Encuentros urbanos atrapados en una frase y que arrojan algo de luz sobre lo que pronto se olvidará. Desde los años aurorales de Zurdok, menos o más cubierto por la electrónica o las guitarras, Chetes nos ha contado casi siempre la misma historia, lo que ha cambiado es la melodía. Los dos. El recuerdo. Ahora, la coartada es el desierto.
La realidad se fragmenta / se divide la pantalla. El sol cubre los cuerpos / los colores se difuminan. Risas, cabellos al viento. Labios juguetones. El viaje. Una pandilla salvaje que no pasa de ser tan solo una pareja de cómplices amantes. El botín no es revelado. Al tomar una curva se ve el pasado por el retrovisor.
La luna. La expiación. Hacia el final la sensación de un trance profundo, el de los Babasónicos de Dopádromo. El elixir es el que brinda generosamente el desierto americano, el que vinieron a buscar y registraron en jornadas de conocimiento (orgías para los empleados de cuello y corbata) Hopper y cia. Algo se pierde y no es dicho. Una trampa en la que caen nuevamente los sentidos.
Chetes “Arena”
Del álbum Hipnosis
(2010)
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