Lo extraño, lo sorprendente, lo inaudito, también están en 69. Hace poco se publicó una lista de 10 grabaciones increíbles (con mp3 para bajar y todo), que entre otros incluye el registro más antiguo existente de una voz humana. Experimental Talking Clock comprende, además de la voz del inventor del aparato fonográfico que la capturó, algunos sonidos ininteligibles, y hasta partes grabadas al revés, dando como resultado una grabación que fácil podría entrar en un disco de Aphex Twin, y que estamos tentados a declarar como la primera grabación vanguardista de la historia, si no fuera porque para ser vanguardista primero tendría que haber roto con una tradición que, oh paradoja, precisamente no existía.
Otro momento Guinness es el que ofrece Mado Robin, soprano francesa que llegó a alcanzar un re6 (el equivalente sonoro de un elefante en una cristalería), la nota más aguda jamás cantada (pobre su esposo). Su equivalente en Perú sería Yma Súmac. Al otro extremo del talentómetro, Florence Foster Jenkins fue tal vez la peor cantante de ópera de todos los tiempos, pese a lo cual llenaba teatros y hasta era admirada por Enrico Caruso. Cuenta la leyenda que la grabación de muestra (“Reina de la Noche” de Mozart) quedó registrada en la primera toma, pues doña Florencia consideró que había salido perfecta, y que no había necesidad de repetirla. Su equivalente en Perú sería Susy Díaz.
La lista incluye grabaciones más anécdoticas que “increíbles”, como la voz de Florence Nightingale y la del Papa León XIII. Pero las verdaderas gemas son dos terroríficas experiencias sonoras. Una de ellas tiene como origen el agujero más profundo realizado hasta ahora por el hombre (más de 12 kilómetros). Se dice que mientras se efectuaba la perforación, se llegó a una bolsa de aire, luego de lo cual los científicos a cargo de la operación hicieron descender un micrófono resistente al calor. Los escalofriantes sonidos registrados parecían ser gritos de terror y desesperación, lo que hizo pensar que se había llegado al mismo infierno. ¡Qué Iron Maiden, ni ocho cuartos!
Unos metros más arriba, el diablo hacía de las suyas metiéndose en el cuerpo de una persona y obligando a la iglesia a llevar a cabo un ritual exorcista, gritos desgarradores de la víctima incluidos, del cual da fe otra de las grabaciones de la curiosa lista que, como bonus morbis, también ofrece el mp3 (que pesa, atención, 85 megas) del exorcismo realizado sobre Anneliese Michel, y en el cual se basó la película El Exorcismo de Emily Rose. Se recomienda escuchar con agua bendita a la mano.
Seré breve: Ash Wednesday, el debut discográfico de Elvis Perkins es uno de los mejores discos del 2007. Dejemos a un lado la leyenda de muertes trágicas que rodean a este talentoso trovador norteamericano, el álbum de Perkins sobresale por una simple y sencilla razón (que debería, idealmente, ser el sustento de cualquier proyecto musical): las doce canciones que lo componen son, ni más menos, estupendas joyas del mejor folk pop que se ha editado en lo que va de este siglo. Luminoso y cálido, en especial en la primera parte del disco, espectral y nocturno hacia el final, escuchar el disco de Elvis supone recordar el susurro sentido de Nick Drake, con unos delicados arreglos orquestales que nos remiten al inmenso Bryter Layter; podemos sentir además el influjo de lo mejor del catálogo Lennon-McCartney, en especial en las juguetonas “May Day!” y “Emile’s Vietnam in the Sky”.
De la desnudez acústica a los arreglos propios del pop barroco, Elvis despliega una lírica plagada de imágenes que no caen en el facilismo sentimental y sensiblero; lo suyo no es la exposición de la tragedia familiar reciente, es el registro sugerente de un autor que retoma lo mejor de la riquísima tradición folk norteamericana y la hace suya notablemente. Esperemos que este lamento conmovedor no se apague, pues, disculpen la necrológica comparación, cuando escucho Ash Wednesday no puedo evitar pensar en Jeff Buckley y Elliott Smith, dos luces que se extinguieron tempranamente y con quienes Perkins comparte influencias artísticas. Favor de melómano: Elvis, sigue vivo. Cocker
Elvis Perkins en el show de Letterman, “While You Were Sleeping”
Las 20 canciones que más han rotado durante la semana en los reproductores de Caleta y Cocker son ahora para ti. Porque ya es hora de que algún día tengas tus propias canciones del recuerdo.
1. Las escuelas de arte. Sacaderas de plata y cunas de poseros. Tobin Prinz y Suzi Horn son artistas autodidactas a mucha honra.
2. Las bandas de rock. Sarta de estúpidos clichés. De hecho, Suzi Horn, la bajista y gritona destemplada del dúo, insiste en que ellos son un proyecto de arte, no una banda.
