Según una reciente encuesta realizada en Gran Bretaña, la música de Coldplay es la más efectiva para conciliar el sueño en la noche. Debemos deducir entonces que el próximo disco de los británicos, pomposamente titulado Viva La Vida or Death and All His Friends, debe ser uno de los más esperados, no sólo entre los fans de Chris Martin, sino también entre los insomnes y las niñeras.
Sirva esta noticia de pretexto para anunciar la inclusión de una nota sobre Coldplay (publicada en épocas musicales menos soporíferas) en nuestra sección Artículos (del recuerdo), así como los correspondientes a The White Stripes, Belle and Sebastian, Blur, Massive Attack y Doves. Asimismo, la sección Discos ofrece ahora la mayoría de reseñas de álbums internacionales del número 2. Todo esto en la web oficial de la revista que es todo pose.
Butter 08 fue un proyecto paralelo de las simpáticas Yuka Honda y Miho Hatori en el que, junto a cómplices como Russell Simins (de los Jon Spencer Blues Explosion) y Mike Mills (director de uno de los videos más hermosos de los noventa) desplegaron una vena más hardcore que en Cibo Matto. El experimento sólo duró un disco, que fuera editado en 1996 por el difunto sello de los Beastie Boys, Grand Royal. Pese al cambio de revoluciones, «Butter of 69» parece continuar con la conocida obsesión de las Cibo Matto por la comida. ¡Pásame la manti!
Si le das play a los mp3 que te ofrecemos, pero te pesa escribir un par de líneas para comentar, ahora te la hacemos más fácil con nuestro novedoso y sencillísimo sistema de calificación por estrellas. ¡Di lo que piensas de cada canción sin pensar!
Ya sabes: una estrella es no pasa nada, dos es no pasa mucho, tres es pasa piola, cuatro es se pasa, y cinco es pasu machu.
Desde Noruega llega Lukestar, una banda de indie pop que acaba de editar un álbum llamado Lake Toba y se está dando a conocer gracias a una preciosa canción y un pastoral video de título “White Shade”. ¿Algo más? Nada más. Bueno, sí. El angelical arrullo que los Lukestar parecen estar buscando en el bosque cual ninfa perdida en realidad proviene de la etérea garganta del vocalista del grupo, quien hemos descubierto que es el hijo perdido de Benny Hill y Liz Fraser. ¡Por la gran flauta!
Si el dios del metal es Satanás, el dios del dark es Drácula, el dios del new age es la Madre Naturaleza, el dios del indie es Buda, y el dios del punk está muerto, el dios del disco es Dioniso, alias Baco, alias Uno Mismo.
Y por Zeus (mi dios) que el video de “Blind” está bien bacanal. A pesar de la desolación expresada en la letra (y hay precedentes de eso en la música disco de los setenta), la sensualidad del ritmo, las palmaditas, los “vientos” a lo Village People, incitan, más que a abandonarse a la miseria metafísica, a mover las caderas con abandono.
Aunque la voz que se escucha en «Blind» pertenece, sorprendentemente, a Antony Hegarty (de los más bien lánguidos Antony & The Johnsons), el autor intelectual de este fabuloso revival es el DJ neoyorquino Andrew Butler, quien se esconde detrás del llamado (para más señas de paganismo) Hercules and Love Affair, una de las sensaciones del momento y una prueba más de que DFA Records es quizás hoy por hoy el sello más cool del planeta.
Debo confesar que hasta ahora no tengo idea de qué es el math rock, porque más allá de las operaciones aritméticas simples, yo y las matemáticas (el burro por delante) no nos llevamos muy bien. Peor aún si la música está de por medio. La única vez en que mezclo los números con el placer es cuando se trata de, ejem, 69.
Era de esperarse pues que parpadeara nerviosamente al enterarme, tras el obligado research, que una de las canciones que pensaba incluir en mi lista de favoritas de esta semana tenía como protagonista a una banda inglesa, Foals, que se suele asociar con este riguroso estilo. Sin embargo, resulta que dicha ecuación se aplica más bien a un grupo anterior (The Edmund Fitzgerald, al parecer de culto) en el que militaron dos de sus miembros principales y el cual dejaron de lado porque «se lo estaban tomando demasiado en serio».
Bien jugado, Einsteins, porque “Cassius” es más dance punk que math rock, más recreo que clase de álgebra, y despierta muchas expectativas sobre su reciente álbum debut, Antidotes.
