The Phantom Band “Burial Sounds”

Desde Glasgow, esta banda parece poseída por Nick Cave en clave krautrock a ratos para luego pasar a las lamentaciones en onda Will Oldham. Inquietos fantasmillas que hacen más soportable la espera del nuevo material de The Devastations.

The Phantom Band “Burial Sounds”
Del álbum Checkmate Savage (2009)
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Klaus & Kinski “Ronnie O’Sullivan”

 

Saturen de relajación cantaba Dargelos hace algún tiempo, y dicha imagen calza a la perfección con la performance del grupo de Murcia en este caos de guitarras y voces susurrantes en la línea del mejor MBV.

Klaus & Kinski “Ronnie O’Sullivan”
Del álbum Tu Hoguera Está Ardiendo (2008)
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The Mountain Goats “Thank You Mario but Our Princess Is in Another Castle”

Lejos de recurrir al predecible expediente de la electrónica de 8 bits, el entrañable homenaje que John Darnielle le rinde al videojuego que tiene como héroes a dos fontaneros es una delicia apacible y acústica cantada desde el punto de vista de Honguito, el guardián del castillo y encargado de recibir a Mario con la conocida frase que da título a la canción, en la que también interviene la dulce voz de Kaki King (¿la princesa?). The game is never over for a game lover.

The Mountain Goats “Thank You Mario but Our Princess Is in Another Castle”
Del EP Black Pear Tree (2008)

Amanda Palmer “Oasis”

Mientras que el cabaret punk de los Dresden Dolls duerme por ahora el sueño de los justos, Amanda Palmer, la piernona del dúo (sí, estamos de nuevo en racha de malcriadez), continúa lanzando a diestra y siniestra videos promocionales de su disco solista. El más reciente, “Leeds United”, es sobre… no sé bien qué, pero como es una canción que no me convence y como yo le voy al Necaxa, prefiero poner la festiva “Oasis”. Y no porque sea hincha de los Gallagher, sino porque la historia de una chica menos preocupada por abortar que de recibir respuesta de su grupo favorito es divertida y controvertida.

Amanda Palmer “Oasis”
Del álbum Who Killed Amanda Palmer (2008)

Jessy Bulbo “No Escuches A Tus Idolos”

Como una de las partes favoritas de nuestro cuerpo es el ombligo y uno de nuestros pasatiempos preferidos es el exhibicionismo, no nos quedaremos con las ganas de felicitarnos en público por haber alcanzado los 2000 comentarios. Ocasión que festejamos con un cover de “N’écoute pas les Idoles”, el clásico de Serge “Mañoso” Gainsbourg que hiciera famoso France “Isabelle” Gall, que interpreta Jessy “Maldito” Bulbo y que Revista «Contreras» 69 dedica a sus fans.

Jessy Bulbo “No Escuches A Tus Idolos”
Del álbum Taras Bulba (2008)

Christina Rosenvinge “Canción Secreta”

Christina Rosenvinge también se adelanta a la Navidad y nos regala, encantadora nota de presentación mediante, este arrullo no incluido en su reciente álbum Tu Labio Superior:

Mis queridos amigos

Os mando esta canción que no está en el cd, que nunca he tocado para nadie, que no creo que oigáis en la radio (es un antisingle), en fin, esta canción secreta con la que llevo meses peleando, que se niega a existir, me hace el vacío y lo que es más, que me detesta por haberla escrito y ha llegado a amenazarme

Como yo le tengo mucho cariño a pesar de nuestras diferencias y me apena esta situación he decidido darle una vida secreta y os la regalo para que a su vez se la regaléis a vuestros amigos, y vuestros amigos a su vez hagan lo mismo y así llegue hasta cualquiera que la pueda apreciar. Por favor, ayudadme a alargar su pequeña vida azarosa en el secreto de vuestras casas (aunque ella no esté de acuerdo y no quiera saber nada del asunto)

No os cortéis y pasarla de mano en mano junto a esta carta. Quién sabe a dónde llegará!

Un beso muy, muy grande (y nada secreto en cambio) para todos, y mis mejores deseos para el año 2009

Mua

Christina R

Christina Rosenvinge “Canción Secreta”

 

Monsieur Mono con Ariane Moffatt “Comme en Temps de Guerre”

El sambenito de los dúos. No se descubre la pólvora en la fulminante combinación de chico-chica juntos en el instante eterno de tres minutos de pop. Coartada sumamente acostumbrada en la chanson, esta vez el deleite viene de ese universo paralelo a Francia llamado Quebec. M. Mono es un chico folk, afanoso de los arpegios más clásicos del modelo Gainsbourg y a ellos traslada el eclecticismo sonoro de Ariane. Si es en francés, que viva el tiempo de los enamoramientos.

