Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo, dijo Arquímedes.
Yo prefiero tener todos los puntos del mundo y jugar con ellos como un niño travieso, replicó Lichtenstein.
Veronica Falls “My Heart Beats”
Del single My Heart Beats (2012)
Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo, dijo Arquímedes.
Yo prefiero tener todos los puntos del mundo y jugar con ellos como un niño travieso, replicó Lichtenstein.
Veronica Falls “My Heart Beats”
Del single My Heart Beats (2012)
La película se ha velado. Los colores se disuelven y unos vientos nos guían al bosque. Se escucha Bryter Layter y Forever Changes por estos senderos. El magenta da paso a bodegones, naturaleza muerta y mientras se formula incesantemente la eterna pregunta celeste podemos atisbar la respuesta a través de transparencias de seda. Leo entrelíneas y sentenció que esta tarde descansaré en el paraíso gracias a este dúo atemporal.
La Familia del Árbol “¿Tú Me Quieres?”
De EP La Montaña y el Río (2011)
Diligentemente, Peglau pone todos sus instrumentos al servicio de su compañera. No es el arsenal de un músico progresivo, parecen más bien los juguetes de un niño inquieto. El ukelele marca la pauta de la melodía y señala las reglas del juego: celebremos el encanto de lo mínimo y dejemos el onanismo conceptual para los templos rockeros. Sin olvidar los devaneos de las bolsas de valores y las acreditaciones comerciales rutinarias, la pareja disfruta esta vez la creación de su primera canción de cuna.
Francois Peglau “I Wonder”
Del álbum Random Singles (2012)
El deseo se ha extinguido para siempre. Parecemos zombies caminando hacia un horizonte sin fin. El placer se consume como un fast food, y luego simplemente queda el olvido. Quizá eso le sucedió a aquel muchacho fan de The Beatles cuando MTV llegó a su ciudad. En esos días, el canal musical transmitía videos y no se ocupaba del bronceado de la muchachada de Jersey. Daniel Johnston cumplió el vaticinio de Warhol y su vida no volvió a ser la misma.
Daniel escuchaba voces y las convertía en canciones. O se volvían dibujos. Cientos de canciones. Miles de cintas. Viñetas de los héroes de la infancia. Casper protegiéndolo del mal y susurrándole al oído que esta noche el diablo no se apoderaría de la humanidad. Él podría estar tranquilo, acompañando al fantasma entrañable estaba el Capitán América quien había dejado su escudo para empuñar la cruz de la liberación y así lograr conjurar el poder del azufre. Daniel creía que sus epifanías lo harían más popular que Jesucristo, pero también sabía que nada de ello le daría lo más preciado: el amor de ella.
O quizás sí. Podría que ser muchas mujeres amaron a Daniel Johnston y se entregaron a él después de un concierto de Butthole Surfers o Half Japanese, y sin embargo esas historias de cuerpos retozando en el backstage de una ciudad anónima ingresaron a la nebulosa del tiempo y se perdieron para siempre. Porque Daniel podría estar rodeado de mujeres y sentirse invariablemente solo, atado a su religiosidad culposa y a una capacidad asombrosa para la autodestrucción.
Johnston llevó la disfuncionalidad de su vida a la canción y reveló desde la esquizofrenia y el fanatismo cristiano, un mundo maravilloso. A pesar de las criaturas celestiales y demoniacas que lo rodean, algo hermoso nace en cada melodía de este genio atormentado por una verdad que lo rebasa. Queda claro que no es el músico más competente y que su voz no es una revelación divina, pero cada una de sus obras son la mejor demostración del DIY llevado a su máxima expresión. Más allá del esnobismo intelectual que busca desesperadamente polos con ilustraciones del artista alienado, se encuentra la fuerza de la creación en toda su plenitud: Daniel abre su corazón y su mente en cada una de sus interpretaciones, prescinde del filtro y entrega poesía en estado puro.
Cada vez que pienso en Daniel Johnston recuerdo a uno de sus personajes favoritos: Silver Surfer. Como él, nuestro bendito cantautor sigue un camino incierto en un destierro que quizá no tenga fin. Ojalá algún día este heraldo encuentre la dimensión que buscaba y sea uno con la luz.
Reina Republicana “Worried Shoes” (cover de Daniel Johnston)
Del álbum Coloreando a Daniel Johnston: La Historia de un Artista (2012)
En un principio, tímidas melodías harían pensar en una cantautora saliendo de los bosques para hacer una acústica confesión. La languidez cede el paso, gira sobre sí misma, y cuando abre los ojos se encuentra en los setentas y la fórmula de Bacharach se impone en todas las radios. Esa es la carta de presentación de Knapp para desmarcarse del ejército revisionista folkie. Lapsus farandulesco: veleidosa damisela se hace acompañar en su debut por un ensimismado y apocalíptico trovador. Esperemos que al final de esta historia no se vuelvan a escuchar los sonidos lastimeros de una arpa.
Sophia Knapp “Close to Me”
Del álbum Into the Waves (2012)
Tras 20 años, y como al principio de su carrera, Dominique A disfruta en contar una historia, en desplegar la acción sobre un pentagrama. Como Callahan o Sr. Chinarro, han podido cambiar las formas de narrar, simplificado las estructuras y dejado caer las máscaras, pero sin perder nunca el lirismo y la sugerencia. Quizá el cantautor galo prefirió abandonar el barroquismo y los arreglos suntuosos, además del afán por abarcarlo todo cediéndole esa posta a Biolay. El adelanto de su nuevo disco lo muestra más cercano que en el pasado; más Eguren y menos Vallejo en su discurso musical. Una cabalgata sonora que acompaña una voz orgullosa y clara. Pareciera que el francés finalmente contempla en el horizonte un astro en fase creciente.
Dominique A “Rendez-nous la Lumière”
Del álbum Vers les Lueurs (2012)

