
¡The Band I Love!
REM en Lima y nosotros en el cielo (I)
Si en estos tres días escuchaste a alguien criticar negativamente el concierto que REM dio en Lima el viernes te mereces un premio. Seguro que ni tus amigos más snobs ni puntillosos lo han hecho. Por lo menos los míos no. A lo sumo alguno apuntó un desajuste en las guitarras al comienzo, pero no más. Todo lo demás fue un listado de virtudes y de buenos momentos. Resulta un alivio que gente tan autoconsciente y pecho-frío se muestre mínimamente emocionada por un instante de música en vivo, pero también asusta tanto consenso y armonía de opiniones en esta olla de grillos que es el rock (y la vida) en la capital. Ni siquiera la mágica presentación de Jesus and Mary Chain la semana anterior estuvo exenta de maleteos (el mío fue para la acústica del local, tan buena como la que hay debajo de mi mesa), pero esta vez todo –para TODOS- fue irreprochable.
Eso no deja de ser peligroso. Ya algunos (me incluyo) empezamos a adoptar un tonito solemne (y por ende, cojudo) al hablar del asunto. Es que, sinceramente, cada vez resulta más difícil evitar los adjetivos y frases tipo “el mejor concierto de mi vida” o “antes y después”. Supongo que durante un buen tiempo también resultará trabajoso olvidar las emociones suscitadas al escuchar durante más de dos horas, en vivo y con un estupendo sonido canciones que –a pesar de hablar a la vez de todo y nada- siempre parecieron acompañarte y abrirle a tu soledad puertas que conducían a lugares menos desolados que tu espíritu y que… ¡Oh, no!… ¿Ya ven?
Mejor será ir a lo factual, aunque –ya secándome la baba- confieso haber sentido una emoción especial ni bien mi vista se topó con el enorme escenario…¡Iba a ver a Michel Stipe a pocos metros de mi!… Esa buena vibra y la alegría de divisar a algunos amigos apostados un poco más adelante (madrugadores son algunos) fue desvaneciéndose al entrar en contacto con los dichos y actitudes de un vasto sector de la audiencia apostada en ésta, la ubicación más preferencial posible (Stand); gente aparentemente más acostumbrada a la comodidad de una mesa en La Estación de Barranco o el Jazz Zone que a los ajetreos de un concierto de rock, que pretendía imponer los usos y costumbres de lugares como esos con actitudes tan monses como las de “separar sitio” para sus amigos o enamoradas que aún debían estar pidiendo permiso en la oficina y escogiendo las botas que se pondrían. Felizmente los fuertes amagos de pogo que se desataron durante el show de los norteamericanos espantaron a estos bichos.
Pero no nos adelantemos. Media hora después de lo pactado (parece que el Perú avanza en lo que a puntualidad se refiere) aparecían Turbopótamos sobre el enorme escenario. Su set –al igual que el de la siguiente banda nacional- se caracterizó por el handicap de un sonido falto de vigor. ¿Cuestión de consolas? ¡De hecho! Pero pese a ello (y a una turbita de camarógrafos que recorrían el escenario de un lado a otro filmándolos, como si fueran parte del grupo) la banda, muy bien reforzada por vientos y percusión, desarrolló un set parejo en el que uno de los puntos más altos fue “La Chola”, mi favorita. Aparentemente Humberto Campodónico disfrazó los nervios con su habitual desfachatez y en determinado momento se adueñó del escenario y hasta jugó al rock star acercándose al público y haciendo poses con la guitarra… Pese a ello, sólo un sector de la audiencia (en ese entonces aún disminuida) lo respaldó, mientras otro -más grande- se mostró indiferente y un tercero celebró con insultos su despedida. Quizás las cosas todavía estaban muy frías. Tal vez a la mayoría le importaba poco las bandas nacionales. O quizás elegirlos no fue la mejor de las ideas.
El sonido de los Turbo, basado mayormente en el ska y de espíritu y letra festivas y sarcásticas en extremo, dista mucho de la abstracción rockera de REM y está aún más lejos de la sensibilidad light de Travis (para no mencionar los kilómetros que lo separan de Cementerio Club y de la tierna seriedad que hasta ese momento los caracterizaba). De hecho estaban en la fiesta equivocada y frente a una gente que tiene un concepto muy distinto al suyo de cómo debe ser El Rock. Por eso era para reírse (aunque más para renegar) ver cómo les cambiaba la cara a varios cuando le ponían un mínimo de atención a letras como las de “Ratón Matón”… Lo bueno de todo ello es que ahora un montón más de gente sabe de su existencia.
