Recuerdo aquella serie en que la cheerleader moría una y otra vez. Debemos reconocer que la cultura norteamericana siempre ha sabido reírse de sí misma; gran mérito para una nación que también rinde un culto desenfrenado a la violencia. Con una entrañable electrónica de juguete, Claire Boucher le saca la lengua a los dueños de la fiesta e ilumina el rostro disfuncional de un imperio en ruinas. Na, na, na…
