Bienaventurada la música pop y su catálogo infinito de estribillos y coros pegajosos, cargado de frases geniales y sentencias rebosantes de verdad y sentido común. Pasada la fiebre comercial que declaró el pasado fin de semana como intransitable para aquel que no quisiera expresar su amor en formato Hallmark y similares, nos sumamos a la proclama del último single de They Live by Night. El trío de Gothenburg, con un sonido que asemeja a un Stephin Merritt en onda festiva, propone una tregua para el órgano más maltratado (se equivocan quienes piensan que se trata de alguna de las partes mencionadas en el punto 6 del post anterior) en estos días por Cúpido. Hagámosle un favor y apretemos reset.
They Live by Night “Ctrl+Alt+Del My Heart”
Del álbum They Live by Night (2008)
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Amanece en Los Angeles, y una manera de escapar a la rutina y el marasmo es bailar. Los suburbios, las grandes autopistas y las calles de Hollywood ven el desplazamiento de un grupo de jóvenes que dejan a sus cuerpos en plena libertad para expresarlo todo. Coreografías en permanente evolución bajo un sol que tiende al rosado. The Presets y su electrónica de pulso nocturno, tal como el corazón de la ciudad donde transcurre el video, demuestran que DFA no está solo en el panorama de remecer el mundo con singles hedonistas y explosivos. Anochece sobre la gran urbe y, como siempre, el hombre busca el fuego y la danza para encontrarse a sí mismo.
The Presets “If I Know You”
Del álbum Apocalypso(2008)
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El humor sin duda es terapéutico. Sin embargo, ni la sorna e ironía pop de los Flight of the Conchords disipan el temor que uno pueda sentir ante semejante imagen: ver junto y revuelto a todo tu pasado amoroso, un coro de “angelicales” ex-novias cantando a tus espaldas. Algo que ni el Rob Gordon de High Fidelity o el Bertrand Morane de L’homme qui aimait les femmes podrían saber cómo capear. Los eternos desencuentros provocados por la inconveniencia de la convivencia entre él y ellas. Fobias, paranoia y… amor en inevitable comunión por los siglos de los siglos. Amen(se).
Flight of the Conchords “Carol Brown”
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Islandia es tierra de artistas eclécticos y arriesgados, alejados de los convencionalismos. Entre los más recientes, basta con nombrar a Sin Fang Bous para darnos una idea de la creatividad de dicha escena. Emiliana Torrini acaba de editar el tercer single de su último disco Me and Armini, un trabajo que privilegia, como en sus anteriores álbumes, la diversidad sonora, el ludismo en los arreglos y, sobre todo, una voz que aporta calor y color a todo el conjunto. Además, el video confirma que la influencia de su compatriota más famosa (¡aquel cisne de la entrega del Oscar!) no solo se da en lo sonoro.
Emiliana Torrini “Jungle Drum”
Del álbum Me and Armini(2008)
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Resulta difícil saciar las expectativas del público cuando has despertado tanto interés con tu debut discográfico. Esa situación harto traumática para algunos proyectos al parecer será resuelta con éxito por Elvis Perkins. En pleno revival de la escena folk americana, el cantautor lanzó en el 2007 Ash Wednesday, álbum que generó las inevitables comparaciones con Dylan y Coen. Ciertamente, Perkins demostró con temas como “While You Were Sleeping” y “All the Night Without Love” que no era un clon homogeneizado e insulso de los referentes de la escena folk, y que contaba con una propia voz, luminosa y sentida a pesar de bordear casi siempre la tragedia en sus agridulces líricas.
Dos años después retorna con Elvis in Dearland, que es también el nombre de la banda que lo acompaña desde el principio de su carrera. Afortunadamente, el miércoles de ceniza ha seguido la progresión correcta y no se ha convertido en un calvario: su particular y cansina forma de arrastrar las palabras, las figuras espectrales de amores presentes/ausentes perviven en sus canciones. Cuántas veces en el pop se ha dicho “te amo, nena”, Elvis tiene la gracia consigo, y su declaración, entre susurros de medianoche y arreglos preciosos, es digna del mejor sábado de gloria.
Siempre me resultará difícil explicar por qué las bandas británicas como Doves no han terminado por invadir el mundo. La lista de grupos que se han quedado en el camino es considerable: Supergrass, Manic Street Preachers, Pulp, Arctic Monkeys, Elbow, etc., la armada británica siempre ha fracasado en su intento de hacer suyas las costas al otro lado del Atlántico. Hablo por supuesto de copar los grandes espacios de difusión, pues es claro que la crítica y el público del circuito independiente siempre los ha respaldado. Quizá es que su propuesta es demasiado nacionalista: sabido es que el discurso musical en las islas británicas no se desarrolla de espaldas a su público objetivo, es decir a la common people que ve Top of the Pops (¿habrán cambiado a Pitchfork TV?), lee el NME para enterarse del nuevo single de la nueva banda que cambiará el panorama musical y que luego cantará hasta que las bebidas espirituosas y el barro se lo permita en el Glastonbury de rigor. Parece que el resto del mundo no está preparado aún para esa nueva ola que nunca acabó por envolver a todos en su corriente.