Pocos minutos después, aparecieron los cuatro Cementerio Club, acompañados por un pelilargo tecladista (¿por qué romper así la tradición de tener una agraciada invitada cumpliendo ese papel? ¡Exigimos reposición!). Al inicio (con “Inmortales”) el sonido se notó más precario que con Turbopótamos, mejorando un poco luego, pero estropeándose justo en “Barco Viejo”, canción en la que el micrófono se le apagó a Pedro Solano. ¿Será ese percance el que desencadenó lo que vino? Queda pendiente preguntárselo.
En vez de exponer ante la audiencia más grande que jamás hayan tenido lo mejor de su sólido repertorio, los CC arremetieron con la versión de “All Day and All of the Night” de The Kinks que suelen hacer cuando se presentan en Barranco. En el medio, Solano soltó insistentemente una suerte de arengas anti reggaeton y pro rock francamente innecesarias. La inclusión en medio de ese tumulto (“cosas raras están sucediendo aquí” dijo un Oscar García tan anonadado como nosotros) del “Demolición” de Los Saicos pareció anunciar el retorno a la sensatez. Craso error. Solano se embutió en la cabeza la peluca beatle que utiliza cuando el grupo realiza sus sets-tributo a los Fab Four para seguir abucheando al reggaeton y terminar lanzando vivas al Perú y al rock and roll… Felizmente una correcta “No Puedo Esperar”, cantada por José Arbulú, puso fin al asunto.
¿Cuántos de los asistentes se habrán llevado una buena impresión de todo esto? ¿Habrá a partir de ahora más gente pidiendo los discos de Cementerio Club en las tiendas o bajándoselos de Internet? De hecho que no y ello es lamentable en extremo porque se trata de una de las bandas más estimables y persistentes de la escena limeña. Esa condición, por diversas circunstancias, lo reconocía una minoría, pero ahora, tras el dislate de Solano, habrá una mayoría que creerá saber a ciencia cierta que el cuarteto no más que una suerte de Nosequién y los Nosecuántos.
Luego que un numeroso staff de plomos reajustara en aproximadamente quince minutos buena parte del instrumental ubicado en el escenario, fue el turno de Travis, la verdadera gran sorpresa de la noche. FIDEL M. GUTIÉRREZ

Hasta aquí todo bien, Fidelín. Ya sé lo que pasó mientras yo no había llegado! 🙂
Lo tienes o no lo tienes. Sea para cincuenta fans en cualquier hueco de Barranco o para decenas de miles de personas, los disfuerzos de Solano sobre el escenario son decididamente ridículos. Después de lo visto en el infame video de cinco minutos que puso 69 y de lo dicho por Fidel queda claro que ese señor es cualquier cosa menos el frontman apropiado para su banda. Cierto, ¿pueden decir que después de su desempeño de esa noche en el Nacional hayan despertado la curiosidad del público para conocer o consumir su música? Si piensan que sí lo mejor es que vayan derechito al Larco Herrera.
Efectivamente, Fidel. Cosa muy rara la de Solano, a quien yo creía una persona sensata y sensible, en especial por el maravilloso disco solista de hace dos años. Lo que vi ahí fue el triste espectáculo de un hombre intolerante y completamente desubicado que acaso creyó que la gente había pagado el platal que pagó para ver a su banda y no a Travis o REM. No pues. El recurso de la peluca también fue un motivo de verguenza. Yo la vi más tirado para Fulvio Carmelo que para Fab Four, la verdad. En fin, ya Solano ha dado sus descargos en otro lado y me parecen atendibles. Menos pisco sour para la próxima, señor.
