Banda de Turistas «El Rogadero»

Excursión vespertina. Frescos y envueltos en la melodía, Banda de Turistas se hace uno con el sol. El beat se disuelve y el quinteto libera sus voces en su marcha juguetona por el bosque. Siguiendo las técnicas usadas para el genial video de Chairlift, los porteños se confunden con la naturaleza, difuminan los colores y deconstruyen los ritmos y las formas. Psicodelia visual que consagra los cuerpos a la plena diversión.

Banda de Turistas “El Rogadero”
Del álbum El Retorno (2009)

Late Of The Pier «Best In The Class»

Excursión nocturna. Un baño de electrónica festiva y acelerada grabada siguiendo las reglas de Warp. La nueva sensación británica congrega vía Facebook a sus fans más entusiastas (léase groupies) y arma una pequeña juerga. Como la lección enseña, nada mejor para el morbo del espectador que formar un círculo de chicas listas para la diversión del fin de semana.  Si están para chuparse el dedo.

Late Of The Pier “Best In The Class”
Del single Best In The Class (2010)

Mejor Disco del 2009: Kasabian // West Ryder Pauper Lunatic Asylum

La artillería británica lo volvió a conseguir. Tomó lo que es suyo por justicia. Y lo hizo como siempre, sin pedir permiso, con una mezcla de soberbia y desfachatez. Remeció todo con el arma infalible que siempre tuvieron las mejores bandas de Gran Bretaña: grandes canciones. El tercer disco de Kasabian giró sin cesar durante el año que pasó. Nos hizo bailar, soñar, cantar, saltar, ladear la cabeza y devolvió nuestra fe en el rock and roll. Ni más ni menos.

Temas que sonarán en estadios, pistas de baile o en la intimidad hogareña pero que no nos dejarán definitivamente indiferentes. Guitarras afiladas, bases electrónicas, arreglos que parecen extraídos de alguna banda sonora de Morricone. Actitud y melodías que en un flashback delirante nos traen a la mente la riquísima tradición británica que desde The Who a Primal Scream inquietó las hormonas y expandió los sentidos de generaciones ávidas de la excitación y el descontrol que solo una banda de rock puede provocar en una alma adolescente.

De “Underdog” a “Happiness” (con semejantes títulos cómo no prestarles nuestra atención) Kasabian se maneja con una soltura impresionante por todos los registros. Puede sonar con la potencia descomunal de un grupo que arrollará con sus singles en Glastonbury, para luego componer atmósferas más bucólicas y contemplativas. Himnos para ser coreados por mareas humanas que buscan desesperadamente la evasión o piezas delicadas que resuenan como un mantra en tus oídos. Coqueteos con el gore o el spaghetti western, y la marcada debilidad que los ingleses siempre han tenido por las tonadas orientales y el gospel esbozan una aproximación a este depurado mosaico musical. Un disco que desestabilizó nuestros corazones y alborotó nuestros pies. La simple y prístina belleza de un “She’s my baby… He’s my baby”, (acaso la frase más trillada en la historia del pop) que suenan aquí como si nunca antes hubieran sido entonados.

Una declaración de principios brillante y sensual. West Ryder Pauper Lunatic Asylum significa el retorno de la provocación al rock británico. Nuevamente el caos y la catarsis no son un remedo estéril y lleno de clichés, sino un espacio para soñar y renovar la esperanza (utópica) en la música como revolución.

Kasabian “Secret Alphabets”
Del álbum West Ryder Pauper Lunatic Asylum (2009)
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Broken Social Scene «World Sick»

Después de cinco años de silencio como colectivo (exceptuando los trabajos de Brendan Canning y otros proyectos solistas) Broken Social Scene regresa con un nuevo disco. Ahora reducidos a sexteto (aunque para este proyecto han contado nuevamente con la colaboración de viejos conocidos como Feist, Metric y buena parte de la escena de Toronto) y con el apoyo del ubicuo John McEntire en la producción entregan un adelanto de Forgiveness Rock Record, álbum que estará disponible a partir del próximo 4 de mayo. El tiempo de las sinfonías de guitarras y los épicos anti-singles ha vuelto.