El trío de Manchester siempre ha tenido lo principal para conquistar el corazón melómano: grandes canciones. Desde Lost Souls lo de ellos ha sido desplegar un arsenal de singles épicos, himnos que destilan poesía urbana sin ínfulas culturosas, historias de desencanto y esperanza a pesar de los cielos grises que acompañan la rutina, la contundencia de una banda de rock que incorpora con naturalidad texturas electrónicas y sonidos de vanguardia. Ahora Doves lanza el video de “Kingdom of Rust”, primer single y título de su cuarto álbum. Como en los clips de Panda Bear y Goldfrapp, todos los caminos llevan hacia el mar. Una historia de expiación y libertad, bellas imágenes para recordar la importancia de olvidar.
Doves “Kingdom of Rust”
Del álbum Kingdom of Rust (2009)
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Natasha Khan se siente cómoda en la penumbra, en ese reino de oscuras sonoridades que heredó de Siouxsie Sioux. Eso lo evidenció desde Fur & Gold su debut discográfico bajo el nombre de Bat for Lashes. Próximo a editarse Two Suns (el 6 de abril de este año) en este nuevo episodio Natasha mantiene esa estética que mezcla misticismo y exotismo, en una especie de Halloween tribal. La artista inglesa suele encubrir su propuesta y valerse de alter egos y veladas referencias que pueden llegar a ser un arma de doble filo (no hay que recurrir a las imposturas, mi querida Natasha). Preferimos los momentos en que su discurso se acerca a la Björk más electrónica, como en el tema que les ofrecemos de adelanto: provocación y contundencia rítmica para la tormenta emocional a la que nos tiene acostumbrados.
Bat for Lashes“Pearl’s Dream”
Del álbum Two Suns (2009)
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Jeremy Jay pierde ciudades para hacer canciones. En tránsito permanente entre Los Angeles y Paris se da el tiempo para escribir el material de su segundo disco. Tras A Place Where We Could Go y su romanticismo rebosante de criaturas celestiales, esta versión hetero de Patrick Wolf demuestra que lo suyo es hacer música para el viaje, sonidos que hacen pensar en el Bowie de los días en Berlín, en las melodías luminosas de The Go-Betweens, espíritu retro que no limita la propuesta del artista de K Records: guitarras frescas e inmediatas para acompañar historias sin final feliz, la receta que no tiene pierde en el universo pop.
Jeremy Jay “In This Lonely Town”
Del álbum Slow Dance(2009)
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Orouni se divierte haciendo música. Su campo de juegos no está próximo a los terrenos de la chanson, en su propuesta no se deja sentir el influjo del omnipresente y todopoderoso Gainsbourg. El joven cantautor francés cuenta historias como Cohen pero sin el peso del maestro de la voz cavernosa: en Jump Out The Window no se manifiestan claroscuros y corredores desolados de hoteles furtivos, la canción para Orouni debe mostrar malecones soleados, el momento de la verdad cuando el sol está por ocultarse, y en el fondo se deja escuchar una melodía folk donde la voz de él y ella se van alternando.
Orouni “A Greased & Golden Palm” (con Mlie)
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En otros momentos, el segundo álbum del artista galo revela su cercanía a Drake, Elliot Smith o Will Oldham, no solo por su apego a la melodía y la búsqueda obsesiva del arreglo perfecto, sino especialmente en la forma de interpretar su material: voces que no serán las más privilegiadas y educadas en el sentido ortodoxo, pero que son capaces de emocionar y estremecer el mundo. Y eso es lo único que yo le pido a una canción pop.
Orouni «The Moneylenders»
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Del álbum Jump Out the Window(2008)
Desde Austria esta pequeña émula de Mina Murray nos entrega su debut discográfico. Minimalismo en base a piano y beats electrónicos que jamás sonarían en una discoteca, quizá en un palacio abandonado. Máquinas, susurros y angustia que recuerdan por momentos a PJ Harvey.
La oscuridad se apodera del espacio gracias al poderoso registro de la cantante austriaca. Pathos femenino al por mayor, Eros y Thanatos recorren las delicadas piezas de este álbum. Épica y melodrama desde el rincón de una habitación. Solo el tiempo dirá si lo de Soap & Skin es un disfuerzo en clave Twilight o se le pueda emparentar con la sublime y sentida Let the Right One In.