La saga del flamenco continúa en la historia de Los Planetas. Si en los noventas marcaron la pauta del rock de guitarras en España con un noise prolijo y vibrante, desperdigando himnos generacionales a discreción; en la década pasada se reinventaron, mirando hacia adentro y dejando que Andalucía se proyectara hacia el espacio, que el alma gitana ahogara sus penas en psicodelia, que Camarón pidiera a gritos un poco de ácido. La Leyenda del Espacio supone algo más que rock aflamencado, que el capricho esnobista de J. por hacer un tratado musical disforzado, por el contrario, el último álbum del grupo de Granada constituye un Romancero moderno, una declaración de principios sentida, ejecutada y cantada con sentimiento.
En ese sentido, Cuatro Palos sigue el derrotero señalado por la última entrega planetaria. Guitarra con duende, historias de desamor, de pena ahogada junto al riachuelo y entre vinos. Culpa y dolor que tienen como responsable un par de ojos morenos. Ahora se homenajea a Caracol, desde el krautrock y el manto eléctrico de siempre. Cuatro canciones que más o menos pulidas, con la voz en primer plano o detrás de una pared de sonido, demuestran que la tradición no tiene por qué ser algo muerto: Los Planetas encendieron los amplificadores y le cantan a ella desde la oscuridad de la noche, aunque (como siempre en la historia) no nos devuelva la mirada.
Los Planetas “Romance de Juan de Osuna”
Del EP Cuatro Palos (2009)
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Esta banda es demasiado. Van a ser veinte años de trayectoria y casi sin altibajos.
Aunque al principio me costó asimilar su «aflamencamiento», ya después me rendí sin reparos a una nueva muestra de su maestría.
Es que como bien dice Bambino, no es ningún decorado posero ni ninguna fusión oportunista, es un híbrido muy visceral que no puede esconder su «tocamos esto porque nos da la puta gana».
Al menos por ahora no hay reproches, ni uno.
Deberían llegar a Lima, ahí sí me apunto.