El espíritu adolescente se torna amargado entre guitarras que remiten a los dorados sesentas. Las tablas se han vuelto skates y envueltos en llamas recorren calles anónimas iluminadas por la Luna. Los Wilson del presente encubren su desazón en juegos vocales y escapan de la modorra jugando a la ouija bajo el sol.
La jornada empieza como cualquier otra. El discurso no se entiende, pero no hace falta, está claro que Esau, de lindos pantalones, nos lleva por uno de esos conocidos baños de popularidad políticos. Con las manos en alto lanza sus promesas diestras y egocéntricas. Él está tranquilo; tiene la fuerza anglosajona pirata de respaldo. El pueblo, iluso, parece responder. La necesidad decolora el pasado de opresión y la promesa de los capitales extranjeros se asoman como la mejor opción nuevamente. Esau se nota jovial y cercano al pueblo, muy bien asesorado hay que decirlo, pero llegada la noche estrecha la mano blanca corporativa detrás de todo. La misma mano con la que recogió un chapatí, un regalo del pueblo. Todo termina con la amenaza de continuar y una muestra de ostentación. Por favor, ¿hasta cuándo?
The Very Best “Yoshua Alikuti” Del album MTMTMK (2012)
Al margen del tiempo, Jason Pierce sigue levitando sobre nosotros. Cómodo con su elección, regresa para encender el amplificador y que las guitarras discurran por mares de distorsión. El ancla a tierra nuevamente son las voces que guían al pastor narcotizado por los caminos del folk y el gospel. Estamos listos para una nueva dosis.
Teclados a lo MGMT en etapa «Kids», viejo truco con nuevos rostros. Vale hacerse el olvidadizo y caer de nuevo como si fuera la primera vez; no te preocupes que aquí no te delataremos.
Sí, te hablo a ti hipster que gozó del EP de presentación de Foster The People y menospreció su disco debut: tienes una nueva oportunidad melómanamente megalomaniaca para hacer tuya esta melodía hasta que algún día (quizás en un centro comercial al que en verdad no quisiste ir) la escuches a todo volumen. Ultraje.
Sabrás que hacer, estás acostumbrado a cambiar lágrimas por sarcasmos. Tan solo recuerda que al retirarte no debes ladear la cabeza ni seguir el ritmo con el pie. Resignate y deja que la canción devore al mundo.
Somos como una noviecita adolescente. Ilusionadas, regresamos a los mismos tonos radiantes sobre dulces atmósferas cargadas. Nos inventamos romances en paisajes de naturaleza vasta y cielos color pastel, tatuajes triangulares y jugueteos tontos en cámara lenta. Luego, los estribillos exigentes y sintetizadores tambaleantes. La euforia del desamor nos encanta. La nostalgia que solo existe en nuestro trillado credo adolescente nos termina por intoxicar. Ya deberíamos ir pensando en aceptar la realidad, madurar y entablar algo serio con, tal vez, Wilco. Pero, ay, es que es tan lindo esto.
Cercano el advenimiento del amor a toda tienda comercial y espacio mediático disponible, nos preguntamos nuevamente si vale la pena invocarte, pícaro embustero. La respuesta a tamaña interrogante sigue siendo afirmativa, emisario del ángel caído.
Un canto diáfano y libre. Pausas y silencios que son arropados por la calidez acústica de una guitarra y el inocente aporrear de una pandereta. Cuerpos iluminados por la luz de una fogata y la presencia de las estrellas. Los noveles acólitos ingleses parecen cantar salmos inspirados por el fuego del profeta Drake, un fresco de belleza única que consuela a todo aquel que busca la verdadera revelación.
El dúo británico nos brinda en esta ocasión más que un single, nos entrega un mantra que se repite sin cansancio, un coro destinado a sonar en todos los estadios. Con una cadencia rítmica adictiva, The Big Pink busca su nuevo «Dominos», solo que esta vez las piezas no caen como en el famoso juego sino que intentan remontar los cielos como el hombre de acero. Las pistas de baile decidirán si en verdad llegan a elevarse o la gravedad hace lo suyo.
The Big Pink “Hit The Ground (Superman)”
Del álbum Future This (2012)
Un metrónomo debió acompañar el nacimiento de este universo. Así comenzaron las primeras sinfonías. Las travesuras de los dioses fueron amenizadas por Ennio Morricone. Siempre necesitados de una musa llamaremos a la próxima Victoria Legrand. Dejaremos que las guitarras planeen sobre todo ese panorama demostrando que aún es posible un mañana. Miraremos al sol buscando una respuesta. Ante el avance de su estela luminosa, haremos como Greg y Tessa, y plácidamente recostados veremos el verano pasar.
Mientras todas creen merecer el trofeo por ser la más grande zorra, al margen de ese lío, ella prefiere volver a un paraje más cómodo y acogedor. Deja en espera al electro, olvida los compases ochenteros y los saqueos del pasado al estilo Ciccone. La rubia ha dejado de bailar y se desencanta de las representaciones teatrales y los vestidos cubistas. Ahora ella pasea sus miedos y paranoias meciéndose entre vientos y cuerdas. Cierra los ojos y nuevamente lo bucólico ha desterrado a la compulsión dance; los beats ya no agitan más ese corazón confundido.