François & the Atlas Mountains «City Kiss»

Prefiero visitar una nueva ciudad luz. Alejada del ruido y los mismos parajes sin sentido. En ella me cantarás en un inglés afrancesado. Pensaré por un momento en Phoenix y me sentiré como Julian Barnes hurgando en los anaqueles de la literatura francesa. Me llenaré de clichés y no prestaré atención a lo que flota en el aire. Por un momento volveré a creer que todo viene a nosotros desde los sesentas. Finalmente, y como casi siempre, todo regresará a la normalidad cuando ponga la pista número 4 de un disco al azar.

François & the Atlas Mountains “City Kiss”
Del álbum E Volo Love (2012)
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Goldfrapp «Melancholy Sky»

Mientras todas creen merecer el trofeo por ser la más grande zorra, al margen de ese lío, ella prefiere volver a un paraje más cómodo y acogedor. Deja en espera al electro, olvida los compases ochenteros y los saqueos del pasado al estilo Ciccone. La rubia ha dejado de bailar y se desencanta de las representaciones teatrales y los vestidos cubistas. Ahora ella pasea sus miedos y paranoias meciéndose entre vientos y cuerdas. Cierra los ojos y nuevamente lo bucólico ha desterrado a la compulsión dance; los beats ya no agitan más ese corazón confundido.

Goldfrapp “Melancholy Sky”

Los mejores videos de 2011

1. Metronomy «She Wants»

2. Is Tropical «The Greeks»

3. Woodkid «Iron»

4. Parenthetical Girls «Doughnut»

5. Röyksopp«Senior Living»

6. Slow Club «Two Cousins»

7. Spoek Mathambo «Control»

8. Justice  «Civilization»

9. Die Antwoord «Fok Julle Naaiers»

10. Battles «Ice Cream»

11. Times New Viking «No Room To Live»

12. Radiohead «Lotus Flower»

13. DYE «Fantasy»

14. Karl X Johan «Flames»

15. The Vaccines «All in White»

16. Fleet Foxes «The Shrine / An Argument»

17. Azealia Banks «212»

18. Lykke Li «Sadness is a Blessing»

19. Evelyn Evelyn «Have You Seen My Sister Evelyn»

20. Esben and the Witch «Chorea»

Nicola Roberts «Beat of my Drum»

El carácter sensual de «Pon de Floor», revisitado con fuerza por Beyoncé últimamente, es recuperado nuevamente para lo que podría considerarse un coro de porristas enamoradas precedido por tambores de guerra. La nivea Nicola Roberts, otrora Girls Aloud, samplea a Major Lazer para cambiarle el ritmo en tonos que tienden a la coquetería pastel, sin que esto llegue a empañar el resultado final.

Nicola Roberts “Beat of my Drum”
Del single Beat of My Drum (2011)

La vida exagerada de Amy Winehouse

Escribe Christian Manzanares

Siempre me pregunté qué de provechoso podría resultar escuchar a James Taylor y Carole King. Mas si tal audición fue la catapulta hacia superlativos como Ella Fitzgerald o la ignota Dinah Washington, tal vez no haya sido un mal comienzo después de todo. Otra de las preguntas que siempre me abordó fue qué era eso que tenía (tiene) el jazz que te convierte en adicto a su particular ósmosis de técnica y libertad instrumental.

Pero ése soy yo. Alguien que no ha crecido en Londres, que no es mujer y que de su viejo escuchó Rubén Blades y Héctor Lavoe, no Coltrane ni Sarah Vaughn. Esos primeros discos a los que fue expuesta una virginal Amy Winehouse allá en Southgate, al norte de la capital inglesa, fueron determinantes para lo que se ha convertido hoy por hoy. El amor por el soul y el jazz que ahora esta niña terrible profesa sólo se explica gracias a esas experiencias familiares (algunos parientes son músicos profesionales en el género).