Broken Social Scene “World Sick”
Del álbum Forgiveness Rock Record (2010)
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Gabby Young & Other Animals // We’re All In This Together

Un carnaval se ha formado alrededor de una beldad pelirroja, esbelta presencia de inacabable y geométrico peinado. Gitanos y payasos lanzan al aire todas sus suertes. Un trovador se anima a recitar una pícara copla dispuesto a engatusar a la primera ingenua que aparezca en su camino. Ella se mantiene callada y contempla con atención toda la vorágine y desenfreno que la envuelve. En un momento toma el megáfono y su voz origina que todos los antifaces de la fiesta caigan de los rostros. Gabby Young ha revelado la verdad y toda la fauna, postrada a sus pies, la escucha en silencio.

Acabada la jornada en el cabaret, los empleados se preocupan por devolver las sillas a sus lugares y a los borrachos a las calles. Una luna antojadizamente enmarcada en lo alto lleva algo de luz al salón prácticamente en penumbras. Las chicas que aún no han retornado a sus habitaciones beben los últimos sorbos de licor a tiempo que acomodan sus portaligas para el próximo encuentro con la pista de baile. La banda improvisa sin apuro alguna tonada que acompañe el amanecer entre volutas de humo y miradas perdidas que observan como las bocanadas se estrellan contra el vacío. Una voz rompe la monotonía y se adueña del espacio. Cobija a todos en su regazo, y guía a esas almas oscuras entre las copas que se agitan al compas del jazz. Amenaza el sol con cubrir ese ambiente olvidado. La música no cesa y todos creen escuchar una grabación de Elle Fitzgerald. El canto proviene de la barra: unos rizos que dibujan arabescos deliciosamente caprichosos son la fuente de la hipnosis. Cuando finalmente amanece, un rojo eterno se proyecta en toda la sala.

Jeff la sigue sin descanso por todo Londres. Ella no cede a los ruegos del cantante, y no detiene su marcha sin mirar atrás. Su voz la estremece, pero sabe que no puede dejarse arrastrar por la llamada tentadora de los dioses. No debió cantar nada en el pub, ahora lo entiende muy bien. Su fijación por Grace la está llevando a límites insospechados. Pero ella se siente desnuda al piano cada vez que toca cualquier canción de él. Esta tarde la acompañaba. Creyó escuchar que le pedía una plegaria o quizá una caricia. Cuando sintió que unos dedos inquietos jugueteaban con su cabello salió corriendo hacia la calle. Los susurros la siguen acompañando incluso en su cuarto y se van convirtiendo en melodías reconocibles. Anula cualquier tipo de pensamiento y decide abandonarse por completo cuando él le dice: “Kiss me, please, kiss me… and made me your animal.»

Gabby Young & Other Animals “We’re All In This Together”
Del álbum We’re All in This Together (2009)
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Linda Mirada «Solo»

Linda Mirada hizo el disco perfecto para el verano. Solo que el del año pasado: bendita selva que nos impidió gozar del primer disco de esta española a tiempo. Fresco, desprejuiciado y plagado de melodías y letras sencillas, su álbum constituye una colorida oda a los sintetizadores ochenteros y al pop inocente que no alberga mayor pretensión que generar el silbido inconsciente de sus canciones. Vaya que ella también se tiene bien merecidos esos silbidos.

Ana Naranjo es la guapa melómana detrás de esa linda mirada. La culpable de alborotar las discotecas con su presencia y el pop hedonistamente europeo de su debut discográfico. Pensar que algunos idealistas cantan que se casarán cuando se enamoren. Imposible dejar a una maja como ella sola en la pista de baile.

