Massive Attack // Heligoland

Un cisne azulado planeó sobre Bristol durante la década de los noventa. Recogió el sonido de la calle, captó el silencio de la madrugada desolada. Tomó absolutamente todo lo que tuvo a la mano y jugó con ello como le dio la gana: lo destrozó, lo fragmentó, miró con curiosidad al interior de esos desechos y luego volvió a darle forma; era un latido hermosamente oscuro que brillaba desde el vinilo. Desde Gran Bretaña nuevamente se intervenía la rica tradición de la música negra norteamericana, se dotaba de vida a esa extraña y anodina etiqueta llamada R&B, el hip hop mutaba y se fundía con los arreglos de cuerda con insospechada naturalidad, un ejército de divas que podía figurar en un coro gospel o en el Studio 54 inundaba el ambiente con sus cánticos desesperanzados. Desde las consolas, el colectivo lanzaba las pistas y fraseos que entre la paranoia y la neurosis (des)aparecían en el espacio. Esa obra se llamó Blue Lines.

Luego el sampleo se torno esquizoide: la Velvet e Isaac Hayes se iban de juerga mientras Kraftwerk tirado en una playa jamaiquina deformaba las bases sobre las que el maestro Horace Andy erigía un altar para su musa morena. Massive Attack se refugió en las tormentas eléctricas, proyectó haces de luz junto a Liz Fraser para después callar. Pugnas creativas, egos y fantasmas del pasado harían que Robert del Naja se quedara solo. Ahora él tenía todo el control: el muro de sonido de la banda al fin estaba a su disposición. 3D en un acto de ansiedad hizo estallar todas las ventanas a su alrededor para poder escuchar su propio corazón, pero el ritmo estaba ausente. La oscuridad, esta vez sí se había instalado en Bristol.

El beat ha regresado al cerebro del artista. Daddy G es nuevamente el compañero de batalla y el viejo Horace sigue llorando las canciones. Todas las voces del mundo quieren grabar con Massive Attack porque solo ellos las pueden hacer “sonar”. Shara Nelson desde un rincón olvidado puede dar fe de ello. Intensidad y espiritualidad que reptan y flotan desde este nuevo hito, frágil y nervioso, como los seres atormentados que divagan en sus historias. El ritmo protege la confesión, acompaña el delirio y se deshace ácidamente junto con él. El tándem creativo ha reelaborado los tratados musicales del pasado, retomado sus raíces negras: dub y groove forman otra vez parte del juego. Lento y brumoso se agita este magma sonoro y sirve de apoyo para que Damon Albarn en medio de la noche lance la única pregunta realmente importante en esta vida.

Massive Attack “Saturday Come Slow” (con Damon Albarn)
Del álbum Heligoland (2010)
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The Ruby Suns // Fight Softly

Exotismo y pachanga que exalta lo tropical, pero no desde lo tradicional. Los ritmos y cadencias provienen del sampler y el desencanto de las letras son cosecha de la rutina diaria. Pop que abraza la idea de globalidad y que se refresca en los hallazgos de Wilson, Byrne y Gabriel. La atención de The Ruby Suns se posa en el Pacífico y cubre la idílica ruta que une California y Nueva Zelanda.

Sintetizadores y reverberaciones que no vienen del mar, pero que lo reflejan en su vibrante intensidad. Melodías que hermanan el proyecto de Ryan McPhun con otros celosos amantes del océano como Panda Bear o The High Llamas, aunque estas no siempre fluyan libremente y tengan que soportar el corsé de la parafernalia electrónica. Este provocador cóctel sonoro alcanza su mejor punto cuando cesa de intentar alcanzar el sol y las frecuencias estelares para tumbarse plácidamente en la arena, desnudándose de artilugios innecesarios y dejando que coquetamente la canción oscile de un lado a otro, cual pareo a punto de revelar una preciosa piel morena.

The Ruby Suns “Cinco”
Del álbum Fight Softly (2010)
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Gigi // Maintenant

Solo un melómano desbocado puede aspirar a una utopía como la que inspira el proyecto de Gigi. Una celebración de la canción pop de los 60: el culto a las melodías, a los juegos corales, a las bandas de chicas, a los arreglos grabados suntuosamente. Sí, este es un disco que se mueve en los terrenos de Phil Spector.