Monsieur Mono con Ariane Moffatt “Comme en Temps de Guerre”
Del álbum Petite Musique de Pluie (2008)
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Beach House en Roma

Beach House. Roma. Circolo degli Artisti. 25.11.2008

Son casi las 10 de la noche y debo salir. El autobús llega y alentado por la falta de tráfico, viaja raudo y me deja en mi destino: lo que queda de un viejo acueducto romano. Paso por el costado de un arco de piedra en la via Casilina Vecchia y pocos pasos después me encuentro en la puerta del Circolo. El centro de reunión por excelencia del arty romano. La sala de conciertos-exposiciones-happenings (y pizzeria) más concurrida por esa gente de extraño pelaje y raros peinados nuevos. Y Roma es una ciudad arty, créanme. Uno piensa «si has visto uno, los has visto a todos» pero ello es transitar un camino equivocado. Ser arty en Roma tiene otra connotación. Se nota en la mirada lánguida (pero sorprendentemente chispeante), en la manera de vestir descuidada (pero notoriamente estilizada), en la actitud displicente (pero curiosamente desafiante). Muy lejos de lo que nos muestran las series de televisión americanas o de las versiones locales. Por eso, cuando vez salir a un espécimen auténtico del otro lado del océano, de esos que pueblan (o deben poblar) el Soho en NYC y salir en todos los números del Village Voice, tu reacción no puede ser otra que el desconcierto. El mismo que debe probar Jana Hunter, la amiga y telonera de los Beach House, al ver esta cantidad de rostros que la miran y que, evidentemente, no conocen su material. Casi una versión femenina de J. Mascis de Dinosaur Jr, su pinta es envidiable: pelo largo y descuidado, polo negro de manga corta, jean suelto, lentes gruesos. Poca empatía en el escenario. Hastío ante todo lo que parezca interacción con el público. La esencia pura del indie delante de ti: todo en ella grita «cuatro canales». Con sus canciones perezosas y rítmicas, el show es pequeño, minimalista, descarnado. Apoyada alternadamente por los integrantes de Beach House, desarrolla una performance que va de menos a más, un tanto desangelada pero que recoge los tímidos aplausos del público ante unos temas que suenan mejor cuando cuentan con los arreglos de rigor y unos silbidos que los rodean de un especial encanto.

La gente, sin embargo, está más preocupada por ver a Beach House. A sentir su particular sonido, sacro, trascendente, conventual, lleno de ese phatos crepuscular que es el santo y seña de la banda: culpa y expiación en clave analógica. Y es lo que la gente recibe. Y lo que reciben ellos de la gente. Devoción. Cromáticamente emparentados con las luces del local (su vestuario hace juego con las mismas), Victoria Legrand y Alex Scally salen al escenario y empiezan su show sin mediar palabra. «You Came to Me» es la elegida para empezar la velada. En la soledad del escenario, con el apoyo de tan solo un baterista, podemos ver el delicado equilibrio sobre el que se construyen las canciones de Beach House: lo espectacular de la voz de la Legrand, Nico rediviva, y ese órgano perpetuo que le otorga a la banda su sonido característico, hace que olvidemos que estas canciones descansan (y dependen) del entramado de programaciones y contrapuntos guitarreros que Scally sabe manejar con singular talento. Un trabajo silencioso que la puesta en vivo nos ayuda a tomar en debida cuenta. En medio de la seriedad de la melodía, la tenue luz del escenario hace que resalten los juegos de luces hechos de puntos azules y rojos, a veces violetas, a veces granates. Es una grata sensación. Cuando acaba la canción, los ruidosos aplausos del público parecen sorprender a la banda. Siguen el show con «D.A.R.L.I.N.G.». A mitad de camino entre Mazzy Star y los Beach Boys, la canción es perfecta para crear esa atmósfera de melancólico abandono que caracteriza los temas menos graves del grupo y el auditorio lo entiende así. La calidad lisérgica del tema («Hawai en ácidos» dice la gente de la revista y razón no les falta) hace que nos perdamos cada vez más en los pliegues de su sonido. Unas luces más marcadas y un ambiente mucho más difuminado hacen parecer que el concierto se desarrollase en una pequeña y oscura iglesia. De esas muchas (decenas y cientos) que hay acá en Roma. El ambiente ideal para una banda como Beach House. Las luces, unos momentos azules, otro instante rojas, tiñen con sus colores las siluetas de dos personas que se mueven en el escenario cadenciosa y torpemente, como si lo hiciesen en la superficie de algún lugar sin gravedad. Como si jugando al fútbol sobre la esponjosa corteza de la Luna se dieran interminables partidos con gente que viste la camiseta del San Lorenzo, la del Barcelona, la del Bologna. O al menos que lo parecen.

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