Pasear por tu ciudad y luego reconstruirla mediante la música y las palabras. Hacer de ese lugar conocido el leitmotiv de tu discurso. Llevar la rutina citadina a la pista de baile para allí aliviar el sinsentido de la vida moderna. Los discos de pop desde siempre cantan la épica de los suburbios, de los conjuntos habitacionales urbanos y de los rincones anónimos; los habitantes de estos espacios desenfocados y grises, ganados por la apatía y el consumismo, solo pueden escapar a su destino gracias a la pasión: una vía de escape podría ser traducir ese descontento en una melodía o en el coro de una canción; otra quizás sea el fútbol. Buena parte del pop británico hizo caso a esta máxima y la llevó al disco durante la década de los noventa.
Afortunadamente, Saint Etienne sobrevivió a esa belle époque y a los pronósticos entusiastas de NME. Luego de la batalla mediática entre los representantes de la clase media y la clase obrera (léase Blur y Oasis), Londres sigue en pie y continua siendo la musa del trío y los sintetizadores y la parafernalia electrónica la herramienta principal para iluminar los blocks de la capital inglesa. Planeando entre el desencanto de las primeras horas del día y la catarsis que ofrece la aventura nocturna, y en sintonía con las propuestas de New Order o Pet Shop Boys, la banda de Sarah Cracknell disipa la niebla, y como si fuera la antorcha artificial que en estos días pasea por sus calles, le ofrece nuevamente una posibilidad de redención.
Saint Etienne “Last Days of Disco”
Del álbum Words And Music By Saint Etienne (2012)