Con un horizonte más claro que el taimado Murdoch, Nick Krgovich y Colin Stewart retoman la estética de esa época auroral. Cuatro años les ha demandado reconstruir la banda sonora añorada junto a una decena de embelesados colaboradores. Se han rodeado de émulas de las chicas Motown y el espíritu de The Zombies flota en el ambiente. Los pianos y orquestaciones recorren todo el álbum y sirven de fondo a las narraciones que, a pesar del paso del tiempo, se mantienen vigentes: silbidos, palmadas y reverberaciones armoniosas que acompañan una historia de amor que nace con el verano o un encuentro furtivo en un suburbio cualquiera. Un carnaval de emociones que se resuelve en tres minutos y se renueva todas las tardes al caer el sol.

Gigi «The Marquee» (con Katie Eastburn)
Del álbum Maintenant (2010)
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The Happy Hollows «Death to Vivek Kemp»

Alejado de las pirotecnias visuales, de las pretenciosas arcadas del más nauseabundo art rock, este bello clip coloreado artesanalmente, reproduce en su simpleza, la divertida sensación de formar una banda junto a tus amigos, encender un amplificador y hacer que esa canción de tres minutos suene como si el mundo fuese a terminar. Historias anónimas de DIY que comienzan con la fuerza y vitalidad que solo la triada bajo-guitarra-batería puede conseguir y que finalizan cuando te avisan que la comida ya está lista.

The Happy Hollows “Death to Vivek Kemp”
Del álbum Spells (2010)

Quadron «Average Fruit»

Un beat sensual se abre paso. Una voz aterciopelada juguetea sobre esa atmósfera relajada. El soul y la electrónica copulan entre el dormitorio y la pista de baile, y en ese intermezzo un arreglo de cuerdas baña de azul todo el ambiente. Desde la gélida Dinamarca, Robin y Coco despliegan un pop hedonista y nocturno, ese que nació en el siglo pasado con Blue Lines.

Quadron “Average Fruit”
Del álbum Quadron (2010)
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Peasant «Into the Woods»

Un cantautor solo debe armarse de una guitarra y su voz. El discreto encanto de Damien DeRose viene de las melodías simples y cristalinas. Delicadas piezas que invitan a callar y dejar que Peasant señale el camino de la tranquilidad, ese paraje natural donde Elliott y Nick miran la puesta del sol mientras Markéta toca el piano.

Peasant “Into the Woods”
Del álbum Shady Retreat (2010)
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Charlotte Gainsbourg // IRM

Charlotte, vamos a probarlo todo, que solo se vive una vez. En este punto reniego de lo que diga mi iglesia. Dejemos que la música sea terapéutica. A mí me sirvió en el pasado si lo recuerdas. Hagamos un disco conceptual y ensayemos referencias diversas, demos mucha información. No tengamos miedo a que nos tilden de pretenciosos, igual lo harán: tú eres francesa y yo, a pesar del tiempo transcurrido, sigo siendo un folkie de Los Angeles.

Este álbum, no importa lo que digan los créditos, ha nacido en tu cerebro, literalmente. Busquen allí su génesis. Los románticos decían que transmitían directamente al verso los latidos ahogados de un corazón. Yo puedo presumir de haber traducido en música las frecuencias de tu cerebro lastimado. Eso y no menos dirán las crónicas. Recuerdo, sueño y memoria, que vuelven como un boomerang a ser el centro de tu universo creativo. Esta vez podemos decir que la poética la dictan tus neuronas.

En esta ocasión no suenas solo a electrónica de cuarto en alta definición. No evado los beats, pero dejo que el sonido fluya libremente, sea analógico o digital. Nos hemos disfrazado de T. Rex y Dylan en esta aventura. Una guitarra acústica o un sampler han servido para que dejes flotar tu voz sobre ella.  Ya no pensamos en las eternas comparaciones: sí, cómo no sonar a Gainsbourg, que me acusen de tomar prestadas las orquestaciones de tu padre en Histoire de Melody Nelson. Es inevitable que el espíritu de Serge esté presente: allí están sus arreglos hedonistas y las melodías preciosistas. El disco está marcado indeleblemente por nuestro ADN, si incluso mi padre, David Campbell, participa en él.

Sí, IRM nace de tu coqueteo con la muerte, pero tú has bebido la vida de Jane. Por eso, el sonido debía ser dulcemente pop. Irreverente, alegremente desfachatado. Dramático y apasionado. Finamente latino. Ahora, tú y yo, hemos renacido para la canción.

