The Forest & The Trees

Examinemos un dúo al azar. Busquemos recurrencias. Pareciera que eligieran caminos distintos, pero hubo un momento en que aquellos que decidieron unir su voces e instrumentos hasta que el pop o las “diferencias-artísticas-irreconciliables” los separasen estuvieron frente a frente, casi a punto de armar una fiestita swinger. The Forest & The Trees ciertamente no desentonarían en esta celebración si tomamos en cuenta lo siguiente:

1. La rubia. Sí, nuevamente, la sospechosa común. Se llama Linnea y es sueca. Blonda cabellera que se apodera del micrófono y concentra la atención del melómano desinteresado. Hace pocos días, como es habitual en esta tribuna, ya habíamos recaído en esta deliciosa adicción.

2. El nombre del grupo. Ubicado prácticamente en el mismo nicho sonoro, guarda sospechosas similitudes con The Bird & The Bee. Podría tratarse de un ejemplo clásico de ósmosis musical. No sería raro, ambos actos frecuentan hábitats idénticos: el pop de cámara y la melodía sintetizada.

3. El artesano. Detrás de toda frontwoman hay un gran productor. Prolífico, cerebral y detallista. Pero en este caso, Joel no se queda callado observando a su pareja desde la consola. No, su cálido registro vocal se suma al de ella. El diálogo de pareja (al menos en la canción) sí puede funcionar.

4. El hogar. Linnea y Joel están casados. Su primer álbum fue elaborado íntegramente en casa. Nació de la grabación de unos mixtapes navideños. Si hasta podría parecer una tarjeta de Hallmark. Haciendo a un lado el escepticismo, la convivencia matrimonial puede ofrecer excelentes bandas sonoras. Si la luna de miel no dura para siempre, sobrevivirá el disco. Sino pregúntenle a Biolay.

5. La sinfonía agridulce. Ok, ese detalle es consustancial a prácticamente cualquier grupo pop. La danza alegre que hace caso omiso a la tragedia personal descrita por la letra de la canción. Un delicioso juego de opuestos que se complementan. Languidez y estados contemplativos, medios tiempos para el drama rutinario que narrados en contrapunto por un chico y una chica nos llevan a otra dimensión: un espacio donde todo empieza a cobrar realmente sentido.

The Forest & The Trees “Bohemian Boy”
Del álbum The Forest & The Trees (2010)
[audio:http://boxstr.net/files/6489461_qke9z/the%20forest%20and%20the%20trees%20-%20bohemian%20boy.mp3]

2 opiniones en “The Forest & The Trees”

  1. This is the English translation:

    Let’s go through a duo at random. Let’s look for patterns. It would seem they chose different paths, but there was a moment in which those who decided to combine their voices and instruments until pop or “irreconcilable artistic differences” did them apart were face to face, almost to the point of starting a little swingers party. The Forest & The Trees would certainly not be out of place in this celebration if we consider the following:

    1. The blonde. Yes, again, the usual suspect. Her name is Linnea and she is Swedish. Blonde hair seizing the microphone and becoming the focus of attention of the disinterested music lover. A few days ago, as is usual on this grandstand, we had already relapsed in this delicious addiction.

    2. The band name. Situated in practically the same musical niche, it is suspiciously similar to The Bird & The Bee. It could be the classic example of musical osmosis. It should not strike us as unusual, since both groups are regulars of identical habitats: the chamber pop and the synthesized melody.

    3. The craftsman. Behind every frontwoman there is a great producer. Prolific, brainy and detail-obsessed. But in this case, Joel does not remain quiet watching her partner from the sound mixer. No, his warm voice joins hers. A dialog between a couple (at least in song): it can happen!

    4. Home. Linnea and Joel are married. Their first album was entirely homemade. It was born from the recording of some Christmas mixtapes. Putting aside skepticism, marriage life can offer excellent soundtracks. If the honeymoon does not last forever, the record will survive. Just ask Biolay.

    5. The bittersweet symphony. Ok, so this detail is inherent for virtually any pop group. The joyful dance that ignores the personal tragedy described in the song lyrics. A delicious game of opposites complementing each other. Languor and contemplative states, slow songs for the routine drama which, told by a boy and a girl in counterpoint, take us to another dimension: a space where everything starts to really make sense.

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