
Poco antes de su arribo a Lima, donde este jueves 3 de junio tocará por primera vez, hablamos con Miguel Castro, cantante y tecladista de la banda argentina Victoria Mil. La charla recorrió diversos temas: su rara longevidad en un medio como el indie, en el que lo efímero es la norma; su indómito eclecticismo y su afición por Los Auténticos Decadentes, a quien considera los Kraftwerk de Sudamérica.
La prestigiosa agrupación viene fresca de su primer periplo por México, país convertido de un tiempo a esta parte en la meca del rock independiente latinoamericano. Los comentarios sobre sus presentaciones no han podido ser mejores, así que lo que nos espera ver a los limeños promete ser algo de un muy buen nivel.
La cita es en la discoteca miraflorina Bizarro (junto a los locales Kinder –que presentan su primer CD de largo aliento-, y Resplandor –organizadores del encuentro). Es una buena oportunidad de ver a una buena banda sudamericana cuya propuesta nada tiene que envidiar a la de tanto anglosajón poco original que suele caer por acá en los últimos tiempos.
Ya que es la primera vez que hablamos, me gustaría saber directamente por qué al comienzo se llamaron Victoria Abril. ¿Tanto admiraban a esa actriz española?
No. La verdad es que lo que más me gustaban eran las palabras. Es un mes y una palabra muy simple. Ella es muy buena actriz, pero nuestro fanatismo no llegaba hasta ahí.
¿Y cómo fue que ella les dio ese jalón de orejas que terminó cambiándoles el nombre?
Nos mandaron una carta de un estudio de abogados muy importante de Buenos Aires. Entonces éramos muy inocentes y recién empezábamos. Quizás hoy en día lo hubiéramos peleado más, pero en aquella época éramos muy jóvenes y los abogados que consultábamos nos decían que no íbamos a ganar, que esos abogados eran muy importantes. Y todo quedó en cambiar las palabras. Fue parte de una anécdota, nada más.
¿Qué crees que diferencia al Victoria Abril de los dos primeros discos con el Victoria Mil de ahora?
Hay un montón de cosas muy similares, pero creo que es una situación igual a como cuando vas construyendo algo que no sabes terminará siendo, y que cada vez va tomando más forma. Entiendo que entre el primer disco y ahora hay un montón de diferencias, pero es porque también hemos crecido en un montón de sentidos. Como compositores crecimos. Nuestras letras son mejores. No noto que algo se esté degradando. No noto que Victoria Mil y sus discos sean peores que antes, sino que vamos creciendo y cada vez a pasos más grandes. Además tenemos con Leo Santos (baterista) y con Julián Della Paolera (guitarrista) una conexión desde niños. Con una mirada podemos decirnos muchas cosas.
Lo que encuentro diferente a todo lo demás es el sonido que tenían en la época Este Cielo de Estrellas Caerá (2003); mucho más tirado a lo electrónico.
Ese disco representa un quiebre, porque en ese momento se fue nuestro baterista original, que vuelve para el disco Estoy Bien Bien Bien; y también se va el bajista. En ese disco empieza a tocar el bajo quien hoy nos acompaña, Sebastián Velásquez, y también Gabo Manelli (de Babasónicos), pero nos encontramos solos Julián y yo, y como ya en el disco Armas (2000) preparábamos algo de ese tipo, dimos ese vuelco electrónico, con programaciones. Además, nos faltaban personas. Allí quedó bien claro que el grupo éramos nosotros dos.
En ese disco está «G-13», una de las canciones suyas que más me gusta. Comparo su letra y la de otras de entonces con las de las canciones de Muy Lejos, que es su último álbum, y veo que ahora sus textos son menos crípticos. ¿Es su intención ahora ser más directos?
Es más directo el último disco en muchos sentidos. Hay letras de Julián muy directas. A la vez buscamos encontrar la forma de sintetizar. Hay todo un halo de locura; hay como palabras muy lindas, con mucha belleza. Hay cosas taoístas, con filosofía china. Creo que a medida que pasaron los años sintetizamos un montón de cosas y cada vez somos más claros; entonces, a la gente que te escucha esas letras les tocan en donde tienen que tocar.
