Todo lo que pasa, pasará hoy (y lo que pasó, pasó)

A casi treinta años de que editaran al alimón el innovador My Life in the Bush of Ghosts (1981), Brian Eno y David Byrne se vuelven a juntar y lanzan hoy Everything That Happens Will Happen Today, un disco que Byrne ha calificado como de “gospel electrónico”, y que gracias a una alianza estratégica con 69, podrás escuchar en exclusiva aquí, completo y gratis.

En realidad no hay ninguna alianza estratégica, es sólo que en una astuta (y no sé hasta qué punto original) movida marketera, este dúo de leyendas de la música moderna está permitiendo que cualquiera inserte en su página web el streaming del álbum en su integridad. ¿Será éste es el futuro de los blogs de música, colgar legalmente discos en línea? Si todo lo que pasa, pasará hoy, ¿qué pasará mañana? Mantengan la sintonía. Mientras, denle play.

Clap clap para el tap tap

En el principio fue Wild Like Children, o la chispa de la vida, una arrebatadora colección de eufóricas canciones que se convirtió en uno de mis discos preferidos del 2004. Entonces vino el álbum equivocado con el título acertado: Bottoms of Barrels, que es donde muchos prometedores debuts terminan después del temido “sophomore slump”, o la caída del segundo disco. Por lo menos para mí fue una desilusión. Normalmente mi reacción en estos casos suele ser echarle tierra al grupo y no hacerle más caso.

A pesar de eso, cuando apareció el video promocional con el cual se lanzaba el tercer disco del grupo, o (sí, así se llama), me dije, ya puesss, démosle una oportunidad. Lo ví, y me dije, ¿pero qué diablos es esto? ¡Este no es el Tilly and the Wall que yo conocí! ¡Este no es el indie pop del que yo me enamoré! Ni siquiera le presté demasiada atención al tema, simplemente lo deseché porque no era mi Tilly and the Wall. Fin de la historia.

¿O no? Un día, mientras escuchaba una de las cientos de canciones sueltas que había metido en mi ya maltratado reproductor de mp3 (al que desagradecidamente suelo llamar iFo, ay fó), me descubro moviendo enérgicamente la cabeza (para mis adentros, claro: soy corporalmente tímido en público). ¿Yeah Yeah Yeahs? No recordaba haber grabado nada de ellos, pero si lo eran, por fin habían vuelto por sus fueros! (Sí, actualmente tengo otro problema de desencanto con Karen O. y compañía.)

Me fijo y ¿adivinas quiénes eran?

Con razón esa percusión sonaba peculiar. Por si no sabías, los Tilly and the Wall no tienen baterista. Lo que tienen es una bailarina de tap. Esa es la marca de fábrica de la banda. Y ese zapateo que antes encajaba a la perfección con las canciones de su primer disco (pues en cierto modo equivalía a las proverbiales palmadas del indie pop), ahora se acopla de maravillas con el impetuoso rock ‘n roll de su nueva faceta.

De arrulladores a arrolladores, los Tilly and the Wall han cambiado y han crecido. Sólo falto yo.

Tilly and the Wall «Pot Kettle Black»

 

¿No somos animales?

Precioso video de Bowerbirds (extraido de su álbum Hymns for a Dark Horse, editado el año pasado), con cuervos que saltan trastornadamente y mantis religiosas que se dan un último chape, un tierno y aleccionador comentario acerca de cómo hacemos un infierno de la naturaleza. Y es que, como dijo un dodo, errar es humano.

Bowerbirds “In Our Talons”

Ponte en sus zapatos

Shoegazing, que literalmente significa quedarse mirando los zapatos, es un término que describe graciosamente la absorta concentración de los guitarristas cultores de este estilo, sea en la ruidosa intensidad de su ejecución o, más pedestremente, en sus pedaleras de efectos. De hecho, corre el rumor de que uno que otro shoegazer ha desaparecido entre las capas sonoras de su guitarra, sin volver a saberse más de él.

Felizmente, muchas bandas han sabido escapar a este tentador ensimismamiento (del mirarse los pies al mirarse el ombligo) y a través de la fusión con la electrónica o el indie rock han logrado abrir su propuesta musical, reduciendo de paso la incidencia de tinnitus entre el público.

Elika es una de esas bandas que suele encasillarse dentro del shoegazing, pero cuyo álbum debut, el pesimistamente titulado Trying Got Us Nowhere, muestra, de la mano de la electrónica, una sensibilidad pop digna de aplauso. Aplauso que podrás brindarles personalmente mañana jueves, día de la presentación en vivo de este dúo neoyorquino de chico-chica en nuestra capital. Se agradecerá no ir vestido de estricto negro.

Elika “The Whip”