It’s the wine that makes me sad / not the good times that I’ve had
Todo inicia con un teléfono celular, una trompeta y dos voces que se abren paso desde la oscuridad. Una improvisación. El grupo de Nottingham pasea errante por las calles de Praga, se refugia mientras dura la tempestad en alguna buhardilla parisina y luego abre algunas botellas de tinto en una bodega de Bruselas. Cigarrillos a discreción. Así llegamos al octavo disco de Tindersticks.
Menos cuerdas presiden la ceremonia. Parece que el sonido de la banda resiente cada vez menos de los arreglos y las orquestaciones de los primeros discos. Staples ha demostrado que puede evocar, caer y levantarse sin el apoyo de su antiguo camarada Dickon Hinchliffe. Las letanías y los salmos de desarraigo están presentes, las incursiones en el soul, los momentos de luz y jugueteo también se permiten en el réquiem doloroso: Tindersticks puede parecer un conjunto perdido en alguna taberna mexicana que se escucha de fondo mientras Tom Waits y Johnny Cash lanzan verdades empapadas de licor barato.
Amapola y absenta. Drake y Walker. Un barítono y una mujer hacen el amor como si fuera un melodrama. Hazlewood se trepa al escenario buscando el azul en la melodía. Staples mira el ocaso y distingue una figura que parece llegar de Portugal. Suena un piano como final.
Tindersticks “Factory Girls”
Del álbum Falling Down a Mountain (2010)
[audio:http://boxstr.net/files/6349745_ljtew/tindersticks%20-%20factory%20girls.mp3]