3. El postmodernismo. El reciclaje (sea conciente o conchudo) no existe en su bagaje. Pese a que no han faltado las comparaciones con la no wave y el post punk a la The Fall y Young Marble Giants (comparaciones que ellos desmienten), los Prinzhorn Dance School tienen la enternecedora voluntad de inventar la rueda. Y la rueda, de alguna retorcida manera, rueda.
4. El barroco. Austeros hasta decir falta, los Prinzhorn se han impuesto la estética del menos es más. A su lado, los White Stripes suenan (y lucen) como una big band. El dúo realiza sus grabaciones en directo, en una ocho canales y con un solo micrófono.
5. La improvisación. Al momento de grabar, los Prinzhorn elaboran diagramas complejos que los ayudan a visualizar el desarrollo de cada canción. Misteriosamente, los diagramas finales semejan a instrucciones de pasos de baile (esto lo acabo de inventar, pero, hey, yo también quiero inventar algo!).
6. La inconsistencia estética. Los Prinzhorn Dance School enviaron su demo en vivo a los cinco sellos que más respetaban y los cinco les respondieron interesados. Sin embargo, chotearon a los de Domino Records, simplemente porque no les gustaban las últimas bandas fichadas por el sello que alberga a Franz Ferdinand. Finalmente, se decidieron por DFA (quienes acaban de lanzar su álbum debut), entre otras cosas, porque el único disco que Tobin Prinz, vocalista y guitarrista del grupo, había comprado el año pasado fue el de LCD Soundsystem.
7. La música digital. “Cuando la gente convierte algo a MP3, la magia desaparece”. Sí, cuñao, quita primero tus videos de baja resolución y sonido comprimido de YouTube y después hablamos.
8. La envidia. Advertencia a las bandas que los han maleteado en la prensa: “Si nos aparecemos en el backstage de uno de sus conciertos y les metemos un lapo en la cara, después no se quejen.” Tranquiiila, Suzi.
9. El pan blanco. Su primer single, “You Are the Space Invader”, denunciaba con furia, entre otras cosas: “El pan blanco te da cáncer /y no hay aire limpio en Hampshire”. Lamentablemente, no conocemos la versión integral de la letra.
10. Las medias tintas. O te van a encantar (aunque sea por vía del gusto adquirido) o los vas a odiar. Pero no te van a dejar indiferente. Y eso es lo que busca Prinz: “Si todos estuvieran allí conversando o mirando su reloj, no tendría sentido hacer todo esto. Prefiero que la gente venga y se vaya.”
Mientras todo lo que quieren las estrellas de rock es ser estrellas de cine, todo lo que quieren las estrellas de cine es ser estrellas de rock. Jack Black, Russell Crowe, Keanu Reeves, Juliette Lewis, Kevin Bacon y Jared Leto son algunos de esos actores que han incursionado en la música, generalmente con más pena que gloria. Y ahora es el turno de Elijah Wood. La diferencia es que el popular Frodo de El Señor de los Anillos no ha formado su propia banda, ni tiene intenciones de torturarnos con su privilegiada voz, sino que, en una encantadora lección de modestia y de verdadero amor por la música, ha creado su propio sello discográfico.
Y realmente es amor al chancho, no a los chicharrones. Simian Records no ha salido a hacerle la competencia a Universal o Warner. “Ciertamente no lo he creado para ganar dinero. Mi interés es sacar música y lograr que se escuche. Si las bandas alcanzan el éxito –que es algo que uno desearía que ocurriera– y uno termina ganando plata, pues bienvenido sea, pero no es la intención. Iniciar un sello pequeño con la intención de ganar mucho dinero es algo ridículo,” ha declarado Wood. Su objetivo es mucho más simple y, digamos, sublime: editar la música que le gusta.
Su primera elección: nada menos que The Apples in Stereo, la luminosa banda de indie pop psicodélico que perteneciera al colectivo Elephant 6. Simian editó a inicios de este año el sexto álbum de los Apple, New Magnetic Wonder, cumpliendo así un sueño de fan para el actor de 26 años, quien además se encargó de dirigir el video para el primer single del disco, “Energy”.
Simian también ha integrado a sus filas a Heloise and the Savoir Faire, un grupo neoyorquino de electropunk (que Mister Frodo conoció a través de su actual pareja, Pamela Racine, baterista y bailarina de Gogol Bordello), a quienes ya les ha editado un EP, The Odyle. Esto de alguna manera refleja la apertura de gustos de Elijah, quien ha manifestado su admiración tanto por bandas clásicas como Os Mutantes, Slint, Gang of Four y Dinosaur Jr. como por grupos nuevos tales como Field Music y The Brian Jacket Letdown.