Linda Mirada “Solo”
Del álbum China es Otra Cultura (2009)
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I Was a Teenage Satan Worshipper «Softcore Sex Dreams»

Ya sé que soy uno de los fetiches predilectos de esta página. Supongo que por ubicarme en la intersección improbable de Morr Music y Bangbros, tal vez por unir oníricamente el catálogo de Kitsuné y sus cintas predilectas de Evil Angel. Lo sé queridos, ustedes me ven como si yo fuera su Nana. Entre seguir la Berlinale y las campañas para PETA, me doy un tiempo para hablarles de mi último hallazgo. Fue la pura casualidad la que me llevó a encontrarlos. Una de esas búsquedas ociosas en Google mientras preparaban el set para una nueva cinta de Fashionista. Mi interés por las ciencias ocultas y el twee pop nórdico colisionaron en esta novel banda finlandesa. Luego de escucharlos me quedó claro que su nombre era pura provocación. Lo suyo está más cercano a las voces lánguidas y las atmósferas evanescentes post Loveless que a la ruidosa devoción de un heraldo del averno. Lo suyo es (re)crear ambientes ensoñadores, jugar con los sintetizadores y confiar ciegamente en los efectos de sus pedaleras. Fieles acólitos de los dogmas de Creation que sirven de banda sonora mientras aguardo por mi nueva fantasía europea… una deliciosa morena.

I Was a Teenage Satan Worshipper “Softcore Sex Dreams”
Del álbum Strange Lights (2010)
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The Magnetic Fields “You Must Be Out of Your Mind”

“Un consejo a los compositores jóvenes: No salgan del closet. Creo que el movimiento a favor de salir del closet y la propaganda en general acerca de que todos deberían salir del closet han dañado a mucha gente en realidad. Viendo las carreras de los artistas gay queda claro que la mejor forma de alcanzar el éxito es salir del closet después, no antes.”

Stephin Merritt, alma, corazón y vida de The Magnetic Fields, propone discreción y misterio a sus noveles colegas del gremio.

The Magnetic Fields “You Must Be Out of Your Mind”
Del álbum Realism (2010)

69 R.P.M.

Yo solo les ofrezco paz. Ese es mi modesto servicio. Por lo general llegan ansiosos por comenzar sus sesiones. Una rústica cabaña, cercana a un lago, distanciada y aislada por completo de la tecnología y la urbe oficia de campo de relajación y estudio musical. Suelen llegar de todas partes, pero últimamente recibo a muchos visitantes que provienen de Brooklyn, específicamente de Williamsburg. A ellos les doy el trato especial que se merecen. Sus grabaciones son místicas y legendarias. Plasmo la plenitud de sus espíritus en mis placas. En esas cintas rescato la esencia de sus vidas y la última chispa que escapa de sus cuerpos.

He ganado una considerable fama entre los folkies y hippies que pueblan la escena musical actual. Estos románticos empedernidos llegan a mí con la esperanza de hacer el mejor disco del mundo. Siento pena por ellos. Acostumbran acariciar como si fuera el Santo Grial los afiches de Drake, Lee y Cohen que están ubicados estratégicamente en todos los ambientes de la casa. Repasan una y otra vez la colección de vinilos que tengo en la sala. Casi lloran de placer por todo lo que encuentran en mi refugio. Dicen que es un sitio en definitiva mágico, que algo ancestral se deja sentir en el ambiente. Yo les replico que eso viene desde las entrañas de la tierra y que simplemente somos médiums de las almas que se hallan cautivas en el lugar. Ellos asienten en silencio ante mis palabras.

Pocos pueden darse el lujo de contar que han grabado conmigo más de una vez. Rufus y Wayne figuran en este selecto grupo de habituales colaboradores. A ambos los ha salvado su excelente sentido del humor y su bien celebrada fama para combinar las camisas en su vestuario. A veces los llamo simplemente para invitarlos a tocar algunas canciones al piano. Coyne aprovecha en traer su burbuja al lago y jugamos durante la tarde al interior de ella. Wainwright acostumbra obsequiarnos generosamente un vino dulzón de principios del XIX, directo de la bodega familiar en Quebec. Cuando la fogata comienza a alumbrarnos iniciamos nuestra clásica reinterpretación del Forever Changes.

