Atlas Sound // Logos

Lo sé, querida. Aquel a quien aman los dioses muere joven. O enloquece. O contrae una enfermedad incurable y extraña. O tiene visiones de una armonía para siempre perdida y con ellas hace una música que invita abiertamente a la ensoñación, al desvarío. ¿Fuiste tú quien lo dijo mientras oíamos partituras de Danny Elfmann tumbados en la cama? ¿O fui yo, aquella noche en que se nos acabaron las historias de fantasmas contadas debajo de las sábanas, a la luz de las linternas, y decidiste desterrarme para siempre de tu cuarto?

Sólo entonces empezamos a vivir.

Porque nos cansamos de ser esos muchachos extravagantes sobre los que todo mundo tiene un rumor para contar. Porque nos cansamos de vagabundear en casas vacías que resultan ser nuestras. Porque nos cansamos de buscar el absoluto en las cintas de video, en los cassettes y no encontrar más que pedazos de algo que resplandece. Porque nos cansamos de lo hipnótico y lo lisérgico y lo onírico y de todas las palabras que la gente usa para decir cosas perfectamente indecibles. Porque siempre se puede planear una incursión nocturna a la calle premunidos de viejos discos de krautrock, encender alguna sombra y buscar estribillos en cada cruce de caminos. Porque todavía nos gusta esa tristeza que deviene en melodía, ese interregno donde la realidad queda suspendida y la experimentación se convierte en ensueño, en un leve sopor que nos abraza, que nos besa.

Ven, querida, ven a hundirte en este disco lleno de texturas, a naufragar en este océano saturado de sonidos. No habrá constelaciones que seguir y mucho menos viejos oráculos que nos guíen porque los dioses están mudos o muertos. He ahí la gran ironía en todo esto. Y la razón y la locura son parte del mismo principio que origina las cosas. Si aprietas play verás que este Logos no habla ni razona. Sólo resplandece.

Atlas Sound “Logos”
Del álbum Logos (2009)
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Natasha Luna en español

No quiere que entiendas ni que te identifiques con lo que dice en su música; pero sí que la escuches. Natasha Luna inicia este jueves 18 de febrero una nueva etapa. Será la primera vez que se presente en público –junto a Dolores Delirio, anfitriones de la velada, y los rocanroleros Tempo- junto al sexteto de músicos que logró ensamblar tras un poco concurrido casting.

Luego de dos años dedicados a los estudios, la sorprendente cantautora retoma su faceta musical y en esta y en las posteriores presentaciones que tiene pactadas para marzo, repasará Emilio (2005) y su secuela, apodada N (2008), a falta de un título formal. Confluirán pues por vez primera sobre los escenarios limeños, las intensas y melancólicas melodías del primero y las complejas composiciones que convirtieron a ese segundo y poco difundido CD en objeto de asombro y culto. A la vez, ya prepara un nuevo disco, que, para no perder la costumbre, parece que será distinto al anterior.

Entrevista Fidel Gutiérrez M.

Sacaste tu segundo disco a fines del 2008. ¿Aún te sientes metida en él o ya estás componiendo nuevas canciones?
Desde hace un tiempo estoy con lo del tercer disco; pero los ensayos que estoy teniendo para los conciertos que se vienen me han hecho volver a vivir de otra forma el tanto este como el anterior disco, porque ahora estoy tocando con una banda que conseguí a partir de un casting.

Eso fue el año pasado, ¿no? Recuerdo que la palabra que usaste fue “concurso” y no “casting”.
Sí. Vino muy poca gente, pero los que se quedaron están muy bien; ninguno es divo. Es una cosa muy rara… Con eso he vuelto de alguna manera a los discos anteriores, y tengo que hacerlo para que los conciertos tengan sentido. Pero mi cabeza ya está en el tercer disco. Desde hace un año estoy componiendo temas y creo que lo que salga será de algún modo, por momentos, mucho más simple que el segundo, pero (piensa)… No sé si el segundo puede ser más conchudo que el primero y el primero más simple que el segundo…

Para el oyente de hecho que el segundo es mucho menos simple que Emilio. Sus temas tienen muchos movimientos distintos dentro de sus estructuras. Y también usas más instrumentos.
Eso tuvo que ver con todo lo que yo llevaba en la cabeza en ese momento. El segundo disco es mucho más fuerte y con diversos ambientes, y más uso de batería y guitarra. Pero el tercero probablemente no tenga ni batería ni bajo ni guitarra, salvo en un par de temas.

¿Por qué?
No lo sé. Creo que esa energía que me dio para el segundo disco ya bajó.

Entonces, ¿retornará el predominio de tu piano?
Será más simple, pero no más debilucho. Tendrá la fuerza del segundo, solo que sin la guitarra o la batería.

