
No quiere que entiendas ni que te identifiques con lo que dice en su música; pero sí que la escuches. Natasha Luna inicia este jueves 18 de febrero una nueva etapa. Será la primera vez que se presente en público –junto a Dolores Delirio, anfitriones de la velada, y los rocanroleros Tempo- junto al sexteto de músicos que logró ensamblar tras un poco concurrido casting.
Luego de dos años dedicados a los estudios, la sorprendente cantautora retoma su faceta musical y en esta y en las posteriores presentaciones que tiene pactadas para marzo, repasará Emilio (2005) y su secuela, apodada N (2008), a falta de un título formal. Confluirán pues por vez primera sobre los escenarios limeños, las intensas y melancólicas melodías del primero y las complejas composiciones que convirtieron a ese segundo y poco difundido CD en objeto de asombro y culto. A la vez, ya prepara un nuevo disco, que, para no perder la costumbre, parece que será distinto al anterior.
Entrevista Fidel Gutiérrez M.
Sacaste tu segundo disco a fines del 2008. ¿Aún te sientes metida en él o ya estás componiendo nuevas canciones?
Desde hace un tiempo estoy con lo del tercer disco; pero los ensayos que estoy teniendo para los conciertos que se vienen me han hecho volver a vivir de otra forma el tanto este como el anterior disco, porque ahora estoy tocando con una banda que conseguí a partir de un casting.
Eso fue el año pasado, ¿no? Recuerdo que la palabra que usaste fue “concurso” y no “casting”.
Sí. Vino muy poca gente, pero los que se quedaron están muy bien; ninguno es divo. Es una cosa muy rara… Con eso he vuelto de alguna manera a los discos anteriores, y tengo que hacerlo para que los conciertos tengan sentido. Pero mi cabeza ya está en el tercer disco. Desde hace un año estoy componiendo temas y creo que lo que salga será de algún modo, por momentos, mucho más simple que el segundo, pero (piensa)… No sé si el segundo puede ser más conchudo que el primero y el primero más simple que el segundo…
Para el oyente de hecho que el segundo es mucho menos simple que Emilio. Sus temas tienen muchos movimientos distintos dentro de sus estructuras. Y también usas más instrumentos.
Eso tuvo que ver con todo lo que yo llevaba en la cabeza en ese momento. El segundo disco es mucho más fuerte y con diversos ambientes, y más uso de batería y guitarra. Pero el tercero probablemente no tenga ni batería ni bajo ni guitarra, salvo en un par de temas.
¿Por qué?
No lo sé. Creo que esa energía que me dio para el segundo disco ya bajó.
Entonces, ¿retornará el predominio de tu piano?
Será más simple, pero no más debilucho. Tendrá la fuerza del segundo, solo que sin la guitarra o la batería.
En N participaron más músicos que en Emilio. ¿Hubo momentos de creación colectiva o tú llevabas las ideas definidas al estudio?
Fue como en el primero. Ya tenía las ideas definidas. Algunas cosas se fueron dando en el estudio… A veces les digo a los músicos que participen libremente, pero en general todo este proyecto sigue siendo personal.
En un par de temas del segundo disco (“Some Day the Lake Will Come to Me” y “Waltz for an Albatross”) se nota presencia del metal pesado. Incluso hay quien ha escrito que en ese disco te acercaste al metal progresivo. ¿Fue algo intencional?
Puede ser. Hay algunas cosas del metal que me gustan, pero la mayoría no; pero supongo que si quería ir hacia la fuerza tenía que llegar a lo que sí me gusta de ese estilo, que es cierto tipo de batería y de guitarra, pero no el rock pesado como tal… Pero son cosas que se me dieron en ese momento.
¿A qué crees que se debió?
Quizás porque cuando salió el primer disco me dijeron mucho que tenía una influencia medio caleta del doom metal me animé a escuchar un poco de eso. Nunca había escuchado ese estilo. Quizás algunas cosas se me quedaron… Pero no escucho mucho eso. Pueden haber sido dos o tres temas los que más influyeron, pero no un disco entero. No escucho mucho el metal. Me desgasta.
¿Y en tus nuevos temas mantienes la característica de no cantar en español?
Sí. Incluso estoy usando más un idioma inventado, el machtechense, que utilicé un poco en el primer disco y más en el segundo…Es que creo que ya perdí todas las ganas de decir algo concreto en la música… Pero lo del inglés es porque sonoramente se emparentaba más con lo que hacía. No era por usar un determinado idioma. El español todavía me resulta muy de balada. Hay algo muy seco en él. No tiene la fluidez de sonido que siento en el inglés.
Esto de crearte un idioma propio ¿a qué responde? ¿Quizás a hacer una realidad propia, ajena a esta?