Muy distinta ha sido la suerte de la mayoría de músicos que han pedido mi protección. Los selecciono cuidadosamente. Leo algunos portales, escucho sus discos y declaraciones, incluso reviso sus videos. Luego bastan un par de comentarios, algunas llamadas a representantes y casas disqueras para que ellos mismos busquen mi ayuda. Escrupulosamente preparo la cabaña para cada uno de mis visitantes. Voy dejando por toda la casa elementos que tientan el ego y la vanidad de los artistas que llegan a ella para encontrar la ansiada inspiración. Con el tipo de Dirty Projectors, por ejemplo, bastó una rara edición de un diccionario arameo-catalán del siglo XVII para tenerlo a mi entera disposición. Mientras me comentaba su intención de realizar un álbum que celebrara la obra de Salinger y al mismo tiempo esbozara una exégesis de una antigua crónica cusqueña de inicios de la Colonia, Kesha comenzaba a sonar en los parlantes de la habitación. Su mueca de horror me recordó algún viejo ritual azteca. Mi carcajada apagada fue lo último que escuchó el nuevo Prince de Brooklyn. Llevé a Grizzly Bear a un nivel de epifanía inédito. Estallaron como juegos de artificio chino en un templo cercano a mi lago. Nunca escuché un coro de ángeles tan bien entonado. Tenté a Animal Collective mostrándoles un vinilo de finales de los 50 que recogía los sonidos de apareamiento de la fauna de Nueva Guinea. Panda Bear se ruborizó al inicio pero finalmente accedió a oírlo. Cuando el trío bajaba al sótano para su sesión final, les prometí que en esa jornada haríamos historia porque samplearíamos hasta a la propia muerte. No me equivoqué, ese álbum fue elegido disco del año y la década el día mismo de su póstuma edición.

Anoche terminé uno de mis mejores trabajos. Aún siento el efecto del ácido. He tenido que viajar y ver el otro lado para poder convencer a este grupo. Ellos querían captar la esencia de los setentas, tentar a la cultura de drogas de la época, recrearla con propiedad. Vale, teníamos que vivir nuestro propio Vanishing Point para conseguir el objetivo. Estos tipos son una gran familia, un colectivo, si hasta parecen la tropa malcriada que comandaban Peter Fonda y Dennis Hopper. Han cruzado el limbo fraternalmente, en unidad. La excursión final la han hecho luego de una maratón de gore italiano que organicé para generar la atmósfera ideal. Los gritos del coro de hadas opacaban el sonido de la última película de Argento que se proyectaba. Todavía las veo danzando frenéticamente y esparciendo sin cesar un rojo digno hacia las paredes de mi cuarto. La pira de cuerpos arde en la parte trasera de la cabaña y ya ha llegado a mi casa aquello que tanto tiempo he anhelado. Creo que descorcharé una de las botellas de Rufus, la ocasión lo amerita: Benjamin Gibbard llama a mi puerta esta mañana.

The Phenomenal Handclap Band “Baby”
Del álbum The Phenomenal Handclap Band (2009)

Petröleo // Viaje al Fin de la Noche

Un destello de luz en la isla parece venir desde el cielo o llegar a la playa confundido con la resaca que trae en sus ondas el mar. La obra proviene en realidad de un cuarto anónimo. El sonido no es fruto de la combinación antojadiza de una serie de números que alguien ha registrado en medio de la tormenta nocturna. En Mallorca se persevera y buscando captar el azul que viene y va, Alberto Petröleo sale del círculo de ceniza para contar su historia.

Si Chucho veía en estado de trance hacia el pasado gracias al filtro de los rayos catódicos en ese delicado legado musical que llamó Koniec y Antonio Luque pasea atemporalmente por el paisaje andaluz, Petröleo merodea las costas, se acerca a la orilla y divisa con calma y sutil lirismo todo lo que envuelve ese vaporoso ambiente. Una fotografía desenfocada de faros olvidados por el viento, rodeado por criaturas en formación que escuchan cerca de las peñas alguna tonada de Lambchop apagada por el rumor de las olas. La verdad se trasmite en castellano: el lenguaje fluye libremente y salta juguetonamente en el tiempo y el espacio. Petröleo danza próximo al océano mientras los dioses divisan callados en el fuego el reflejo de su creación.

Petröleo “Transparente”
Del álbum Viaje al Fin de la Noche (2010, descarga gratuita)
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