La juventud porteña pasea exhibiendo desfachatadamente la efervescencia de una tarde de domingo junto a los amigos, ya sea en la cancha viendo a su equipo favorito o escapando del cemento para buscar la complicidad del campo. Las melodías vibradoras que venían desde Temperley en el siglo pasado no se han perdido: si los hermanos Aldana agitaban fantasías animadas, que entre el pop y el noise, la serie B, el non sense y postales de despertares agitados por tetonas, nos invitaban a agitar los cuerpos en un 69 delirante; La Ola Que Quería Ser Chau se sube sin pedir permiso a la cabina del Dodge (aunque ellos preferirían quizá una nube voladora) para entregar una dosis de frescura, de canción ensayada en la casa y tocada con el mismo ímpetu en cualquier lugar, de estribillos pegajosos y coros adictivos, de pasión futbolera y humor de barrio.
El cuarteto bonaerense revela sus obsesiones y aficiones en el disco. Puede fijar su atención en el indie americano de los 90, sentirse subyugado por el anime y los robots, explorar la senda del corazón desde la melodía y el coro solidario a cuatro voces. Como en el debut, hay una comunión entre caos y armonía, convirtiéndose en la banda sonora con la que ellos seguramente disfrutan una velada de dibujos de fin de semana por la mañana. Desde esta trinchera les enviamos nuestra energía para que el próximo álbum sea su mejor Genkidama.
La Ola Que Quería Ser Chau “Teta”
Del álbum Películas Caseras (2010, descarga gratuita)
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