Charlotte Gainsbourg “In the End”
Del álbum IRM (2010)
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Bear in Heaven // Beast Rest Forth Mouth

La elección parece evidente: el espacio como objetivo, reproducir el sonido del nacimiento de una estrella, captar las frecuencias estelares y reproducirlas en tu garaje. No renegar del pop o la melodía, pero tener como principal foco de atención terrenos más cercanos a la experimentación y no a la inmediatez de ser la sensación del verano. Esa es la ruta tomada por Bear in Heaven.

El grupo de Brooklyn trabaja con las texturas. Se complace en generar atmósferas plagadas de efectos y reverberaciones. Sigue el legado de proyectos de inspiración retro futurista (Laika o el Stereolab más apegado al theremin), y asemeja su propuesta a la que actualmente perpetran los colectivos sónicos canadienses. Si miras a las estrellas también necesitas una dosis de Manchester, evocar el Berlín de finales de los 70 y retomar los silencios y estallidos instrumentales del primer Slint. Ahora sí, ya estás preparado para entrar en órbita.

Pero como Grizzly, Panda y Sea, estos Bear también añoran el paisaje terrestre, el paraíso melómano. Y a pesar de lo dicho anteriormente, retoman el sendero de la canción. Regresan a la Tierra: unos sintetizadores juguetones y unos coros inequívocamente pop los atan a la superficie, ya han dejado de flotar y solo se limitan a ladear la cabeza.

Bear in Heaven “Ultimate Satisfaction”
Del álbum Beast Rest Forth Mouth (2009)
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Holly Miranda // The Magician’s Private Library

Una fotografía fue el inicio de mi obsesión. Leí tu nombre y por eufonía recordé una tarea aplazada. Comencé a seguirte: divagué hacia Madrid, pero luego aterricé en Williamsburg. Nuevamente la bohemia neoyorquina. No me preguntes la diferencia entre un bar y una librería de Brooklyn, solo sé que de vez en cuando se deja escuchar una verdad entre tanto bullicio arty. Luego apareció tu voz. Silencio. Fuegos artificiales. Ciertamente, las palabras son el inicio del control.

Te he visto en movimiento. Vincent Moon ha sido el culpable. Robar un instante cualquiera y hacerlo eterno, convertir lo cotidiano en excepción es la tarea del artífice de La Blogotheque. Tu canto desnudo y cálido, sin arreglos innecesarios. Un violín in crescendo como cómplice para ver caer la tarde.

Eras la compañera de coro de Victoria Legrand, ella a veces callaba para no desentonar a tu lado. Sales de paseo con las gemelas de Múm y Kristín te pide que cantes para que el bosque brille como nunca con tu voz. Antes de grabar, buscas a Sierra y Bianca para escuchar Grace y Bryter Layter: cierran los ojos para que el beso y la canción nunca terminen.

Melodía y vanguardia. Pop etéreo, trompetas que estallan entre arrullos y guitarras encendidas para la excursión nocturna que me propones hoy, querida Holly. Una coqueta cajita musical para que el mundo enmudezca y solo se oiga tu voz.

Holly Miranda “Joints”
Del álbum The Magician’s Private Library (2010)

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Emmanuelle Seigner «Femme Fatale»

Modelos que fungen de cantantes. Actrices en devaneos con la música. Belleza, glamour y sensualidad trasladados desde el set y la pasarela al pentagrama. Rica es la tradición de los coqueteos y flirteos entre el cine y la música. En el caso de Francia, nuevamente es indispensable remitirse a la corte de divas que regentaba Serge Gainsbourg: la verdadera Factory, una celestial camada de divas producidas y dirigidas por el talento del dandy de la chanson. Bardot, Birkin, Gall, Anna Karina… fetiches hechos canción, un paraíso en la tierra para el melómano y lujurioso que llevamos dentro.

En el pasado más reciente, Carla Bruni planteó un debate entre ética y estética que no viene al caso revivir. Más cercano aún, la Cotillard y Franz Ferdinand demostraron que Dior nunca tuvo una mejor banda sonora para sus diseños. Ahora, un objeto del deseo toma el micrófono y busca encender el mundo desde el disco. La musa de Polanski, el cineasta que amaba demasiado a las mujeres, edita su primer álbum. No es sombrío o misterioso, no esconde sus pasiones detrás de una mirada insondable. Es pop directo e intenso, melodías solares urdidas junto a Keren Ann. Un juego de seducción propuesto por Emmanuelle, donde como en sus películas, ella impone las reglas.

Emmanuelle Seigner “Femme Fatale”
Del álbum Dingue (2010)
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