Violines a discreción para este majestuoso tiempo de vals de coros beachboyanos y pausas doo wop. Un nostálgico scratch de vinilo da simultáneo inicio a una canción que despertó mis ilusiones y a un álbum que, ay, me las destruyó.
Entre capas de guitarra de un enternecedor dream pop se tejen súplicas de franqueza. Porque hay momentos en que el amor por la verdad necesita saber la verdad del amor.
Jack White seguirá los clichés del rock star, pero de qué manera. Primero fueron los supergrupos. Ahora son las supermodelos. La diferencia es que en ambos casos, con éxito de público y crítica. Su esposa, la imponente, la majestuosa, la acariciableKaren Elson ha lanzado su primer disco, The Ghost Who Walks (“el fantasma que camina”, apelativo que tenía en el colegio en alusión a su estatura y palidez), producido precisamente por el todavía White Stripe, y el cual promete convertirse en uno de los mayores crossovers de la historia del fashionismo, al menos si nos dejamos guiar por la canción título, una sesentera filiación de folk, blues y psicodelia en la que Karencita demuestra que está muy, pero muy por encima de la típica modelito que juega a ser cantante. Ah, la vida es buena para Mr. White.
Karen Elson “The Ghost Who Walks”
Del álbum The Ghost Who Walks (2010)
También el modelaje tiene subgéneros. Uno de ellos es el chic punk, donde tatuajes, piercings y cierto aire de peligro conviven con rostros perfectos y figuras estilizadas. Categoría que en parte satisface las necesidades publicitarias de vender rebeldía y calle, y que encuentra en las Suicide Girls su contraparte softcore. Pero los maniquís también son personas, y detrás de los trapos también puede haber necesidades artísticas, como las que hace algunos años animaron a tres modelos a formar una banda punk llamada llamada O.M.I. (debieron llamarse The Runways), proyecto que duró poco porque al final de cuentas era más jet set que experimental. Sin embargo, una de sus integrantes, la brasileña Isabel Ibsen, no quiso quedarse con la espina y se embarcó desde entonces en una serie de affaires musicales, el último de los cuales es Hunters. Probablemente un guiño al DIY, la breve pero contundente “Do It” es una suerte de hardcore de guitarras afiladas, estridencias vocales y coros a lo Raveonettes (o ya, a lo Jesus and Mary Chain, whatever). Más pogo que Vogue.
Porque Portugal no empieza ni termina con Cristiano Ronaldo, les presentamos a Rita Redshoes, artista proveniente de la escena alternativa lusitana que, como muchos actos europeos, encuentra en el inglés el mejor medio de expresión y/o difusión para su propuesta. Su reciente segundo álbum tiene como single inaugural “One Cold Day”, cadenciosa composición que podría dejar a St. Vincent con la duda de si sentirse halagada o celosa, y en cuyo luminoso video (y esta vez el adjetivo es literal), protagonizado por dos ángeles (y esta vez el sustantivo es liberal), la duda es una diáfana danza.
Rita Redshoes “One Cold Day”
Del álbum Lights & Darks (2010)
Descubrí que la sinestesia era una simple ficción. Dejaré de asociar sonidos y colores. Ya no más globos ni brisa fresca refrescando mi rostro. Abandonaré el mar, los viajes de aprendizaje. Basta de celebrar los susurros y el triunfo de la melodía. La búsqueda de la nueva voz que me transporte a otro tiempo mientras pienso en cerquillos caprichosos y sonrisas veleidosas ha terminado. Olvidaré mis discos favoritos de los sesenta. Desecharé los tags de Francia, México y Argentina porque ya no aportan ningún sentido a este blog. La libertad y sutileza no representaran más el ideal de una canción pop. Comenzaré a escuchar solo música progresiva. Luego escuché a Andrea Balencyy volví a cerrar los ojos.
No sabe usted cuántos recuerdos me trajo que hayamos escuchado anoche toda esa música. Épocas en que yo era un jovencito arrogante y rebelde que vivía con intensidad la euforia del glam, en que mi vida sólo giraba en torno al rock ‘n’ roll, y mis ídolos máximos eran David Bowie y Gary Glitter. Por otro lado, debo confesar que también me hizo acordar a su señora madre, y de paso a toda su generación. Pero no se puede vivir de recuerdos, y menos se puede dormir con ellos, por lo que le rogaría encarecidamente que para la próxima no ponga el volumen tan alto, escuche para usted solo y se meta a Marc Bolan por el culo.
Que te lo diga tu amigo hipster: el gato es el nuevo perro, estamos cambiado de mejor amigo. Quizá nos estamos aceptando tal como somos: indiferentes, solitarios y hermosos.
Ha aparecido el felino más indie de la temporada. No es techero, pero puedes llamarlo garagero. ¿Qué tan alto puedes llegar Bochicha?
Dom“Bochicha”
Del álbum Sun Bronzed Greek Gods (2010)
Una patineta y una guitarra acústica acercan el cuerpo al placer. A los 19 años, Avi Buffalo intenta abarcarlo todo: desvaríos psicodélicos y contundencia instrumental para observar la vida con un gesto de desenfado. Acidez que podría parecer impostada, pero que asoma irreverente en cada recodo de la canción. Frenesí adolescente apegado a los sonidos que desbordaron las costas californianas en el pasado y vuelven a ser el punto de escape para otra generación: ociosas sinfonías sobre el amor en los tiempos del calor.
Avi Buffalo“One Last”
Del álbum Avi Buffalo (2010)
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