La nueva gran esperanza del indie se viste con túnicas, practica el paganismo místico, mezcla la psicodelia con otras hierbas, tiene a la canción pop perfecta como su santo grial y alucina futuros post-apocalípticos.
«Los chicos van a heredar las colecciones de mp3 de sus padres. Y, en esa estética, los archivos corruptos de mp3 serán el equivalente a los vinilos con sonido de canchita que la gente glorifica ahora. Dentro de veinte años, la gente escuchará esos mp3 de trigésima generación y dirán, ¡’Me encanta ese sonido!'»
Tremendo vaticinio proviene de Ben Goldwasser, quien junto a Andrew VanWyngarden (¿se puede tener nombres más psicotrópicos?), son MGMT, uno de los hypes del año. Y a juzgar por el primer single de Oracular Spectacular, su disco debut, la alharaca se justifica plenamente. «Time to Pretend» es un grandioso tema en clave space rock que ironiza sobre los clichés en la vida de un famoso. Por supuesto que la verdadera ironía será que estos chicos maravilla se vuelvan estrellas de rock y terminen, como en la canción, ahogados en su propio vómito.
Hay cosas que a uno le encanta odiar y cosas que uno odia que le encanten, pero también hay cosas que uno no sabe si odia o le encantan. Me pasa por ejemplo con Los Campesinos! La banda derrocha una vitalidad envidiable («You! Me! Dancing!»), son ingeniosos para poner títulos («…And We Exhale And Roll Our Eyes In Unison», «The International Tweexcore Underground»), cada letra es más hilarante que la otra («The music was okay, but the fresh air was better, and I couldn’t tell if the singer’s keyboard was a crutch or a synthesiser, but it sounded like he’d broken a limb, each and every time he pushed a key down or in.»), sus canciones son melodiosamente disonantes («Death to Los Campesinos!») o disonantemente melodiosas («Don’t Tell Me to Do the Math(s)»), y la voz de Aleksandra es un dulce contrapunto a los quecos destemplados de Gareth («Drop It Doe Eyes»). Y es así que llegamos a mi problema con Los Campesinos! El vocalista! Hay una palabra en inglés, obnoxious, que lo grafica mejor que cualquier otra en español, y que quiere decir algo así como pesado o chinchoso. Odioso. Al principio lo soportaba menos. Lo que me temo significa que terminaré aceptándolo, si no adorándolo. Pero al menos ahorita que escucho «My Year in Lists», me dan ganas de agarrarlo por el cuello…
Butter 08 fue un proyecto paralelo de las simpáticas Yuka Honda y Miho Hatori en el que, junto a cómplices como Russell Simins (de los Jon Spencer Blues Explosion) y Mike Mills (director de uno de los videos más hermosos de los noventa) desplegaron una vena más hardcore que en Cibo Matto. El experimento sólo duró un disco, que fuera editado en 1996 por el difunto sello de los Beastie Boys, Grand Royal. Pese al cambio de revoluciones, «Butter of 69» parece continuar con la conocida obsesión de las Cibo Matto por la comida. ¡Pásame la manti!
Desde Noruega llega Lukestar, una banda de indie pop que acaba de editar un álbum llamado Lake Toba y se está dando a conocer gracias a una preciosa canción y un pastoral video de título “White Shade”. ¿Algo más? Nada más. Bueno, sí. El angelical arrullo que los Lukestar parecen estar buscando en el bosque cual ninfa perdida en realidad proviene de la etérea garganta del vocalista del grupo, quien hemos descubierto que es el hijo perdido de Benny Hill y Liz Fraser. ¡Por la gran flauta!
Si el dios del metal es Satanás, el dios del dark es Drácula, el dios del new age es la Madre Naturaleza, el dios del indie es Buda, y el dios del punk está muerto, el dios del disco es Dioniso, alias Baco, alias Uno Mismo.
Y por Zeus (mi dios) que el video de “Blind” está bien bacanal. A pesar de la desolación expresada en la letra (y hay precedentes de eso en la música disco de los setenta), la sensualidad del ritmo, las palmaditas, los “vientos” a lo Village People, incitan, más que a abandonarse a la miseria metafísica, a mover las caderas con abandono.
Aunque la voz que se escucha en «Blind» pertenece, sorprendentemente, a Antony Hegarty (de los más bien lánguidos Antony & The Johnsons), el autor intelectual de este fabuloso revival es el DJ neoyorquino Andrew Butler, quien se esconde detrás del llamado (para más señas de paganismo) Hercules and Love Affair, una de las sensaciones del momento y una prueba más de que DFA Records es quizás hoy por hoy el sello más cool del planeta.
Debo confesar que hasta ahora no tengo idea de qué es el math rock, porque más allá de las operaciones aritméticas simples, yo y las matemáticas (el burro por delante) no nos llevamos muy bien. Peor aún si la música está de por medio. La única vez en que mezclo los números con el placer es cuando se trata de, ejem, 69.
Era de esperarse pues que parpadeara nerviosamente al enterarme, tras el obligado research, que una de las canciones que pensaba incluir en mi lista de favoritas de esta semana tenía como protagonista a una banda inglesa, Foals, que se suele asociar con este riguroso estilo. Sin embargo, resulta que dicha ecuación se aplica más bien a un grupo anterior (The Edmund Fitzgerald, al parecer de culto) en el que militaron dos de sus miembros principales y el cual dejaron de lado porque «se lo estaban tomando demasiado en serio».
Bien jugado, Einsteins, porque “Cassius” es más dance punk que math rock, más recreo que clase de álgebra, y despierta muchas expectativas sobre su reciente álbum debut, Antidotes.