“La música para mí siempre ha sido una pasión en la que he invertido tiempo escuchando. Supongo que mi sello es mi manera de expresarme creativamente. En vez de ser un oyente pasivo, quiero estar involucrado, en el sentido de sacar música que me importa. Así que me imagino que, para mí, tener un sello es como tener una banda. Es casi lo mismo, excepto que no tengo nada que hacer con la música sino sacarla, encontrar grupos que me interesen y tratar de lograr que su música se escuche. Vino de la frustración del hecho de que haya tantas bandas excelentes pero que nadie las escuche.”
¡Vas muy bien, Elijah! Sólo esperamos que después de interpretar a Iggy Pop en el biopic The Passenger, no te agarre el síndrome de Tarzán o Superman y termines creyéndote un ícono indestructible del rock.
Yo era fan de The Go! Team antes de escucharlos. Yo era fan de The Go! Team incluso antes de saber de ellos. Yo era fan de una banda con una propuesta musical fresca y novedosa pero que se plasmara en canciones irresistiblemente pop, de esas que no dejan pelo sin moverse. Yo era fan de una banda que luciera cool pero que al mismo tiempo tuviera la contagiosa vitalidad y energía de un colegio a la hora del recreo. Así que escuchar su primer álbum y volverse fan de The Go! Team fue una y la misma cosa. La inusitada mezcolanza sampladélica de sonidos e instrumentos, los eufóricos cánticos y el vibrante rapeo de vieja escuela de su cantante principal, Ninja, todo se conjugó para hacer de Thunder, Lightning, Strike uno de los mejores discos de este y cualquier siglo.
No es de extrañar pues que, después de tan extraordinario debut, temiera que su siguiente disco no estuviera a la altura. Igual, he estado esperándolo con ansias desde hace casi tres años. Sin embargo, ya el single de adelanto, “Grip Like A Vice”, aparecido en julio pasado, era un primer indicio poco prometedor: el clásico sonido Go! Team, pero el tema no era muy rompedor y más bien me sonaba inquietantemente familiar.
Pues bien, Proof of Youth todavía se lanzará en setiembre, pero como era inevitable, ya “likeó”. Impaciente que es uno, lo bajé, lo toqué y a la primera me dejó la misma impresión que el single. Como no suelo fiarme de mis primeras impresiones, lo he vuelto a escuchar más veces, con la esperanza de que en algún momento le encuentre el gusto. Y quién sabe, uno de estos días termine encontrándoselo (“Doing It Right”, su segundo single, es una señal de que sí se puede). Por lo pronto me queda la decepcionada sensación de que este nuevo disco repite los trucos, pero no la magia.
¿Te acuerdas del mixtape, ese singular cruce de ciencia exacta con inspiración artística con declaración de intenciones que uno armaba con dedicación y paciencia para el ser amado o para ser amado? Si añoras el romanticismo de esas épocas, pero, animal tecnológicamente adaptado que eres, no sus limitadas opciones para grabar música (¿cinta de cromo o normal? ¿sesenta minutos o noventa?: ¿estás bromeando?), ahora puedes tener lo mejor de ambos mundos gracias al Mix Tape USB. Pura finta, pues de cassette sólo tiene la apariencia y el inolvidable cartoncito para que anotes tu lista de canciones. En realidad, no se trata más que de una memoria USB común y corriente. La ventaja es que ahora tienes la posibilidad de contrabandearle un virus al objeto de tu afecto, en caso que no caiga rendida ante tu amoroso obsequio musical.
Sumándose acaso al fenómeno del web 2.0, donde el contenido es proporcionado por los propios usuarios, diversos músicos están dejando a gente como tú o como yo la realización de los videos oficiales de sus canciones. Hace poco, por ejemplo, se eligió el video que representará al nuevo single de Björk, “Innocence”. En un concurso que convocó a casi 500 candidatos, los franceses Fred & Annabella se impusieron con una espléndida animación tridimensional que muestra a la islandesa enfundada en el disfraz-escultura con que aparece en la portada del Volta y metamorfoseándose de lo lindo.
Otro caso reciente es el de Gustavo Cerati, siempre a la vanguardia en lo que a alentar la participación activa de sus seguidores se refiere (qué le queda pues, si musicalmente da cada vez más pena), quien ha invitado a crear el video para “Lago en el Cielo”, nuevo corte (así se dice, no?) del Ahí Vamos (que en realidad debería títularse Ahí Nomás).
Pero el caso más flagrante es el de Modest Mouse, banda que lleva ya por lo menos tres videos tres de canciones de su álbum We Were Dead Before the Ship Even Sank realizados por el respetable público, a través de competencias organizadas en afiliación con diversos medios. El más simpático es el correspondiente al tema “Missed the Boat”, protagonizado por un robot llamado Walter, creado por un científico en busca de compañía y de alguien que le cocine, pero que termina convirtiéndose en la versión autómata de un adolescente rebelde que, encima de todo, se enamora perdidamente de una clon de Britney Spears.
A este paso, los fans van a terminar haciéndole la música a los grupos. Valgan verdades, no sería mala idea en ciertos casos.