No dejes eso sí que la foto o el video te hagan pensar que son un grupo emo. Odialos pero no los confundas. Ellos han marcado distancia con respecto a ese tipo de música y niegan cualquier influencia o simpatía con ella. Es simplemente que les da la gana de mirar de medio lado.
A ti, que piensas que todos los que escuchan esa «música rara» son poseros.
A ti, que no sabes qué es last.fm, ni Metacritic, ni Soulseek.
A ti, que alternas entre estaciones de rock en español, de música de los ochentas y de grandes éxitos de ayer, hoy y siempre.
A ti, que opinas que todas las canciones que me gustan son lánguidas.
A ti, que eres fan de Silvio Rodríguez.
A ti, que choteas disimuladamente cada disco y recopilatorio que te grabo convencido de que esta vez sí te va a gustar.
A ti, que eres capaz de dejar sonando a Maná como si nada a pesar de que te caen casi tan mal como a mí.
A ti, que eres incapaz de escuchar el disco completo de un solo grupo.
A ti, que vas a ir al concierto de Marc Anthony (no importa que también me gusten algunas de sus canciones).
A ti, que cada vez que pongo uno de mis discos me terminas diciendo, “ponte radio”.
A ti, que lo que más admiras de lo alternativo es, por el amor de dios, el peinado de los emos.
A ti, que te encanta la buena vida pero no La Buena Vida.
A ti, que te jactas de tener un radar ultramainstream que te permite detectar qué nuevas canciones van a ser éxitos masivos (actitud que irónicamente huele a espíritu indie).
A ti, que por un problema de conexión a tu computadora no puedes cambiar la música de tu mp4 desde hace siglos y no sólo no te quejas sino que sigues disfrutando las veinte mismas canciones de siempre.
A ti, que me convenciste de que el último de Miranda! es uno de mis discos favoritos del año pasado.
A ti, que tienes un DVD de Presuntos Implicados.
A ti, que me impulsaste a empezar este blog y a persistir en él, pero que nunca lo lee.
A ti, que eres un caso perdido para la música que escucho, sí, a ti, con quien nunca voy a ir a un Benicassim o un Glastonbury… te ruego que sigas siendo mi mejor amiga.
¡Feliz cumpleaños Wilhelmina I!
Y como soy terco y no me rindo, te dedico el siguiente cover de tu canción favorita de Christina Aguilera a cargo de un grupo indie que jamás escuchaste ni volverás a escuchar. Pero por lo menos esta vez sí, ¿ya?
Es bien sabido que para poder ser baterista de un grupo lounge en Corea es necesario ser fan número uno de la banda, tener conocimientos de dirección de orquesta, ser un cantante frustrado, idolatrar a Los Tres Chiflados, practicar artes marciales y haber tocado antes en bandas de punk, metal y hard rock.
Créeme que me maté buscando un video de Rocío Guirao Díaz cantando algo de Jeff Buckley, Nick Drake o Nacho Vegas, pero apenas encontré uno de ella posando desnuda con una canción de Portishead de fondo.
Ya quisieras. La verdad, ni estaba desnuda ni la voz era la de Beth Gibbons. ¿Te conformarías con un video de ella modelando aquí en Perú?
Entonces me acordé de una canción que había descubierto hace poco en una sesión de karaoke (que empezó sádicamente y terminó masoquistamente) y se me ocurrió que si éste no podía ser un post sobre Rocío, al menos debía serlo sobre el hecho mismo de admirar a su género. Go meta.
La canción que escuché se llama «Music to Watch Girls Go By» y fue popularizada por Andy Williams en 1967. ¿Sabías que en los sesenta existía música para ver pasar a las chicas? ¡Música y chicas! Sólo faltaría la comida y casi sería como la trifecta perfecta que George Costanza tocó con sus regordetes pero ambiciosos dedos.
Aunque lo parece, el tema no es una composición de Burt Bacharach (otro de nuestros héroes), pero sí tiene esas trompetitas y ese parapapá irresistibles. Por otro lado, me recuerda mucho al «Girls and Boys» de Blur, no sólo por melodía y tempo, sino también, claro que en una onda menos open-minded, por letra («The boys watch the girls while the girls watch the boys who watch the girls go by»). ¿Coincidencia?
En fin, no sé si la conocías, pero creo que te va a gustar. Que quede como guiño además a ese culto compartido e indesmayable de la belleza femenina. Porque diga lo que diga la chica de tu costado, mirar no es pecado.