No dejes eso sí que la foto o el video te hagan pensar que son un grupo emo. Odialos pero no los confundas. Ellos han marcado distancia con respecto a ese tipo de música y niegan cualquier influencia o simpatía con ella. Es simplemente que les da la gana de mirar de medio lado.
Es bien sabido que para poder ser baterista de un grupo lounge en Corea es necesario ser fan número uno de la banda, tener conocimientos de dirección de orquesta, ser un cantante frustrado, idolatrar a Los Tres Chiflados, practicar artes marciales y haber tocado antes en bandas de punk, metal y hard rock.
Siempre que me encuentro con el nombre de Tullycraft no puedo dejar de recordar con cariño que fue una canción suya (“Rumble with the Gang Debs”) la que abrió ¡Es Pop Mamá!, el primer recopilatorio internacional editado por 69. Pues esta banda descarada y deliciosamente indie pop ha editado hace poco un nuevo disco, Every Scene Needs A Center, que todavía no escucho, pero que desde ya me tienta con sus, para variar, divertidos títulos: “The Punks Are Writing Love Songs”, “Bored to Hear Your Heart Still Breaks” y “We Know You’re Cute, You Told Us”, entre otros. No hay que olvidar que este es el mismo grupo que nos entregó “Pop Songs Your New Boyfriend’s Too Stupid to Know About”.
Mientras esperamos el álbum, disfrutemos del video animado (apropiadamente retro) de “Georgette Plays A Goth”, acerca de una mesera gótica que pone de vuelta y media el lujoso restaurante en el que trabaja (no se pierdan el guiño a la Catastrophe Waitress de los Belle and Sebastian). Poco recomendable si lo que buscas es una canción para cortarte las venas. Ye-ye-ye-Georgette…
No pensé que alguna vez lo fuera a decir, pero gracias, American Idol.
Hace unos días, Jason Castro, uno de los actuales concursantes del popularísimo Trampolín a la Fama gringo, interpretó una versión en guitarra acústica de “Hallelujah”, que sería celebrada unánimemente por los jueces (incluyendo al siempre maletero Simon Calwell). Tanto ellos como Castro se deshicieron en elogios para la versión de Jeff Buckley, que consideraban como su favorita. Resultado: la canción, incluida originalmente en el álbum Grace del finado Buckley, se ha convertido en número uno en la lista de las más descargadas del iTunes, por encima de Rihanna y Hannah Montana.
A propósito de este clásico de Leonard Cohen, un fanático de la canción ha escrito una fascinante y exhaustiva disertación sobre su historia, sus diversas interpretaciones, su constante presencia en la cultura popular (por ejemplo en The OC) y los numerosos covers que de ella se han hecho (como los de Rufus Wainwright y John Cale, ambos popularizados gracias a Shrek, y hasta una versión a cargo de… Fall Out Boy). ¡Incluye audio y estadísticas!
Próximamente: “Buenas Cosas Mal Dispuestas” de La Buena Vida en Latin American Idol. Vale la pena soñar.
Más Ed Wood que Hollywood, más serie Z que ZZZZZ, el éxito de YouTube de alguna manera está basado en la difusión de obras maestras del traspiés, la incompetencia y el ridículo. En otras palabras, de videos tan malos que son buenísimos. Tú tienes tus favoritos.
Pues bien, el nuevo video más visto de la historia de YouTube es tan malo que es… aburrido. Quizás hayamos tocado fondo (o el cielo, que para el caso es lo mismo) y hayamos llegado al colmo del absurdo.
Clarus Bartel, blogger italiano aficionado a la música y a la fotografía, bajó un buen día las imágenes en bruto que filmó Cansei de Ser Sexy para la promoción de su single “Alcohol” (y que un sitio web de su país había puesto a disposición de sus usuarios, a manera de concurso, para que las remezclen y creen su propia versión del video), quitó algunas escenas, agregó algunos efectos de colores al fondo y decidió usar en cambio el track “Music Is My Hot Hot Sex” (canción que en su momento tuviera sus treinta segundos de gloria merced a un comercial, de origen igualmente amateur, para el iPod) de los mismos CSS. El resultado fue un video insípido e intrascendente para, eso sí, una estupenda canción.
La pregunta del millón (o mejor dicho, de los 89 millones, pues ese es el actual número de vistas que ostenta el clip: 12 millones más que el por mucho tiempo reinante “Evolution of Dance”) es, ¿y cómo lo hace? Pues algunos sostienen que, más que las bondades claramente ausentes del video, su “popularidad” se debería a un error en el sistema de conteo de YouTube (hay quienes incluso han puesto en tela de juicio la fiabilidad de las estadísticas youtubianas en general), o a la pericia de hacker del autor del video (aunque Bartel afirma que apenas si sabe prender y apagar una computadora), o a la irresistible combinación de las palabras “music”, “hot” y “sex”, que puede haber atraido en manadas a bots y humanos por igual (veamos si el título de este post ayuda a confirmar esto je je).
También, claro, cabe la posibilidad de que existan más de 89 millones de fans de Cansei de Ser Sexy, y que oficialmente el indie se haya convertido en mainstream, pero sencillamente es demasiado bueno (o demasiado malo: ya tú ve) para ser verdad. Lo cierto es que los de YouTube, sea porque les olió a spam o les dolió la metida de pata, retiraron de su ranking el engendro de marras, pese a que en la práctica aún conserva su envidiable record de visitas.
Es probable pues que el video más visto en la historia de YouTube sea el video menos visto en la historia de YouTube.