En N participaron más músicos que en Emilio. ¿Hubo momentos de creación colectiva o tú llevabas las ideas definidas al estudio?
Fue como en el primero. Ya tenía las ideas definidas. Algunas cosas se fueron dando en el estudio… A veces les digo a los músicos que participen libremente, pero en general todo este proyecto sigue siendo personal.

En un par de temas del segundo disco (“Some Day the Lake Will Come to Me” y “Waltz for an Albatross”) se nota presencia del metal pesado. Incluso hay quien ha escrito que en ese disco te acercaste al metal progresivo. ¿Fue algo intencional?
Puede ser. Hay algunas cosas del metal que me gustan, pero la mayoría no; pero supongo que si quería ir hacia la fuerza tenía que llegar a lo que sí me gusta de ese estilo, que es cierto tipo de batería y de guitarra, pero no el rock pesado como tal… Pero son cosas que se me dieron en ese momento.

¿A qué crees que se debió?
Quizás porque cuando salió el primer disco me dijeron mucho que tenía una influencia medio caleta del doom metal me animé a escuchar un poco de eso. Nunca había escuchado ese estilo. Quizás algunas cosas se me quedaron… Pero no escucho mucho eso. Pueden haber sido dos o tres temas los que más influyeron, pero no un disco entero. No escucho mucho el metal. Me desgasta.

¿Y en tus nuevos temas mantienes la característica de no cantar en español?
Sí. Incluso estoy usando más un idioma inventado, el machtechense, que utilicé un poco en el primer disco y más en el segundo…Es que creo que ya perdí todas las ganas de decir algo concreto en la música… Pero lo del inglés es porque sonoramente se emparentaba más con lo que hacía. No era por usar un determinado idioma. El español todavía me resulta muy de balada. Hay algo muy seco en él. No tiene la fluidez de sonido que siento en el inglés.

Esto de crearte un idioma propio ¿a qué responde? ¿Quizás a hacer una realidad propia, ajena a esta?
Siempre he jugado con los idiomas de esa forma, sin pensar mucho en por qué. Si lo pienso mucho, veo que todo tipo de letra llega en algún momento a ser pobre, incluso la mejor escrita. No llega a cubrir las cosas que quiero o, peor aún, a no interesarme; y me parece que inventar un idioma es más que nada inventar sonidos, y eso me permite meterlo como un instrumento más en la música. Me sirve para… No se qué pensará la gente respecto a mi música, pero yo me estoy divirtiendo mucho con lo que hago (risas). Tal vez no doy esa imagen.

El concepto de diversión no está asociado para nada con tu música.
Es todo lo contrario, pero la paso muy bien.

La gente que se interesa por tu música ¿qué no tendría que esperar de ella? Es un hecho que muchos quieren saber de qué estás cantando, pero en el segundo disco, a diferencia de Emilio, ni siquiera pusiste las letras de las canciones.
Ni siquiera le puse título. La “N” sale porque estaba obligada a poner algo… Hay una idea que tiene la mayoría sobre la expresión de sentimientos. En base a ella se identifican con tal o cual cosa, y yo no voy mucho por ese lado. No busco ser expresiva. Me dicen que lo que hago es muy hermético. De algún modo es así adrede pero también tiene que ver con cómo soy. Entonces, puede ser que con el machtechense o que con que el tipo de música que hago me esté blindando. No estoy buscando que alguien me diga que se identifica con lo mío. Tal vez porque no suelo andar con mucha gente es que esta idea del emparentamiento con lo que escuchas no tiene sentido para mi. Lo mío no es buscar sentimientos y experiencias con las que te puedas identificar. Es muy frío en ese sentido y soy consciente de ello. Lo que me perturba es que la gente confunda frío con deshonestidad. A veces pasa, aunque ese criterio de la honestidad es muy ambiguo y no debería usarse en la música.

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Kate Nash “I Just Love You More”

¿Cuánto tiempo deberá pasar antes de que podamos detectar a nuevas bandas de “influencias dosmileras”? ¿Llegará ese día? Mientras esperamos la respuesta, prepárense para lo que podría ser un revival de los noventa (porque realmente nunca hubo uno en la década pasada, no?). Miren si no a la cantante británica Kate Nash, quien ha cambiado la dulzura pop, el piano melódico, la ironía elocuente y el dejo cockney de “Foundations” por la guitarra corrosiva, los gritos destemplados, la parquedad lírica y el espíritu riot grrrl de este ¿romántico? avance de su próximo álbum. La juventud sónica se lo agradece.

