Los imagino jugueteando con el piano. Como Brian. Escuchando armonías y cuerdas, sinfonías y canciones, pensando solo en música. Grabando meticulosamente cada sesión. Silbando una tonada mientras el día termina y los sonidos devuelven algo de sentido a la vida. Pero el tiempo no se detuvo en 1964, y revoloteó de lo lindo: hoy los discos son vintage, y el músico se apropia de lo que puede: aquel que reivindica el lado preciosista de la melodía mirará a Drake, Lee, Wilson o Barrett. Si el talento se lo permite, volverá del trance y no pensará que su vida es un Woodstock de sitcom como le sucede a Devendra Banhart. El protagonismo estará en las voces alternándose jubilosamente y recordando en cada quiebre la lección del chico de la playa. A 33 rpm la sensación es completamente distinta y envolvente. Planeando sobre un pop de cámara deliciosamente atemporal, Mighty Tiger roza la perfección, ese estado de gracia que Grizzly Bear jamás podrá alcanzar ni entender por falta de corazón.
Mighty Tiger “33 1/3”
Del álbum Western Theater (2010)
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