Si la has escuchado, notarás que su voz es un claro remedo de aquellas voces femeninas de jazz en los 40’s. Sesenta años después, el estilo se mantendrá incólume, pero son los tópicos entonces los que necesariamente deben variar. Ya no se trata del amor en la edad de oro de Hollywood, del amor para siempre y los matrimonios dorados. Amy es promiscua, adicta, borracha y encima, conchuda. Pero sobre todo, talentosa, nunca lo olvides.

¿Por qué una damisela con gustos musicales anclados en un género tan exquisito como poco relacionado a su propia generación es la comidilla de la prensa musical y favorita de periodistas especializados? Es lógico que una nena que no haya vivido épocas de glamour y esplendor no las refiera en las letras de sus canciones. Una joven citadina que ha vivido ya mucho para su edad sólo puede escribir de eso, de la rutina de una jovencita con hormonas alteradas, amistades peligrosas y relaciones de una noche, como mucho.

Volvamos al jazz. Tal vez muy avant garde para muchos de mi generación (casi tengo 30, por si acaso). Pero sí le admiro algo con lo que imagino que Winehouse se habrá relacionado mucho: su irrestricta libertad. No son canciones per se. Es la batería y el piano, trompeta y el contrabajo siendo, existiendo cada uno por su lado pero volviéndose uno, levantando vuelo, y luego brotando.

Mientras crecía, Amy desarrolló una innata habilidad vocal que la coloca encima del promedio de badulaques de videos ostentosos y música esperpéntica. Obviamente la oferta del contrato no tardó en llegar, siendo el favorecido Island Records. Su voz, sexy por naturaleza, cachonda, apasionada, iracunda, excitante, es algo único para una chica blanca de Londres. Es comparada con Macy Gray e incluso con Lauryn Hill, pero con apenas 20 años entonces ella sabía que aquel mundo que estaba empezando a descubrir le iba a dar más de lo que esperaba.

HONESTIDAD BRUTAL

Francamente, no me gusta mucho Frank (2003). Es el problema de prendarse más de la artista que de la música que interpreta. A esta edad, eso es algo intolerable (cómo será luego). El disco debut de Amy desarrolla sus arranques pasionales propias de tan tierna edad, propia de mujeres que quieren conocerlo todo ahora. Se dejan escuchar beats y grooves que te hacen oscilar la cadera, órganos vintage que le agregan un acorde toque lacrimógeno al ambiente, y vientos que hacen que el sol salga y todos nos alegremos. Pero algo falla. Es la amalgama la que no termina por coger cuerpo, está hecha de pop, soul, hip-hop y jazz. La producción corrió por cuenta de Salaam Remi, colaborador asiduo de Mary J. Blige.

«Fuck Me Pumps» fue la canción estrella, y culpable de que el disco se convierta en platino. Aquella que develaba en su video a una Amy con un cuerpo que ya se había desarrollado generosamente, con zapatos de taco muy alto y un vestido muy ceñido. Era una perfecta personificación de la arrogancia vocal de Nina Simone y la actitud de puta de Janis Joplin. El nombre hace alusión a una mujer que vestía zapatos de taco con correa en el tobillo, cuya forma de caminar pronunciada y seductora causara sensación en los cuarenta, y que hiciera muy popular la actriz Joan Crawford.

Pero si oso renegar de la música, no puedo sino agradecer la inteligencia de sus líricas, otro de sus talentos. Tanto la mencionada «Fuck Me Pumps» como el resto de canciones de Frank: odas a esos encuentros sexuales efímeros de un sábado por la noche («You can’t sit down right / cause your jeans are too tight / and you’re lucky it’s Ladies Night»). Frank exuda una madurez muy pronta para una artista tan joven, sin que eso ocasione que evite mostrar ciertos rasgos de vulnerabilidad que se agradecen. Quizás esto sea lo que hace que Frank falle: el disco, con canciones olvidables y monótonas, no está del todo a su altura, la de su voz y sus letras, y te hace preguntar cómo hubiera sonado Nelly Furtado haciendo covers de Billie Holiday.

