Javiera Mena // Mena

Javiera ha concluido con el tiempo del aprendizaje, ya no se le puede ver como una princesa adolescente transitando por un sendero de cristal. Ella no es más una niña veneno. Tócame parece decirnos: soy realidad. Artista del 2.0, de las coordinaciones vía las redes sociales. Mena es un disco personal, un pastiche de aquello que ya se había adelantado en el debut. Sutileza y programaciones. Un diario rosa llevado a la pista de baile. Un medio tiempo para moverse despacito entre ellas. Una bola de cristal, siluetas, tarde-noche, amor de matiné. Unos bloggers quinceañeros descubriendo con rubor que Pet Shop Boys cantan en esta ocasión solo para ellos.

Las canciones de este álbum que tiende a la perfección en cuanto a producción, cortesía del siempre acertado Cristián Heyne (el cerebro detrás de los entrañables Christianes), rebozan de naturalidad y simpleza en sus letras, no de simplonería. Javiera le canta al amor, se solaza en las programaciones de un sintetizador, las cuerdas y los vientos abrigan el candor juvenil. Un tal Jens Lekman, Lido Pimienta y parte de Ladytron acompañan la serenata hi-tech. La chilena ha firmado su propio Corazones, es decir, ha registrado con inteligencia y sobriedad, un disco tierno y sensual, tímido y valiente, elegante y directo, sobre aquel sentimiento al que cantan por igual Tellado, Cavafis o Moura.

La chilena ya no es más una anécdota en la escena indie. Es mucho más que el cover de la Romo, o un crisol simpático de electro, disco y el abanico de estilos que puede acoger la posmodernidad. Javiera canta como nunca en este disco, su registro y performance en “Sufrir”, “El Amanecer”, “Hasta la Verdad” o la soberbia “Luz de Piedra de Luna” encandila inmediatamente: una voz orgullosa y sentida, un romanticismo latino que aflora a cada instante, que sigue el ritmo de la emoción y la traslada al baile. Un rumor, un latido, una confesión, pachanga, comunión. Javiera ahora tiene el control de los cuerpos: ha pasado al siguiente nivel.

Javiera Mena “Luz de Piedra de Luna”
Del álbum Mena (2010)

Museum of Bellas Artes “Watch the Glow”

Los Museum of Bellas Artes se unen a esa familia ligeramente incestuosa que conforman The Tough Alliance, Air France y JJ, y nos entregan una primorosa muestra de eso que aún no se deja etiquetar bien, pero que algunos se han esforzado en llamar “post rave bliss”, “Balearic disco” o “beach foam pop”, ese electropop de atmósferas hipnotizantes, coros etéreos y leve aire tropical que le prende velitas a St. Etienne, exhibe pasaporte sueco y mantiene un misterioso perfil bajo. Como si El Principito bailara en una rave celestial.

Museum of Bellas Artes “Watch the Glow”

Miles Kurosky «She Was My Dresden»

Elephant 6 no cambió el mundo, pero nos regaló un catálogo de joyas de artesanía pop, de disfuncionalidad emocional y de antropología musical: sueños de suburbio y la reinterpretación del legado de los sesenta; un paraíso melómano girando sin cesar en la tornamesa. Miles Kurosky, ex Beulah, abandonó el silencio, y recordó que él integra esa rica tradición americana de alucinados compositores, que tienen en la melodía a su fiel compañera. Miles juega con los estribillos, con las presencias y las ausencias, entrañable y solar, con un acompañamiento delicado y preciosista. Una guitarra susurrante que parece venir desde un bar perdido en el desierto cubre al trovador y desencadena la catarsis.

Miles Kurosky “She Was My Dresden”
Del album The Desert of Shallow Effects (2010)
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Vadoinmessico “In Spain”

No importa cuántos gatitos se esfuerce en matar Dios, la explosión demográfica felina continúa su onda expansiva en internet. Tanto así que 69, que hasta ahora había sido un blog a prueba de lolcats, ha tenido que sucumbir ante Socky y Daisy, una pareja de mininos ingleses que emprende un divertido viaje turístico por España, entre encantadores collages animados y una canción que podría ser de Death Cab for Cutie, si Ben Gibbard tomara más sol y más Rioja.

Vadoinmessico “In Spain”

Panico «Icon»

Cada vez se extraña menos el Barrio Central. En el pasado se vislumbran las estaciones del Santiago natal y una explosión eléctrica que jamás dejó de lado la parafernalia electrónica. En Panico se encontraron el sampler y el riff puntilloso, la efervescencia rockera y la vocación por el pogo bailable. El cuero abrazó coquetamente el rosa del maquillaje de las niñas alborotadas. Un carnaval pop que nunca renegó de su veta más afilada y provocadora, como si una Fender copulara con una mpc200. Más cómodos en ese espacio de indeterminación, oscilando juguetonamente entre el salón de karaoke y el festival de verano, el grupo continua con su exploración sónica. No importa el lenguaje; los códigos son tan solo un pretexto. Lanzando las caretas al aire y tomando la que les apetece, el quinteto cosmopolita viaja en el tiempo y no cae en la solemnidad para revivir un pasado glorioso: el caos guitarrero de los noventa nunca había sonado tan festivamente bailable.

Panico “Icon”
Del álbum Kick (2010)
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The Bird Day «Gonna Beg You»

Un llamado ancestral que parece venir desde coordenadas insólitas: una pandilla de slackers perdidos en el bosque te invitan a la danza hedonista. Un beat repetitivo, psicodelia para la pista de baile. MGMT coqueteando con Passion Pit. Sol y luna. Manchester y Nueva York. Ecos de noches de éxtasis y un nuevo himno para la colisión de los cuerpos. Consúmase sin ningún tipo de moderación.

The Bird Day “Gonna Beg You”
Del álbum Collect Vibrations (2010)
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The Love Language // Libraries

Desde una hamaca, ociosamente tumbado, Stuart McLamb ve las olas acercarse a la orilla. Alegría, unas margaritas, recuerda unas gafas rojas, susurra “Aleluya”. Busca un piano. La espuma viene a él una y otra vez. La tarde transcurre plácidamente y la playa se va llenando de parejas que muestran su amor como en una canción de Burt Bacharach, sutil y juguetonamente. Las sinfonías en esta ocasión escapan del registro lo-fi del debut. The Love Language, entre el susurro y el grito orgulloso, sigue apoyándose en los recursos de una pedalera para alcanzar la epifanía en clave de melodía.

Aromas de los sesentas, las lecciones de los Stones, el lamento de un trovador sobreviviendo a la abulia de un domingo por la tarde, guitarras grabadas por Spector para un vals que tiende al claroscuro… Stuart parece a punto de estallar; pero para no escapar de este mundo, para olvidar y recordar, dialoga con ella, delira con su contoneo, adorna sus dudas y miedos, remonta el goce, cubre todo de un canturreo alejado por completo del desencanto. El chico de la playa le canta a ella porque sabe que siempre volverá, girará frente a él y las cuerdas acompañaran el sueño. Cuando ella sonría, el mundo se inundará de luz. En ese momento, Brian Wilson será uno con el mar.

The Love Language “This Blood Is Our Own”
Del álbum Libraries (2010)
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Yelle “La Musique”

El esperadísimo regreso de nuestra francesa favorita ocurre a través de una oda a la música que curiosamente no suena tan festiva como las canciones que la hicieron conocida y que más bien la muestra un poco más grave, más urgente. Como si le hubiera agregado Kraftwerk a su Erasure. Todo esto sin ceder un centímetro de pista de baile. C’est l’amour du groove.

Yelle “La Musique”
Del EP La Musique (2010)