Kate Nash “I Just Love You More”

Deneuve «Playa Romano»

Me tomé un intermezzo tropical quizá muy prolongado. Por andar por estos rumbos no te pude ver. Y tú te fuiste a casa. Tratamos de escapar del bombardeo publicitario, de los escaparates y vitrinas cargados de corazones plastificados. Ya sea Lima o Madrid, Valentín no da tregua alguna. Playa y nieve dialogan por el mail tratando de entender saltos temporales y los juegos de ajedrez de los dioses. En algún momento dejaremos la virtualidad y fatigaremos las costas. Mientras tanto, y como consuelo, escucho tranquilamente lo que me dice Elena.

Deneuve “Playa Romano”
Del álbum El Amor Visto Desde el Aire (2002)
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Tulsa // Espera la Pálida

Desborde pasional que parece tocado desde una cantina, pero en español. Aquí el discurso desolado y la catarsis en onda country folk se reflejan en el paisaje castellano y no en el desierto norteamericano. En el segundo disco de la banda de Miren Iza la desesperanza y el dolor marchan contenidos. Tanto como las guitarras y la base rítmica que no ceden al frenesí y distorsión del género. Una mujer se queja sin susurrar desde la oscuridad, desprovista de fe, amor y familia. Eso sí, sin apelar al melodrama o el registro kitsch, que no estamos en una película de Almodóvar.

En el universo de Tulsa, como en el de otros actos ibéricos (Klaus & Kinski o Sr. Chinarro, por ejemplo) hay una fascinación por el elemento religioso que se deja ver claramente en las letras de este álbum. Así, la culpa y el desconsuelo se viven como una experiencia sagrada y profana al mismo tiempo. Se bebe generosamente el vino en el templo y el bar, que finalmente terminan siendo equivalentes.

Entre Russian Red y Christina Rosenvinge, los labios (el inferior y el superior) de Miren relatan un vía crucis personal y universal. Símbolos que brillan entre lo místico y lo trivial. Oraciones que por la gracia de la melodía se han transfigurado en canciones.

Tulsa “Matxitxako”
Del álbum Espera la Pálida (2010)
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The Go Find // Everybody Knows It’s Gonna Happen Only Not Tonight

Tenderse en una hamaca y no hacer absolutamente nada. Que viva no solo el tiempo de los enamoramientos sino también el de la siesta. Revisitar una y otra vez todos los malecones del mundo. Alejarse de una vez por todas de las ciudades y tomar la ruta del mar. Abolir los lunes de los calendarios y hacer de nuestras vidas el imperio de la procastinación. Un catálogo de canciones reivindica nuevamente la evasión, la búsqueda del paraíso perdido, mira de reojo a los atardeceres del pasado y estalla como una goma de mascar intensamente roja en los labios de ella. La narrativa de iniciación se solaza en cada uno de los temas del tercer disco de The Go Find y deja que la nostalgia por la adolescencia reine en toda la grabación.

La remembranza de Dieter Sermeus (artesano responsable de este proyecto) como la del pop europeo de este tiempo se apoya en la sutil comunión de guitarras acústicas y arreglos electrónicos. Melodías evanescentes, estribillos agridulces y un apego decidido por el formato de canción. Suites que nacen de los hallazgos de Air y la nueva ola francesa. Casi como observar a Antoine Doinel contemplando extasiado a las hermanas Lisbon retozando en su campo de juegos.

Una plegaria, un deseo susurrado casi desde el limbo de lo onírico: volver a los 90, a un tiempo mejor, de licor barato y de complicidades deliciosas. Una resaca con sabor a Coca Cola que no necesitaba aún de ibuprofenos y demás prescripciones médicas. El sueño adolescente estrellándose contra las nubes a la velocidad de la luz, desencadenando explosiones celeste y rosa. Jornadas interminables que concluían con un silbido alegre perdiéndose entre las calles que empezaban a despertar.

The Go Find “Everybody Knows It’s Gonna Happen Only Not Tonight”
Del álbum Everybody Knows It’s Gonna Happen Only Not Tonight (2010)
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M.I.A. «Theres Space For Ol Dat I See»