Si «Fuck…» es simple en su ejecución, hay otros números que sin ser más complejos pueden resultar igual de atractivos. Ya sea una canción sobre guardar tus cosas en cajas luego de acabar la convivencia con tu pareja de turno, o sea una diatriba contra las mujeres mayores (bueno, de 30 años para arriba) por vestirse para otros y no para ellas mismas. «Take the Box» es cadenciosa, con un piano tristísimo, y un coro afectivo espectacular, que te recuerda a esas baladas soul de los 70’s. Empero, una de las cosas que la despechada Amy quiere que le entreguen en la caja no es más que un sostén Moschino, el cual el ahora ex se lo compró en navidad, brassiere que barato no es. Y muy trendy, by the way.

«I Heard Love Is Blind» es el otro highlight. Una crítica cool de la gamberra Amy a la escena musical, la vida sexual y bueno, a ella misma. También se destaca «Stronger Than Me», una pieza donde se muestra asada con su gil porque no le cumple, pues (y no hablo de la plata para el mes). La angustia, el adulterio y la obsesión son otras de las ofertas líricas que nos propone la chibola Winehouse. Alguien que disfruta ser mujer, pero que sabe cómo portarse ante los chicos. No queda mal con nadie.

Sin embargo, la crítica fue seducida y no hizo más que alabar las trece canciones del disco. Frank mostraba que esta chica tenía talento, pero de buenas a primeras debo admitir que me pareció más un disco para mozuelas que cotorrean en Starbucks luego de salir de la «office», que planean un fin de semana en algún centro comercial y luego se ponen lo comprado con descuento en algún tono barranquino (o en Spa, no sé, la que sea). La honestidad brutal, la femenina sobre todo, no es algo tan relativamente nuevo, es sólo que ahora la difusión es mayor. La «políticamente incorrecta» (jajajaja) Sex and the City tiene algo de culpa. «Where’s my moral parallel?» se pregunta en el track final «Amy, Amy, Amy», y la podemos enten-der cuando, toda ella libidinosa y ruda, pide a un hombre libidinoso y rudo. Por eso que en «In My Bed» relata con algo de crueldad cómo la única vez que le sostiene la mano a su ex pareja es para que «coja bien el ángulo». Una referencia preciosa a los placeres manuales.

Si algo comprobó Amy en esos días, es que la vida no es simple. Y hombres hay muchos, de varios tipos. Se puede simplificar, pero no garantiza la satisfacción. Es simple en este sentido: si no deseas seguir el camino que otros siguen, sólo puedes conseguir satisfacción hablando directa-mente al respecto. No es que sea yo un conservador en esas lides, para nada. Es sólo que me divierte escuchar las quejas de las mujeres respecto al «arte» de amar, y seguramente es una manifestación propia de mi nerviosismo frente a mi propia inutilidad de proveerlo. Pero eso es otro tema. Si hay mujeres que consideran que el amor a la antigua es el único valioso, bien por ellas, disfrútenlo. Hombres que piensen así también sobran.

LA RESACA DE TODO LO VIVIDO

Back to Black es el testimonio de cómo la celebridad y el potencial éxito comercial te pueden destrozar sin miramientos. Rumores sobre un violento adelgazamiento autoprovocado, adicciones, el abandono del jazz por la modernidad del R&B, y más, fueron temas de portada en pasquines y por un tiempo Winehouse casi lo pierde todo. Lo más lógico era sacarle provecho, y lo hace cantando nuevamente sus experiencias, con cualidades detallistas y de manera tan convincente que es inevitable sentirse identificado. Remi repite el plato en producción, ahora con la colaboración de Mark Ronson, que ha hecho de las suyas junto a Christina Aguilera y Lily Allen.

Definido como un disco neo-Motown, Back to Black es un triunfo que alegra nuestras expectativas. La voz de Winehouse muestra aquí sus diferentes contrastes. Sabe ser enérgica y poderosa, cuando no es frágil y emocional. Sigue ruda, con calle, pero también se pone tierna e incluso se muestra desprotegida. Todas esas contradicciones suman a la construcción del disco. La vieja escuela Motown es releída para unirse en sagrado matrimonio a las nuevas propuestas de la sensibilidad hip-hop de su generación, elaborando música que se siente nueva, fresca, contemporánea.

