Somos como una noviecita adolescente. Ilusionadas, regresamos a los mismos tonos radiantes sobre dulces atmósferas cargadas. Nos inventamos romances en paisajes de naturaleza vasta y cielos color pastel, tatuajes triangulares y jugueteos tontos en cámara lenta. Luego, los estribillos exigentes y sintetizadores tambaleantes. La euforia del desamor nos encanta. La nostalgia que solo existe en nuestro trillado credo adolescente nos termina por intoxicar. Ya deberíamos ir pensando en aceptar la realidad, madurar y entablar algo serio con, tal vez, Wilco. Pero, ay, es que es tan lindo esto.
Man Without Country “Puppets”
