Blood Red Shoes «It’s Getting Boring by the Sea»

Ya empiezan a llamarlos los White Stripes ingleses, aunque no sea más porque se trata de un dúo de chico y chica (sólo que ella es la que toca la guitarra y él la batería) y no hay un bajo a la vista. Como sea, a mí me suenan más a Yeah Yeah Yeahs. Con un puñado de singles editados hasta el momento (recomendamos «ADHD» con fervor), los Blood Red Shoes entran a grabar en estos días lo que será su primer álbum. Mientras, nos ofrecen un nuevo tema, «It’s Getting Boring by the Sea», y nosotros te ofrecemos el video respectivo, en el que, curiosamente, pareciera que juegan a ser los White Stripes. Vale el guiño.

Blood Red Shoes «It’s Getting Boring by the Sea»

69 canta

Harta de estar constantemente en la mira de los tabloides y de comprobar cómo tergiversan sus palabras, Lily Allen ha decidido dejar de postear en su blog (sí, la chata tenía su blog y ella solita lo escribía). “Todo lo que escribo aquí es distorsionado y reescrito por una sarta de imbéciles ociosos que no tienen nada mejor sobre qué escribir. Y la verdad es que no quiero estar en sus estúpidas revistas y sus diarios de mierda. De hecho, lo odio, no quiero ser una celebridad, soy una cantante, escribo canciones, eso es todo. No duermo ni me drogo con gente famosa (estoy con mi enamorado desde hace casi 3 años), no voy a las premieres de las películas. No voy de compras a los sitios preferidos de los paparazzi, así que déjenme en paz.” Te apoyamos, Lily, también nosotros vamos a dejar de postear en este blog cuando seamos famosos.

Dave Navarro reseña favorablemente el nuevo disco de Marilyn Manson. ¿Que por qué se tomó la molestia de hacerlo? Porque, según el otrora guitarrista de Jane’s Addiction y RHCP, la “información sobre música debería provenir de los músicos”, y es hora de hacer algo al respecto. Después de leer dicha “información” (eso que has escrito no es información, Dave, sino tu opinión), uno se queda convencido de que la crítica musical debe seguir, para bien o para mal, en las garras de los críticos.

Es poco probable que al mencionar el nombre de Jack White a uno se le venga a la mente el de John Mayer, salvo por el hecho de que ambos beben de las lodosas aguas del blues, con resultados casi diametralmente opuestos. Sin embargo, un artículo del Los Angeles Times sugiere que la brecha se está cerrando, pues mientras Mayer ha incorporado un poco más de aparatosidad a la serenidad de su performance, el vértigo del White Stripe se ha calmado un poco y hasta su guitarra ha empezado a dar señales de virtuosismo. Sálvese quien pueda.

Rufus Wainwright en los tacos de Judy Garland

Si la manifestación genuina del amor, según los griegos, era únicamente la que se producía entre dos hombres, ¿podemos atrevernos a postular que la canción perfecta, la fuente eterna acariciada por los melómanos debe ser buscada en los cancioneros de los músicos gay? No sin ruborizarme, advierto que mi reproductor de música está plagado de plumas y lentejuelas: Antony and the Johnsons por aquí, The Hidden Cameras por allá, sólo por citar un par de ejemplos. Pero si queremos hablar de una figura que encarne la idealidad pop y homosexual en la actualidad tenemos que mencionar a Rufus Wainwright.

El divo canadiense reprodujo en su totalidad hace un año el concierto que la superstar Judy Garland (precursora de las Harvey, Apple y similares) brindó el 21 de abril de 1961 en el Carnegie Hall, famoso recital que se editó con el nombre de Judy at Carnegie Hall. Rufus siempre había evidenciado su admiración por la malograda (léase literalmente el término) Dorothy de El Mago de Oz, haciendo suyas canciones del repertorio de Garland. Sin embargo, en esta ocasión, Wainwright escenificó su espectáculo basándose únicamente en las canciones de ésta. Acompañado de una orquesta de 36 músicos, la Rufus demostró que es uno de los mejores performers de la escena pop. Atrevido y provocador, el talentoso pianista y cantautor repasó como todo un dandy/ femme fatale el legendario concierto de los sesenta. Detalles significativos fueron los aportes de la hija de Garland, Lorna Luft, con quien hizo dúo en “After You’ve Gone”, y de parte del clan Wainwright, el concurso de su hermana Martha en “Stormy Weather” y la participación al piano de su madre, la leyenda folk Kate McGarrigle, en los clásicos «Over the Rainbow» y «Every Time We Say Goodbye». El CD que registra esta presentación, célebre ya por derecho propio, se pondrá a la venta en setiembre próximo.

Indudablemente, ha llegado el momento de Rufus, quien además lanzó hace algunas semanas Release the Stars, placa que subraya el lado más barroco y teatral de su música, a medio camino entre Leonard Cohen y Burt Bacharach. A esto se suma su incursión en la ópera, pues se encuentra trabajando para el Metropolitan Opera de Nueva York una pieza que ha titulado Prima Donna. Parece ser que ahora Broadway es, finalmente, el campo de juegos del Sr. Wainwright.

Beth Ditto tiene huevos

Ser gorda, lesbiana y feminista no es precisamente la combinación perfecta para ser popular. Pero ser bocona, carismática y cantante de una banda punk te puede llevar a ser elegida la persona más cool del planeta por la biblia del hype. Eso fue precisamente lo que le sucedió el año pasado a Beth Ditto, vocalista de The Gossip. Por si fuera poco, hace algunos días la propia New Musical Express la puso en portada (algo que la publicación hace rarísima vez tratándose de féminas) mostrándola en todo su adiposo y desnudo esplendor (algo que la cantante ya había hecho antes, con bastantes kilos menos, para On Our Backs, una revista de lesbianas). Mondongos desparramados, axilas sin afeitar y todo. Lo cual en realidad habla mucho más de los huevos de la Ditto que de los de la NME.

Las Tabas que nos perdimos

Tal como lo sentencia el viejo adagio «es mejor un artículo interesante sobre un tema aburrido, que un artículo aburrido sobre un tema interesante» rebuscando en la red nos venimos a topar con este más que simpático documental, de autor desconocido, con ingeniosa y artesanal técnica, y con un objeto de estudio que sorprendentemente parece ser más que un happening inintencional, bien contado para sus cincuenta y tantos minutos, mira que hasta uno se queda con las ganas de haber visto a Las Tabas en vivo!