Modelos que fungen de cantantes. Actrices en devaneos con la música. Belleza, glamour y sensualidad trasladados desde el set y la pasarela al pentagrama. Rica es la tradición de los coqueteos y flirteos entre el cine y la música. En el caso de Francia, nuevamente es indispensable remitirse a la corte de divas que regentaba Serge Gainsbourg: la verdadera Factory, una celestial camada de divas producidas y dirigidas por el talento del dandy de la chanson. Bardot, Birkin, Gall, Anna Karina… fetiches hechos canción, un paraíso en la tierra para el melómano y lujurioso que llevamos dentro.
En el pasado más reciente, Carla Bruni planteó un debate entre ética y estética que no viene al caso revivir. Más cercano aún, la Cotillard y Franz Ferdinand demostraron que Dior nunca tuvo una mejor banda sonora para sus diseños. Ahora, un objeto del deseo toma el micrófono y busca encender el mundo desde el disco. La musa de Polanski, el cineasta que amaba demasiado a las mujeres, edita su primer álbum. No es sombrío o misterioso, no esconde sus pasiones detrás de una mirada insondable. Es pop directo e intenso, melodías solares urdidas junto a Keren Ann. Un juego de seducción propuesto por Emmanuelle, donde como en sus películas, ella impone las reglas.
Emmanuelle Seigner “Femme Fatale”
Del álbum Dingue (2010)
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Sabes Emmanuelle, te entiendo, solo puedo decir que te entiendo.