Siempre he jugado con los idiomas de esa forma, sin pensar mucho en por qué. Si lo pienso mucho, veo que todo tipo de letra llega en algún momento a ser pobre, incluso la mejor escrita. No llega a cubrir las cosas que quiero o, peor aún, a no interesarme; y me parece que inventar un idioma es más que nada inventar sonidos, y eso me permite meterlo como un instrumento más en la música. Me sirve para… No se qué pensará la gente respecto a mi música, pero yo me estoy divirtiendo mucho con lo que hago (risas). Tal vez no doy esa imagen.
El concepto de diversión no está asociado para nada con tu música.
Es todo lo contrario, pero la paso muy bien.
La gente que se interesa por tu música ¿qué no tendría que esperar de ella? Es un hecho que muchos quieren saber de qué estás cantando, pero en el segundo disco, a diferencia de Emilio, ni siquiera pusiste las letras de las canciones.
Ni siquiera le puse título. La “N” sale porque estaba obligada a poner algo… Hay una idea que tiene la mayoría sobre la expresión de sentimientos. En base a ella se identifican con tal o cual cosa, y yo no voy mucho por ese lado. No busco ser expresiva. Me dicen que lo que hago es muy hermético. De algún modo es así adrede pero también tiene que ver con cómo soy. Entonces, puede ser que con el machtechense o que con que el tipo de música que hago me esté blindando. No estoy buscando que alguien me diga que se identifica con lo mío. Tal vez porque no suelo andar con mucha gente es que esta idea del emparentamiento con lo que escuchas no tiene sentido para mi. Lo mío no es buscar sentimientos y experiencias con las que te puedas identificar. Es muy frío en ese sentido y soy consciente de ello. Lo que me perturba es que la gente confunda frío con deshonestidad. A veces pasa, aunque ese criterio de la honestidad es muy ambiguo y no debería usarse en la música.
Entonces ¿eres del tipo de artista que no tiene en mente a quienes terminarán siendo los destinatarios de su obra?
Sí, porque si uno se fija en las letras, el destinatario soy yo misma. Pueden decir que soy egoísta y ególatra, y puede que lo sea, pero ya no puedo salir de eso, ni lo intento porque no podría. No me dirijo a nadie, ni siquiera a un tema en particular. Es un soliloquio personal el de mi música.
¿Es también por eso que supimos poco de ti durante un buen tiempo? Incluso para ubicar tu segundo disco, había más dificultades que con Emilio, y uno tenía que estar preguntando a los amigos y haciendo un rastreo detectivesco para conseguirlo.
(Ríe) No, eso no es parte de mi proyecto. Lo que pasa es que, como estuve afuera, no tenía gente. Así como manejo directamente todo lo de mi música, no tengo gente a la que pueda pedirle distribuir el disco, y tampoco me gusta pedir ese tipo de favores. Cuando llegué a Lima, la pereza me ganó. Además, ciertas tiendas me pidieron algunos requisitos, como que les deje un disco de prueba porque no me conocían. Les dije que ellos habían vendido el primero. Pero respondían que en el primero yo era “Luna” y que ahora era “Natasha Luna”… No entendí muy bien y eso hizo que disminuyera mi interés en distribuirlo.
Esas tiendas están peores que las radios de Lima… Cuando estuviste en Francia ¿pudiste mostrar tu música?
No. En realidad mantuve ese aspecto cerrado, como parece que mantengo todo… Fui a La Sorbona estudiar dos años una maestría de mi carrera, filosofía, y cuando me preguntaban que hacía, eso era lo que mencionaba. Es como cuando conozco a alguien: jamás le digo que hago música. Quise mantenerlo así. Debe ser por eso que ahora tengo necesidad de hacer conciertos. Antes no los tenía para nada porque vivía muy encerrada en lo académico… Ciertamente debí aprovecharlo allá, porque en París hay más cosas y tenía más salidas, aunque no tantas. Cuando en algún momento intenté hacerlo me dijeron que si mi música tenía éxito en Francia sería porque estaba muy mal.
¿Por qué te decían eso?
Puede haber buena música, pero es muy, muy caleta. Incluso lo que acá nos gusta, el indie pop y lo electrónico, no es muy abierto. Allá siguen sonando las baladas –malísimas, como las latinoamericanas- reggae y rap francés; aunque hay algunas cosas del rap de allá que valen la pena; pero no más. Y los conciertos… Por ejemplo, fui a uno de Nick Cave en un lugar pequeño, y no estaba lleno…. No soy de meterme a investigar mucho en la música, pero me pareció que el panorama, tal cual lo veía, no era muy propicio.
¿En qué artista te ves reflejada, más allá de que quienes te siguen te vinculen con el doom metal o con el indie?
