¿Se está convirtiendo Cartoon Network en la alternativa a MTV? Luego del video que el canal de animación hiciera para “Fall is Something that Grownups Invented” de The Hives, el turno es ahora para The Go! Team, con una versión en glorioso pixelcolor de “Milk Crisis”, una nueva canción de la banda británica (disponible en descarga gratuita) donde el rapeo principal corre a cargo esta vez de la chinita Kaori. No sé si están pasando el video en la señal latinoamericana de CN, pero por si acaso aquí se los ponemos.
Transcribir visualmente la letra de una canción (especialmente cuando cuenta alguna historia) suele ser una de las taras más difundidas entre los realizadores de videos musicales. Llevando ese poco imaginativo recurso a un simpático extremo, el nuevo video de Fujiya & Miyagi es una reproducción cuadro por cuadro (literalmente) de cada palabra de la, por si fuera poco, absurda letra (knickerboker es un tipo de helado en copa). Como invitados especiales, aparecen todos los instrumentos tocados en esta hipnótica canción.
Fujiya & Miyagi “Knickerboker”
Del álbum Lightbulbs (2008)
Aquí todo es chévere: la música, las fotos de chicas y la ortografía. Sin embargo, ¿no nos estamos olvidando de algo? Porque, mal que bien, este es el blog de la revista 69. El blog está, el 69 nunca falta, pero… ¿y dónde está la revista?
Seremos inconstantes, pero no inconsistentes, así que hemos decidido enmendar esa falta y concentrarnos en preparar un nuevo número de 69, aunque sólo sea para justificar lo de «revista» en tu blog favorito de música. Más alternativo no se puede ser.
Es por eso que a partir de ahora, y hasta que 69 catorce salga por fin a las calles, este blog sólo incluirá canciones y videos, sin papas pero con ají (si el humor nos deja).
Por ahora los dejamos con el retrofuturista video para el más que apropiadamente titulado nuevo single de The Shortwave Set (el trío inglés apadrinado por Danger Mouse), proveniente de su segundo álbum, el notable Replica Sun Machine.
6. Su participación como la heroína romántica del video de “Carmensita” de Devendra Banhart, una alucinada comedia musical pseudomitológica que, de una manera que aún no termino de explicarme, logra que un músico folk norteamericano criado en Venezuela cante en español, suene a nuevaolero argentino pasado de vueltas e interprete a un hirsuto príncipe indio (¿indie?) de vellos públicos que lucha por (y obtiene) el amor de una estrella de Bollywood/Hollywood.
Sólo falta que Natalie se anime y siga los pasos de Scarlett Johansson o Juliette Lewis. Al menos ya demostró que la haría linda como rapera gangsta.
En el principio fue Wild Like Children, o la chispa de la vida, una arrebatadora colección de eufóricas canciones que se convirtió en uno de mis discos preferidos del 2004. Entonces vino el álbum equivocado con el título acertado: Bottoms of Barrels, que es donde muchos prometedores debuts terminan después del temido “sophomore slump”, o la caída del segundo disco. Por lo menos para mí fue una desilusión. Normalmente mi reacción en estos casos suele ser echarle tierra al grupo y no hacerle más caso.
A pesar de eso, cuando apareció el video promocional con el cual se lanzaba el tercer disco del grupo, o (sí, así se llama), me dije, ya puesss, démosle una oportunidad. Lo ví, y me dije, ¿pero qué diablos es esto? ¡Este no es el Tilly and the Wall que yo conocí! ¡Este no es el indie pop del que yo me enamoré! Ni siquiera le presté demasiada atención al tema, simplemente lo deseché porque no era mi Tilly and the Wall. Fin de la historia.
¿O no? Un día, mientras escuchaba una de las cientos de canciones sueltas que había metido en mi ya maltratado reproductor de mp3 (al que desagradecidamente suelo llamar iFo, ay fó), me descubro moviendo enérgicamente la cabeza (para mis adentros, claro: soy corporalmente tímido en público). ¿Yeah Yeah Yeahs? No recordaba haber grabado nada de ellos, pero si lo eran, por fin habían vuelto por sus fueros! (Sí, actualmente tengo otro problema de desencanto con Karen O. y compañía.)
Me fijo y ¿adivinas quiénes eran?
Con razón esa percusión sonaba peculiar. Por si no sabías, los Tilly and the Wall no tienen baterista. Lo que tienen es una bailarina de tap. Esa es la marca de fábrica de la banda. Y ese zapateo que antes encajaba a la perfección con las canciones de su primer disco (pues en cierto modo equivalía a las proverbiales palmadas del indie pop), ahora se acopla de maravillas con el impetuoso rock ‘n roll de su nueva faceta.
De arrulladores a arrolladores, los Tilly and the Wall han cambiado y han crecido. Sólo falto yo.