Hay cierto aire de familia en buena parte del pop español. No importa si ese aire se origina en la canción pop francesa o en la poética turbia de alguna que otra banda de garage norteamericana, llegado a tierras ibéricas, adquiere un tono, un perfil propio dibujado sobre la ingravidez de las voces femeninas, las inmersiones en mareas de electricidad, o la nostalgia agazapada tras los lentes de sol. Puede que la apreciación sea algo arbitraria pero no es del todo inútil y sirve para imaginar ese halo que avanza resueltamente entre solistas y grupos, enlazando el motor creativo de actos tan diversos como Vacaciones, Nosotrash o Christina Rosenvinge -la de antes, la de ahora, la de siempre-, hasta penetrar en la versatilidad galopante de Klaus & Kinski o el luminoso desaliento de Tulsa. Ese mismo aire de familia flota en el ambiente cuando uno escucha a Charades. No importa si su sonido tiene origen en la psicodelia sesentera o en alguno que otro recurso tomado de The Breeders, llegado a Murcia, adquiere una orientación particular y, al mismo tiempo, una suerte de leve reminiscencia a sus pares, un vórtice de sensaciones contrapuestas, o ese destello tambaleante entre lo confortable y lo abrasivo. Charades tiene la vieja habilidad de justificar un día cualquiera de verano con un puñado de canciones rutilantes. Una voz sin centro de gravedad, un manto eléctrico, una nostalgia furtiva en las retinas. El disco gira. El cosmos se altera. Una revolución en ciernes se asoma en medio del cielo.
Charades “Aguaceros”
Del álbum Revolución Solar (2010)
[audio:http://boxstr.net/files/6412886_zryyr/charades%20-%20aguaceros.mp3]

Buenas vibras desde España. Gran disco, lindas voces y melodías. Y ya se viene el de Los Planetas…
a mí este disco no me pareció hecho de pop español. yo le sentí un aire muy de otro lado, quizá por los tambores. Es más, ni sé cómo han hecho para encajar letras en español… es raro explicarlo… pero sí, esa electricidad te jala y no te suelta.