No decir cosas concretas durante tanto tiempo implicaría decaer como letristas, ¿no?
Pues yo siento que Victoria Mil siempre fue un grupo disparador… Con el tiempo nuestras letras van tomando diferentes connotaciones porque van envejeciendo muy bien. Y nunca hemos sido un grupo de esos a los que les gusta explicar sus letras. Cada frase de Victoria Mil se puede interpretar para cualquier lado.
Me parece genial una frase tan directa como la del estribillo de «Cada Golpe», la canción con la que empieza el último disco. Es un gran ejemplo de síntesis.
(ríe) A mi también me encanta. Es como si hablara un grupo lleno de buenas intenciones.
Un grupo que también tiene un lado “polémico” cuando hablan de ciertos temas. Me sorprendió saber que «Intelligent», que está en su penúltimo disco, y que es casi un instrumental, había levantado tanta polvareda porque mencionan ciertas drogas. ¿Aún hay en tu país ese temor a hablar de cosas que finalmente resultan cotidianas, gusten o no?
(ríe) Hay gente a la que le gusta, pero hay otra que le quitaría lo que se escucha al inicio del tema [el diálogo entre un usuario y un dealer]. Hay gente a la que le da bronca porque no se anima. Creo que los estados alucinógenos o la alteración de la conciencia se han utilizado siempre. En Perú también hay mucho de ello, y para nosotros no es tabú. Claro, tampoco es que hagamos apología, pero mientras se sepan hacer las cosas para divertirse o para aprender, está bien. También nosotros hemos tomado plantas. Es algo que nos gusta y lo tomamos como un aprendizaje.
Y ya que estamos en el tema ¿existe este Robotino del que hablas en la canción del mismo nombre del último disco?
(ríe) ¿Quieres saber si es una droga nueva?
¿O es parte del imaginario de la banda?
Es parte de nuestro imaginario, y del efecto mismo que tiene la voz en la canción. Y es parte de lo que le pasa también a mucha gente. ¿Quién no ha sentido alguna vez que no iba a poder llegar a su casa?
El Rock Vive en Ellos
Al revisar las notas que les han hecho en tu país por la salida del disco Muy Lejos, encuentro que en todas ellas hay sorpresa por la longevidad de la banda. ¿Será que ya hay suficiente espacio en Argentina como para que una banda inclasificable e independiente como Victoria Mil pueda subsistir más de una década?
Hay poco espacio en realidad, pero igual hay un montón de bandas surgiendo y un montón de cosas pasando, pero la verdad es que lo que nos mantuvo hasta hoy en día vigentes fue nuestro desinterés hacia los medios, porque siempre fuimos una banda de verdad y nunca estuvimos atados a una cuestión de moda o época. Siempre lo primordial en Victoria Mil fue la música. Quisimos crear nuestro propio universo y siempre supimos que se iban a tardar en comprenderlo, porque al estar afuera de los medios, recién la gente empieza a descubrirte pasado el tiempo.
Pensaba que se sentían parte de una escena renovadora, que empezaba a tomar más en cuenta el factor de la independencia a fines de la década de los años 90.
En algún sentido sí. Cuando empezamos teníamos una banda llamada La Nueva Flor que en ese momento fue una de las primeras en editar un disco independiente en Argentina, en 1994. De allí se empezó a gestar la independencia respecto a las multinacionales.
Pero más allá de eso ¿no había entre ustedes y otros un nexo generacional o estilístico?
Realmente no. En esa época nos sentíamos más hermanados con Suárez, Estupendo, Adrián Paoletti, porque cuando empezamos, bandas como Babasónicos o Los Brujos ya estaban en grandes compañías y habían editado uno o dos discos. Entonces, somos como parte del “post nuevo rock argentino”. Pero realmente somos independientes porque siempre hemos hecho lo que quisimos. Nuestro primer disco fue independiente, pero después hemos estado en el mainstream. La verdad es que cada disco ha salido en una compañía diferente. Recién en este momento estamos más estables, en el sello Bultaco.
Que está vinculado a Babasónicos.