Del lado de los Turbos, mi impresion fue similar a de tu post. Dieron un set bastante correcto, a pesar de las falencias sonoras. Y fueron recibidos con la frialdad y el irrespeto que, por desgracia, se espera para los grupos peruanos en este tipo de espectáculos. Algunos cosas malas no cambian nunca. Sin embargo, al menos en mi zona, las cosas se voltearon a su favor en las últimas cuatro canciones, las mas pilas. La banda supo capear el temporal adverso haciendo bromas antes que apelar a la estúpida confrontación, como hizo CC, y les funcionó bien. Digamos que el 50% de la gente de Stand aplaudió y eso fue un éxito. Me dijeron que en zonas más lejanas el abucheo si fue generalizado. Una pena.
Sobre lo de REM, espero tu post para ampliar mis comentarios. Para mi esa fue una noche perfecta y hasta ayer no más estaba aún tomando apronax y dexacort, por el cuerpo adolorido. Esperaré ansioso la segunda parte de tu crónica.
En la parte de The One I Love que yo estaba (pegado a Oriente), si bien la gente al parecer no conocía a Turbopótamos si aplaudió su presentación, no se como habrá sido en otras zonas del estadio. Cementerio Club empezó bien, vi a gente cantar «Inmortales», lástima que ni a ellos ni a los Turbo el sonido los haya acompañado, muy aparte de la ya célebre performance de Pedro Solano. Al menos su descargo no ha estado basado en la piconería, lo cual habla bien de él. Lástima que sea cuando ya mucha gente se ha llevado una falsa impresión de CC, uno de los mejores grupos del medio.
yo tbm ya se q paso antes (llegue pa «Side» de Travis)
q pena para Solano, en verdad es una d mis bandas favoritas y no pude verlos xq staba aun en la chamba. Aparte de monse lo suyo pasó por inapropiado
Ya quisieran tener 1% del publico para un concierto de Cementerio …
Impecable R.E.M , Travis con fuerza creativa que para ellos es natural en festivales europeos.
Mas bien RESEMOS Radiohead 27.03.2009 Estadio Nacional Chile ….
Si el concierto de JAMC hubiese tenido la mitad de la calidad del que ofreció REM, digo a nivel de show, facil que se me caía una lágrima. Hubiese querido llegar antes para ver a Turbopótamos, sólo alcancé a oir desde afuera que habían metido vientos. Dicen que hubo gente que los abucheó. Gente cojuda. Si no querían verlos, hubiesen ido más tarde en lugar de estar ahí faltando el respeto. Lo de Cementerio Club hay que dejarlo mejor en el olvido. Nunca pasó. Y es ahi justamente donde radica la desgracia.
despues de el lima hot festival cualquier cosa puede hacerse realidad
http://www.cronicaviva.com.pe/content/view/62999/30/
¿Ya ven? Para eso taaaaaanto defendían encendidamente a inclasificables como Cementerio en los foros de 69 como la mejor banda nacional, mejores músicos solistas, mejores bla bla bla… ¿Y al final? Tremendo papelón que terminaron haciendo (y a estadio lleno). ¿Quienes elevaron a éstos a los altares, digo yo?
Para la próxima, deberían OBVIARSE teloneros nacionales para espectáculos de esta índole. Ganarse un mano a mano entre Diego Dibos a dúo con Jorge Pardo minutos antes del concierto de RADIOHEAD sería el acabose.
Ugh!
Joswal, le acabo de perdonar la vida a tu comentario.
La próxima vez que alguien utilice el correo de 69 para identificarse le borro su comentario sin asco.
Tampoco hay que mezclar las cosas. Cementerio Club y sus dos compositores, tienen discos y canciones respetables y redondas.
La actuación en el Hot Festival fue desastrosa y es indefendible. Solano como frontman se muere de hambre.
Quizá sea lo mejor no arrojar a los grupos nacionales a la hoguera. Finalmente, depende de ellos. Es tonto salir a tocar, más allá de tener un repertorio que los respalde, si no les dan el trato adecuado, por ejemplo, en lo que respecta a una prueba de sonido decente y el uso de la consola. Deberían hacerse respetar.
Continuando con el sadismo:
¿Se imaginan el concierto de los Red Hot Chili Peppers teloneado por… LA ROJA?
¿O el esperadísimo tour DEPECHE MODE en Lima, abriendo con… WAYO?
¡¡¡¡HORRORRRR!!!!
A los teloneros peruchos, ¡dile NO!