Es consciente de sus problemas. Su drama es ser alcohólica y pelearse con medio mundo (disquera, para comenzar) para no entrar a un programa de rehabilitación. Como si insultar a Bono no fuera suficiente, un supuesto desorden alimenticio y la impronta de tatuajes pin-up en sus brazos (vive fascinada con esa época) fueron la gota que derramó el vaso. Son esos problemas, es ese drama el verdadero arquitecto de Back to Black. «Rehab» no es más que un «jódanse» a su ahora ex sello discográfico. Si en Frank fue franca (duh!), aquí con mucha mayor razón no podía dejar de lado tal actitud. Aunque para muchos ésta sea autodestructiva. ¿La causa? Las once canciones tratan sobre cómo el alcohol y las drogas se interponen entre ella y las personas que quiere: «Me and my head high, and my tears dry, get on without my guy», dice en una línea de «Back to Black».

Dijimos que era frágil y emocional por momentos, y éstos llegan en temas como «Wake Up Alone» y «Love Is A Losing Game», con una fragancia doo-wop muy cincuentas, mostrando que más ecléc-tica no pudo ser. Más alusiones personales hay en «Me & Mr. Jones», nombre del rapero Nas, a quien le reclama haberse perdido el concierto de Rick Slick. En menos de cuarenta minutos, Amy Winehouse se reinventa con materiales que ya conoce. Su voz old school se conjuga perfectamente con la moderna mixtura del hip hop y el soul. Las chicas en los 60 no hablaban del licor y el alcoholismo. Tampoco de sexo y drogas. Las chicas de ahora, las que queman etapas desde muy tierna edad, parecen ya saberlo todo. Son más cínicas. Son capaces de sentarse a esperar a un chico en una disco y dejarlo esa misma noche una vez satisfechas. Back to Black es un testimonio de esa vida, tan suntuosa como insensible, cargada de confesiones atormentadoras. Diría que no me gustan las mujeres así. Pero son las primeras que busco cada vez que salgo un sábado por la noche. Claro, si me encuentro contigo Amy, es muy probable, es muy probable que ahora el que salga perdiendo sea yo.

Publicado en el número 13 de 69, noviembre 2007.

Pallers «Come Rain, Come Sunshine»

Melodías sintetizadas que escapan de la gelidez y los espacios de modorra y onanismo en los que suele caer la música que nace de la máquina. Secuencias que se repiten con elegancia y relajan los cuerpos mientras aguardamos la llegada redentora de un nuevo rayo de sol.

Pallers “Come Rain, Come Sunshine”
Del álbum The Sea of Memories (2011)
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Canciones para escuchar a 33 RPM

Entre las nuevas promesas del pop noruego y voces refrescantes que llegan desde la entrañable Guadalajara surgen profetas que esperan el fin del mundo o pretenden alcanzar la presidencia con sus fábulas musicales. Divas galas, poetisas dolidas por Bretaña y princesas que invocan la presencia del trovador desaparecido giran lentamente hasta que al final una sinfonía crepuscular late desde el vinilo, y proyecta la luz que alguna vez acompañó a los héroes del desierto o a los amantes insaciables del martini, y ahora los guía a perderse irremediablemente en los surcos de esta canción.

Mazes “Summer Hits”
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The Do “Gonna Be Sick!”
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The Pierces “We Are Stars”
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Destroyer “Blue Eyes”
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Hey Chica! “Lo Que Nadie Ve”
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Keren Ann “Je Fume Pour Oublier Que Tu Bois”
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Doug Hoyer “Oh The Wind Will Blow”
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PJ Harvey “The Words That Maketh Murder”
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Minden “Swift Way On”
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Woodsman “Insects”
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King Post Kitsch “Fant’es Last Stand”
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Cults “Most Wanted”
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Shirley Lee “Maidenhead”
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Austine “Le Coup de Foudre”
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Telepathe “Throw Away This”
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Lykke Li “Love Out of Lust”
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Vaccination “I’m With the Others”
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Sr. Chinarro “Babieca”
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Papercuts “White Are the Waves”
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Tall Ships “Plate Tectonics”
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Tennis “Baltimore”
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Stranded Horse “What Difference Does It Make”
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Stephin Merritt “Forever And A Day”
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Hercules and Love Affair “Painted Eyes”
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Philco Fiction “Help!”
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Tune-Yards “Bizness”
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The Sundelles “Me And You”
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Russian Red “Nick Drake”
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Bill Callahan “Riding for the Feeling”
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Danger Mouse y Daniele Luppi “The Rose with a Broken Neck” (con Jack White)
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Smith Westerns // Dye It Blonde

