Gonjasufi // A Sufi and A Killer

El disco inicia como un caos. Se disparan infinitas piezas al vacío. Los beats cambian constantemente, el pulso pierde el control, las pupilas se dilatan y parece que el tornamesa recibe los ritmos del mundo y un DJ frenético quisiera construir con ellos un edificio perfectamente irregular, un tótem de sonido, una Babelia de melodías.

El viajero llega a Glastonbury tiende su carpa, toma la dosis y desde la colina ve atardecer envuelto en dub y una luz intermitente. Monterrey. Una playa de California. La mezquita de Córdoba. Arthur Lee escuchando The Turtles. El sol está en el pasado y sobre el sampler, el sacerdote va recitando su mantra. Su voz flota en el ambiente, se refugia en la distorsión y sugiere colores y formas diversas. Lo heterodoxo reina en el templo de Gonjasufi, todas las sangres recorren los cuerpos y responden al llamado de la danza.

La oración se proclama devotamente en hip hop. El lenguaje va mutando. Colisiona con el rock. La banda sonora de Bollywood gira en torno al kraut y lo lleva por los aires y los suelos. Beck en su momento más desprolijo graba en un cuatro canales a la primera M.I.A. Hipnotizados y ebrios de amor creemos que el collage y la diversidad marcan el presente. La canción está enferma y suenan todas y una a la vez.

Gonjasufi “DedNd”
Del álbum A Sufi and A Killer (2010)
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Bear in Heaven // Beast Rest Forth Mouth

La elección parece evidente: el espacio como objetivo, reproducir el sonido del nacimiento de una estrella, captar las frecuencias estelares y reproducirlas en tu garaje. No renegar del pop o la melodía, pero tener como principal foco de atención terrenos más cercanos a la experimentación y no a la inmediatez de ser la sensación del verano. Esa es la ruta tomada por Bear in Heaven.

El grupo de Brooklyn trabaja con las texturas. Se complace en generar atmósferas plagadas de efectos y reverberaciones. Sigue el legado de proyectos de inspiración retro futurista (Laika o el Stereolab más apegado al theremin), y asemeja su propuesta a la que actualmente perpetran los colectivos sónicos canadienses. Si miras a las estrellas también necesitas una dosis de Manchester, evocar el Berlín de finales de los 70 y retomar los silencios y estallidos instrumentales del primer Slint. Ahora sí, ya estás preparado para entrar en órbita.

Pero como Grizzly, Panda y Sea, estos Bear también añoran el paisaje terrestre, el paraíso melómano. Y a pesar de lo dicho anteriormente, retoman el sendero de la canción. Regresan a la Tierra: unos sintetizadores juguetones y unos coros inequívocamente pop los atan a la superficie, ya han dejado de flotar y solo se limitan a ladear la cabeza.

Bear in Heaven “Ultimate Satisfaction”
Del álbum Beast Rest Forth Mouth (2009)
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The Flaming Lips // Embryonic

Todos buscan el 3D, escapar de la virtualidad y atrapar la realidad. En los noventa The Flaming Lips proponía la experiencia cuadrafónica con Zaireeka, y lo hacía desde el caos y la psicodelia. Porque en un principio, Wayne Coyne veía el sonido como un riesgo, como una tormenta eléctrica infinita, como una sinfonía de baterías aporreadas con algarabía y frenesí. Un día eso se interrumpió y en Oklahoma se desenchufaron las guitarras, frenando la distorsión e iniciando la búsqueda desesperada de la belleza a través del sampler y las texturas sublimadas: había llegado el tiempo de Yoshimi. Desde ese momento, Wayne, el hombre de la eterna camisa rosada, quedó atrapado indefinidamente en una burbuja, rodeado de una fauna aterciopelada que nada tenía que ver con las deliciosas excursiones psicotrópicas por un zoológico navideño que editara bajo el nombre de Cloud Taste Metallic.

Wayne se acerca a la naturaleza, huye de su prisión. Es un mago, un poeta o el miembro de una secta. Ha tenido una epifanía. Recuerda los setenta, se sienta a escuchar sus viejos vinilos de Zeppelin, invoca a Miles Davis mientras Dave Fridmann le alcanza el vocoder y una dosis de midazolam, propofol y lorazepam. Un nuevo acto de libertad creativa para la banda insignia de Oklahoma: guitarras desenfrenadas, baterías y bajos que parecen grabados en la Berlín del siglo pasado, sampleos de risas femeninas, líneas melódicas que escapan a las capas recargadas de efectos y saturación. Ahora miran los bosques de Ávalon, se solazan en las arenas de Canido: tranquilidad e intensidad se funden y hacen una. El universo se ha detenido, la tensión ha cesado, todas las constelaciones son visibles en este instante.

The Flaming Lips “Evil”
Del álbum Embryonic (2009)
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Kelli Ali “What to Do”

La artista antes conocida como Kelli Dayton se hace llamar ahora Kelli Ali. Más conocida en realidad como la vocalista original de los Sneaker Pimps, Kelli fue separada del grupo luego del aclamado Becoming X (del que se desprendieran hits como “Spin Spin Sugar” y “6 Underground”), supuestamente por razones creativas, pero más probablemente por purita envidia (uno de sus fundadores decidió ponerse al frente del micrófono), lo que la llevó a convertirse en solista a la fuerza, iniciando así una carrera que, lejos de insistir con el trip hop, la ha visto transitar por el dream pop y el rock and roll, y que acaba de recalar en el folk. Giro que ha incitado a las comparaciones con Goldfrapp, pero las diferencias entre el Seventh Tree y el el disco más reciente de Ali son evidentes. El Rocking Horse es decididamente más bucólico, por momentos casi medieval (notable lo de «The Savages»), y al mismo tiempo más psicodélico. Por otro lado, si Nick Drake hubiera decidido cambiar de sexo antes que de dimensión, quizás sonaría como Kelli en “What to Do”. Venganza literalmente dulce de Ali (de los Sneaker Pimps nadie quiso saber más).

Kelli Ali “What to Do”
Del álbum Rocking Horse (2008)