Así es, y allí somos directores artísticos. Con Leo Santos hicimos el disco de Travesti, que es una banda muy buena. Entonces es un momento en el que nos sentimos cómodos en el lugar en el que estamos trabajando, y eso nos permite tener una libertad que de otra forma no la tendríamos. Siempre estaríamos subordinados a algún mandato.
Esa libertad ¿implica poder dedicarse por completo al a música? Te lo pregunto porque supongo que para un grupo independiente de Buenos Aires vivir solo del arte debe de ser tan duro como lo es para una banda de Lima.
Siempre nos dedicamos totalmente a la música. Obviamente fuimos pobres mucho tiempo, pero siempre fue un proyecto a futuro Victoria Mil. Siempre fuimos una banda del futuro. Obviamente sí nos interesa el aquí y el ahora, pero desde un punto de vista en el que también pensábamos en el más allá… Es que también hay una cuestión mística que circula con nosotros, y un montón de cosas que pasan alrededor del grupo cuando la gente nos viene a ver y nos va conociendo… Es algo que tiene que ver con la sabiduría. Una persona sabia piensa en el futuro. Entonces creo que por eso que siempre hemos apostado por la música y por eso es que tenemos unos intereses musicales y artísticos muy abiertos.
Hablas de mística. ¿Puedo interpretar que tenías la certeza cósmica de que éste era tu destino?
Para nada (ríe). La música siempre me acompañó desde niño y siempre por la música es que vimos la forma de editar discos. Siempre estamos en un acantilado, por lo difícil que es. Muchas veces nos preguntábamos cuál iba a ser el próximo paso, y la verdad es que nos costó mucho trabajo. Nunca fue fácil; pero a lo que voy es que a medida que pasa el tiempo ves como la gente valora nuestra música y les resulta divertido e interesante descubrirnos. Además, hay un montón de discos para descubrir. Es como un mundo muy grande.
Un mundo en el que confluyen un montón de estilos: electrónica, pop, rock, psicodelia. Supongo que les costó ubicarse en una escena como la de tu país donde pareciera que los grupos que más llaman la atención tienen géneros muy definidos.
Siempre hemos puesto lo que queríamos. Incluso nuestro primer disco –Todos los Días Hago Eso (1997)- resultó ser uno de los primeros de una banda de rock hecho con samplers. Somos amantes de la música. Nos encantan todos los estilos. Siempre encontramos algo interesante en un montón de lados. Por eso no nos pueden encasillar y siempre estamos un poco adelante.
Los Máximos
La producción de sus discos revela un afán detallista. Los primeros se los hizo Daniel Melero…
El hizo el segundo y el tercero: Más Victoria Abril y Armas. Luego hicimos Este Cielo de Estrella Caerá con Diego Tuñón y Gabo de Babasónicos, y después Están Despedidos con Adrián Dargelos y Diego; y en este último mezcló cinco temas Tom Rixton, que ha producido nuestro último álbum. Él es inglés y ha trabajado con Depeche Mode, Elastica, Neneh Cherry y Bomb The Bass. Tiene un lindo currículum.
A lo que iba es que trabajar con Melero o Babasónicos implica una toma de posición. Melero parece ser una especie de Brian Eno, y Babasónicos siempre hicieron un pop de avanzada y experimental. ¿O elegirlos como productores fue algo circunstancial?
No. Lo que pasa es que a Melero siempre lo escuchamos. Es un referente. Es nuestro John Cage. Tiene muy buenas ideas, y a Babasónicos los conocimos con el tiempo.
En Muy Lejos, además de Julio Moura, de Virus, participa ‘La Mosca’ Lorenzo, percusionista de Los Auténticos Decadentes, que no es un grupo que uno relacionaría a la primera con Victoria Mil. ¿Cómo se dio esa participación?
A Los Auténticos Decadentes se les admira mucho. Como banda son un delirio, y nosotros también los entendemos y nos encantan. Ellos también son una mezcla muy impresionante de un montón de cosas, pero son mucho más populares que nosotros y le tocan otras cosas a la gente. Nosotros somos un grupo mucho más raro; además los Decadentes ya tenían hits cuando yo era un niño. Para mi ellos son como los Kraftwerk de Sudamérica.