Tony Visconti no está en las perillas. El sol de California no inunda la sala de grabación. La heroína no es la droga más vendida en los suburbios de Chicago. Los marcianos no pasean por sus calles y tampoco retozan en las tardes escuchando los himnos de Abbey Road. Lo más probable es que Smith Westerns descubriera el brillo y desparpajo de Suede y Oasis antes que recibir una lección de glam del primer Bowie. La psicodelia y la búsqueda de formas infinitas habrán llegado a ellos por influjo de The Flaming Lips o Mercury Rev.

Ellos no albergan mayor pretensión que conquistar a todas las chicas que estén a su alcance, llenarse las venas de cerveza, alcohol y las drogas rápidas disponibles en el camerino. Rinden culto a esos 20 años que parecen desvanecerse frente a sus ojos. Cantan entre la euforia y la indiferencia: «Everyone wants to be a star on a Saturday night» sin llegar a ruborizarse. Piensan que en este punto, el lo-fi ya no es una opción estética viable, y dejan en el olvido aquel disco grabado en el garaje. Asienten cuando en las ruedas de prensa les mencionan a T-Rex y una década que apenas conocen por la colección de vinilos, y terminan por admitir que si Bernard Butler y Noel Gallagher no hubieran incendiado el mundo con sus guitarras, Chicago seguiría siendo para ellos la ciudad más aburrida del mundo. Porque de eso trata el segundo disco de Smith Westerns: de la abulia y sinsentido de la juventud y, al mismo tiempo, de la pasión y el frenesí como un estilo de vida. Envueltos en melodías que vienen desde los sesenta y setenta, con inmediatez y frescura, la banda de Cullen Omori desarrolla un nuevo capítulo de su educación sentimental. Remitiéndose a un pasado melómano glorioso, y con un gesto de desenfado adolescente trazan la ruta de los fines de semana por venir: “Yeah, it’s a waste of time / But the sun still shines / And it shines for you”. Y esa es una verdad innegable al menos en el universo del pop.

Smith Westerns “Imagine Pt. 3”
Del álbum Dye It Blonde (2011)
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Young Henry «Octagon»

¿Alguna vez extrañaste aquella tierra que nunca conociste? Jugando de forma similar con tu mente, Young Henry logra capturar ayudado por la electrónica los sonidos de esa canción J-pop que jamás escuchaste, pero que no tendrías problema en recordar.

Dualidad nostalgia/alegría en cada beat, será la inocencia del sonido o el hecho de que en tierras niponas siempre es un nuevo día. Es el ayer y hoy en cada canción.

Young Henry “Octagon”
Del álbum Octagon (2011)

Tune-Yards «My Country»

Abajo los nacionalismos y las dictaduras de cualquier ideología. Ese debería ser el credo a seguir en el terreno musical. En la pista de baile deberíamos envolvernos en lenguas de fuego, anular el pensamiento y sentir el llamado ancestral. Merril Garbus, alias Tune-Yards, hace suyas las enseñanzas de Byrne y Gabriel y se mueve con gracia en la intersección de todos los ritmos, ese punto de regocijo y desborde sensual que tanto le debe a la música negra. Un sistema de sonido que celebra con fervor lo diverso y que, afortunadamente, no reconoce banderas.

Tune-Yards “My Country”
Del álbum W H O K I L L (2011)
[audio:http://boxstr.net/files/7328583_6gzld/tune-yards%20-%20my%20country.mp3]