
Recuerdo la portada de su primer disco. Jugaban a ser provocadores, alentaban especulaciones y buscaban desesperadamente la atención del público. Una pareja besándose: los roles podían ser intercambiables, y como decía el mentor del brit pop, aquel viejo camaleón: Suede tenía la habilidad de escribir canciones que podían servir de banda sonora a Julieta y Romeo en nuestros días, solo que en la actualidad, al observar una dupla de amantes no se podía distinguir claramente quién era Romeo y quién Julieta. El glam reciclado cortaba como navaja la piel de los hijos de los noventa. Esta nueva imagen me hace pensar en déjà vu, pero ahora la ambigüedad se invoca desde otras coordenadas. La música incita al baile hasta el cansancio: el beat se deshace entre sudor y sustancias. En Francia el nuevo himno revolucionario es el funk setentero, los mandamientos de Daft Punk y Justice se repasan como un dogma de fe en las discotecas, el riff de guitarra más subversivo viene directo desde una tornamesa. SebastiAn seguramente pronto aportará credibilidad a la próxima diva en desgracia de Sony. En esta ocasión se apoya en M.I.A. para una proclama dirigida a esa masa deforme, a esas siluetas atravesadas por la luz, a esos cuerpos aún tan extraños y confundidos en la pista de baile.
SebastiAn “C.T.F.O.” (con M.I.A.)
Del álbum Total
(2011)