¡Qué tal analogía!
Es que Kraftwerk cantaban «We are the robots» y estos cantan «Somos los piratas» (risas). Es una analogía muy loca que tengo en la cabeza y que me da vueltas. Son un ícono de la cultura latinoamericana.
Aunque a los Decadentes les costaría caro hacer el número de los robots, como Kraftwerk, ya que son tan numerosos sus integrantes.
(ríe) No necesitarían robots. Son muy personas. Son todo lo contrario a Kraftwerk… Tuve la fortuna de conocer una vez a Ralf Florian: un muñeco bárbaro. Son de los que así no más no hay. Son un ejemplo de concepto, de ideas, de música.
Escuchando Discos
¿Cómo es que afrontan nuevos escenarios? Ahora tienen la oportunidad de ir a más sitios, por lo visto. Estuvieron una temporada en México.
Es lo que nos está esperando. Necesitamos salir de Buenos Aires. Siento que es un gran momento para nosotros poder hacer esto, además por toda la gente que nos viene escuchando desde hace un tiempo y que nunca nos podía ver, y porque de alguna forma siempre tuvimos una percepción de ir hacia afuera de Argentina. Ahora eso se nos está dando por un montón de cuestiones que seguramente tuvieron que ver con nuestra forma de manejarnos en otras épocas, por nuestra independencia, por nunca estar en ningún circuito en el que no estemos cómodos. En resumen, por hacer las cosas como hemos querido. Nos hubiera encantado ir antes, pero no lo hubiéramos podido ahcer como lo hacemos ahora.
¿Sientes que en tu país hay bandas que reflejan esa actitud coherente y ese sonido que ha caracterizado a Victoria Mil?
Es que realmente nuestra coherencia –que es también muy incoherente– tiene que ver con un trabajo de un montón de años. Siempre fuimos un grupo muy original. Por más que se noten influencias no puedes decir de dónde es que vienen. No sé… ojalá que el grupo sea influencia para otros, pero realmente una influencia nuestra tiene que ver con un proceso, un trabajo y una profundidad que no todo el mundo tiene.
¿Conocen algo de la música rock o pop que se hace por acá o recién tomarás contacto con ella cuando estés en Lima?
Me han hablado bastante de esos chicos llamados Resplandor. Después tengo unos compilados de música sicodélica peruana, con «Meshkalina» de Traffic Sound y todos esos temas alucinantes. Perú parece muy rico musicalmente. Me encantaría conocer más porque siempre ha sido una influencia fuerte para mi, Mi padre viaja allá una vez por mes mínimo. Va y viene, así que siempre Perú ha estado muy cerca. Va a ser mi primera vez allí, y todos en el grupo nos morimos de ganas por hacer un buen show cuando lleguemos.

Buena entrevista Dr. Malhecho … pero tengo la impresión que le faltó la pregunta de rigor sobre la comida peruana.
Ciertamente, Victoria Mil y el Dr. Malhecho obran milagros. Se extrañan las noches locas de la Colmena. En aquella época we are the robots!
Es el verdadero doctor Pepe Barreto o es un clon hecho de pasta italiana? Si es lo primero, ¡qué gusto saber de usted! Muchos saludos y a ver si ya no se pierde!
Las coordenadas geográficas indican que en efecto se trata de «the» Pepe Barreto.
Benvenutto back, Signore Barreto. Ya sabe que 69 siempre será su casa.
A los 15 años leyendo Caleta conocí a Pulp. Gracias por eso, Pepe.
Buena entrevista a Victoria. Bien volada y graciosa, pero eso sí esos cacharros no se corresponden con la música que hacen los gauchos.
Vaya … y yo que pensaba que solo estaba realizando un comentario «irónico» sobre la entrevista de Fidel (bastaba una pregunta sobre la comida peruana y ya podía imaginar al Dr. escribiendo en El Comercio jeje). Gracias por los saludos. No me pierdo … creo. Simplemente he estado ocupado. Y si, me gustaría tomarme un trago como antes con todos. Espero sea asi en el futuro, como antes, como siempre.