Solo por hoy me imagino que soy tú, Yelle. Para ti las cosas son más fáciles, sabes. Haces pop. Yo hago la revolución. Quizá ese sea mi problema. ¿Me tomo las cosas demasiado en serio? No lo sé. Quisiera que todo fuera divertido, que grabar un álbum volviera a ser una fiesta desfachatada y excitante. Sí, sería un sueño volver a grabar mi primer disco una y otra vez, como si fuera un carnaval interminable. Ahora quiero demostrar que hago música respetable, sabes. O sea, yo ya estoy en las semanas de la moda. Soy la banda sonora en todos los happenings de mis amigos artistas. Pero supongo que hay algo más en la vida, ¿no? Y ya me cansé de esos cartelitos, como si yo fuera la aldea global desfilando ante los ojos de toda esa gente pendiente del último hype. Mi propuesta es ecléctica, eso dicen. Claro. Yo soy la radio del mundo transmitiendo ininterrumpidamente. Por eso me dieron ganas de meterle bala a los del New York Times. Oigo ruidos en mi cabeza, y creo que no llegan a articular una melodía. Eso me apena. ¿Deberé apegarme a los jueguitos de computadora, a tentar las estrellas buscando una respuesta? Soy capaz de llamar a mis seguidores a la anarquía desde Twitter, pero no puedo ordenar las ideas para mi tercer álbum. Tú sí que la pasas bien. Intercambias canciones con Robyn, colaboras con proyectos electrónicos italianos. Metamorfoseas y suenas como si fueras yo. ¿Qué tal si nos juntamos pronto? Tal vez grabemos algo o simplemente vaguemos por las calles alterando el tráfico con nuestras mallas. Porque finalmente, a quién engaño, siempre he sabido que no hay mejor revolución que una canción pop.

M.I.A. “Theres Space For Ol Dat I See”
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Crookers con Yelle “Cooler Couleur”

Yelle, imagínate que eres M.I.A. viajando en una nave espacial, acompañada de dos robots, hacia una fiesta en otro planeta. Cada vez que aprietas el propulsor de velocidad luz (porque se te hace tarde), suena un coro sideral similar al de “Silver Trembling Hands” de The Flaming Lips. De cuando en cuando se aparecen los Invasores del Espacio en tu camino, y no te queda más remedio que derribarlos. Lo que no sabes es que basta un guiño tuyo para que te abran paso, enamorados.

Crookers “Cooler Couleur” (con Yelle)
Del álbum Tons of Friends (2010)

Still Life Still «Kid»

Caminar por el corredor de tu colegio a veces te puede hacer sentir una creación de Tom Savini o recordar alguna película de Romero. Entre el paseo extático de Elephant y la fascinante excursión de Let the Right One In, el video de promoción de este proyecto canadiense es la constatación que la experiencia escolar es la verdadera Zombieland.

Still Life Still “Kid”
Del álbum Girls Come Too (2010)

Massive Attack // Heligoland

Un cisne azulado planeó sobre Bristol durante la década de los noventa. Recogió el sonido de la calle, captó el silencio de la madrugada desolada. Tomó absolutamente todo lo que tuvo a la mano y jugó con ello como le dio la gana: lo destrozó, lo fragmentó, miró con curiosidad al interior de esos desechos y luego volvió a darle forma; era un latido hermosamente oscuro que brillaba desde el vinilo. Desde Gran Bretaña nuevamente se intervenía la rica tradición de la música negra norteamericana, se dotaba de vida a esa extraña y anodina etiqueta llamada R&B, el hip hop mutaba y se fundía con los arreglos de cuerda con insospechada naturalidad, un ejército de divas que podía figurar en un coro gospel o en el Studio 54 inundaba el ambiente con sus cánticos desesperanzados. Desde las consolas, el colectivo lanzaba las pistas y fraseos que entre la paranoia y la neurosis (des)aparecían en el espacio. Esa obra se llamó Blue Lines.

Luego el sampleo se torno esquizoide: la Velvet e Isaac Hayes se iban de juerga mientras Kraftwerk tirado en una playa jamaiquina deformaba las bases sobre las que el maestro Horace Andy erigía un altar para su musa morena. Massive Attack se refugió en las tormentas eléctricas, proyectó haces de luz junto a Liz Fraser para después callar. Pugnas creativas, egos y fantasmas del pasado harían que Robert del Naja se quedara solo. Ahora él tenía todo el control: el muro de sonido de la banda al fin estaba a su disposición. 3D en un acto de ansiedad hizo estallar todas las ventanas a su alrededor para poder escuchar su propio corazón, pero el ritmo estaba ausente. La oscuridad, esta vez sí se había instalado en Bristol.

El beat ha regresado al cerebro del artista. Daddy G es nuevamente el compañero de batalla y el viejo Horace sigue llorando las canciones. Todas las voces del mundo quieren grabar con Massive Attack porque solo ellos las pueden hacer “sonar”. Shara Nelson desde un rincón olvidado puede dar fe de ello. Intensidad y espiritualidad que reptan y flotan desde este nuevo hito, frágil y nervioso, como los seres atormentados que divagan en sus historias. El ritmo protege la confesión, acompaña el delirio y se deshace ácidamente junto con él. El tándem creativo ha reelaborado los tratados musicales del pasado, retomado sus raíces negras: dub y groove forman otra vez parte del juego. Lento y brumoso se agita este magma sonoro y sirve de apoyo para que Damon Albarn en medio de la noche lance la única pregunta realmente importante en esta vida.

Massive Attack “Saturday Come Slow” (con Damon Albarn)
Del álbum Heligoland (2010)
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