Salir del clóset punk para confesar que mi disco favorito de Los Prisioneros es Corazones. Que prefiero un millón de veces la confesión sentimental de González a sus declaraciones políticamente incorrectas respecto al devenir de un país y su gente: yo no necesito escuchar la voz de una generación en la pista de baile; elijo el puñal y el corazón en la oscuridad del salón.
Javiera Mena probablemente editó el disco más intenso y honesto que se publicó en la última década en esta parte del continente y de paso reafirmó que cantarle al amor no es un acto cursi e inútil, que las programaciones reviven en cualquier punto de la ciudad esa hoguera hermosa, que el hombre sintetizador también puede aspirar a ser un hombre cálido.
Daniel Melero dijo alguna vez que con Los Encargados no apelaron a la electrónica para sonar modernos o por obedecer una consigna estética determinada, lo hicieron por una necesidad histórica, casi ética: el rock en la Argentina de los ochenta se había alejado por completo de los ideales de provocación, riesgo e inquietud que lo deberían animar siempre; el rock se había domesticado y lo único que quedaban eran portadas llenas de pelos. Había que buscar la emoción en otra parte.
Alex Anwandter es un profeta del neón y la nostalgia, de las ciudades perdidas, de los amantes como fetiches y estaciones de ascensión. Un creador que hace a un lado las caretas y acompaña a sus personajes en el tránsito agitado de la educación sentimental. Las imágenes de su último video podrían ser las de un carnaval apasionado y traen el recuerdo de modas pasadas. Después de la celebración y detrás del maquillaje corrido por la faena queda una irremediable sensación de tristeza. Quizá ese sea el retrato de los rebeldes en la antesala del cielo.
Alex Anwandter “¿Cómo Puedes Vivir Contigo Mismo”
Del álbum Rebeldes (2011)