No sé… Quizás por mi falta de educación musical, nunca puedo ponerme en la situación de querer sonar como alguien. Para hacerlo hay que dominar la teoría…. Mi hermano me hizo escuchar desde que tenía diez años The Smiths; entonces eso es algo que tengo muy fuerte en mi; pero no los escucho cuando me escucho. Escucho más a algunos temas de Nick Cave o a ciertas cantantes mujeres. En el segundo disco hay cierta influencia que evidencia mi pequeña adoración a Black Sabbath. Alguna nota o alguna cosa. No se ve claramente, pero por lo menos en un tema (“Someday the Lake Will Come to Me”) la introducción es una guitarra que ha sido resultado de haber estado escuchándolos…. Y sí hay cierta fibra oscura como la de algunos grupos dark, pero muy elegante; no exagerada ni plástica.
Me llamó la atención que tu segundo disco haya sido tomado más en cuenta por páginas web y blogs de música dark. Me parece singular porque en la época de Emilio los más interesados eran los indie poppers. Ahora lo son quienes están en otro ámbito, pese a que no eres de ir a locales “góticos” o a vestirte de esa forma.
(Ríe) ¡Para nada! No puedo meterme en eso del maquillaje…Cuando salió el segundo disco, decía como broma que lo había hecho así para que no crean que soy indie. No era eso obviamente, aunque tampoco me sentía cómoda así. Pero en esa época ya había gente que venía a los conciertos con sus polos metaleros. Supongo que en el primero ya había cierta fibra que los llamaba…
Y tocarás con Dolores Delirio, que tiene un público muy diverso pero también raíces en lo dark.
Si. Estuve viendo su página hoy y los veía con unas pintas muy bonitas (risas)… Para mi es muy raro esto, porque todas esas cosas que dicen que me influencian -el metal, lo indie, lo gótico- generalmente te hacen ser parte de un grupo, y yo vengo de un medio académico en el que cada uno va por su propio lado. Por eso no podría nunca sentirme parte de algo. Pero mejor que sea así. Así no me reclaman nada cuando mis temas no son lo suficientemente metal o lo suficientemente oscuros. Ya asumí la libertad de hacer lo que quiero.
Eso también te da la libertad de moverte entre diferentes grupos de gente. Sueles cantar un tema de Saicos con Los Protones, que hacen garage rock.
Claro. Ellos no tienen nada que ver con lo que hago, y me divierto mucho escuchándolos y estando con ellos. Vamos a tocar pronto en La Casa del Auxilio, cantando más covers, además del de los Saicos (“Come On”).
¿También de grupos de rock peruano antiguos?
Sí. Antes no tenía mucha conciencia del rock peruano y con esto me ha dado muchas ganas de conocer más y hasta me he estado comunicando con algunos miembros de los Saicos… Pero escucho de todo. En mi MP3 tengo a James al lado de un grupo de metal noruego, por ejemplo.
¿Cuáles serán los próximos movimientos tuyos y de la banda?
Primero tenemos esto de Vocé, el jueves, con Dolores Delirio, y el 4 de marzo habrá un concierto en La Noche. Es posible que haya otro ese mes en el Centro Cultural Español.
¡Qué bueno! Era un poco difícil verte en vivo antes y saber en qué andabas.
Pero ahora no. No me quedo con la idea de no querer ver a nadie. Actualmente no veo a mucha gente pero eso no quiere decir que sea inaccesible. En el Facebook acepto a todo el mundo y respondo preguntas que no tendría por qué responder. Es parte de todo este periodo de hacer conciertos.
¿Y sigues enseñando en la universidad?
Antes de viajar estaba en la Católica. Ahora voy a dictar en la Ruiz de Montoya un curso sobre mi tesis, “Heidegger y el origen de la obra de arte”… De verdad este está siendo un año extraño para mi.
¿Por qué colocaste en la contraportada del disco a dos animalitos muy tiernos? Eso contrasta con la atmósfera que uno siente al escucharlo, pero también con el ratoncito solitario que aparecía en la contraportada de Emilio.
Lo oscuro no lo llevo per se, sino que es parte de mi imaginario, pero también me gusta el imaginario infantil. Puedo ver dibujos o películas como las de Harry Potter y no tengo vergüenza de eso porque no me he identificado con lo oscuro. En el primer disco, el ratón fue una forma consciente de decir que no quería que me etiqueten. Y en el segundo disco fue también jugar con eso.
¿Esa imagen no tiene algún simbolismo destinado a que uno mate el rato buscándole algún significado? Insisto: ¿por qué ahora hay dos animalitos juntos y no solo uno como en el primer disco?
No hay eso… En el nuevo disco es posible que haya un tema llamado “La Noche de los Caracoles Muertos”. La idea se me dio cuando una noche, en París, encontré varios caracoles en el pasadizo del lugar en que vivía. Seguramente la temperatura del lugar los había hecho salir. Entonces, en esta canción se juntan el lado oscuro, pero también el imaginario infantil, representado por estos animalitos.
