
Mientras todas creen merecer el trofeo por ser la más grande zorra, al margen de ese lío, ella prefiere volver a un paraje más cómodo y acogedor. Deja en espera al electro, olvida los compases ochenteros y los saqueos del pasado al estilo Ciccone. La rubia ha dejado de bailar y se desencanta de las representaciones teatrales y los vestidos cubistas. Ahora ella pasea sus miedos y paranoias meciéndose entre vientos y cuerdas. Cierra los ojos y nuevamente lo bucólico ha desterrado a la compulsión dance; los beats ya no agitan más ese corazón confundido.
