ritmo. Pienso en Suárez, en Creation, en pedaleras y cerquillos, en improvisación y conceptos de modernismo, en la intersección de los lóbulos izquierdos de Shields, Francis y Moore. En Pegasvs esa motivación se resuelve gracias la electrónica y no confía el sentido en el devenir de las cuerdas. El latido primordial del krautrock también se deja sentir e impulsa los sonidos hacia otra dimensión: un espacio de constelaciones y paisaje abisales, de noche auroral y mareas caprichosas. La expedición tiene un rumbo claro: visitar los senderos explorados por Stereolab o Broadcast, lanzar un boomerang y recogerlo en el otro lado de la Luna. Como en sus modelos, la guía es la voz femenina, un instrumento planeador y sugerente que refleja ecos del pasado y dispara imágenes etéreas y mundanas: en este escenario un afilador de cuchillos también puede ser un héroe de ciencia ficción.
Como en un sueño, los opuestos se rozan y confunden. El futuro se precipita desde la pampa. Las estrellas se ven desde la pista de baile y el pop copula sin vergüenza con la vanguardia.
Pegasvs “Sobre las Olas”
Del álbum Pegasvs (2012)