Procrastinar, aplazar ad infinitum esa reseña. Mirar alrededor y encontrar siempre algo mejor que hacer. Exponer las menudencias de tu vida en 140 caracteres, por ejemplo. Reivindicar oportunamente el ocio y pensar que podrías escribir una novela sobre tus agujetas antes que ocuparte de esos sonidos sugerentes que giran constantemente a tu alrededor. Y encargas la sucia tarea de cumplir con esa obligación, nuevamente, a un recopilatorio.
Al menos otros podrán escuchar antes del fin una melodía oriental deformándose y mutando deliciosamente en manos de un artesano caribeño. C’est tout.
Red Shoe Diaries “Ice and Snow”
Burning Hearts “Burn Burn Burn”
Fujiya & Miyagi “Your Silent Face” (cover de New Order)
Los Chapillacs vs Mad Professor “Chullachaqui Dub”

Afortunadamente apagaron el vocoder. Haciendo gala de sutileza y elegancia, Air acompañó a las hermanas Lisbon en su excursión idílica entre la vida y la muerte para luego remontar los cielos y redescubrir extasiados lo que Méliès encontró en el lado oculto de la Luna. En esta ocasión, Jean-Benoît Dunckel funge de Gainsbourg 2.0 y tiene a su lado a la cautivadora Lou Hayter. Nuevamente la inspiración se encuentra en el pasado, en las películas de espías de los sesentas, en las chicas yeyés, en la contemplación de las estrellas a través del filtro de una copa de champagne. Mientras un auto muerde el asfalto de las pistas y las programaciones electrónicas se deforman en la oscuridad, la hermana menor de Christina Hendricks le lanza un beso a la silueta que va desapareciendo en el retrovisor.
Tomorrow’s World “So Long My Love”
Del álbum Kitsuné Parisien II (2012)
– Hay guitarras lánguidas y aires de verbena.
– Oh no, otra vez La Bien Querida…
– No, ella debe estar pintando algún fresco. Se sienten ecos de canción mediterránea.
– El adjetivo, cuando no da vida, mata. Pero las cuerdas me transportan a Donosti.
– El video te hará ver otras playas. Pensar en Safo, en la adoración del cuerpo femenino. En tener una maratón de L World el fin de semana.
– Tanto filtro de colores y esa iluminación tan cuidada. ¿No es un video de Canada?
– No, está codirigido por Milton Mahan de Dënver. Quizá es la respuesta femenina a “Los Bikers”.
– Son lindos los fetiches y de paso me recuerdan que las chicas que leen a Marx también pueden ir al cielo.
Templeton “Los Días”
Del álbum El Murmullo (2012)

Cenizas y silencio. Un barítono se apropia de uno de los salmos favoritos del poeta y lo cubre de electricidad. Los sesentas brillan en las colinas y las parejas no dejan de reír y llorar. Los colores se van alternando y las promesas repetidas en el atardecer de la isla griega se diluyen en el mar. Lo inscrito en la palma de la mano ha desaparecido y el conflicto se resolverá solo en el diván o el bar más cercano. El condenado arrastra las palabras, invoca a todos los símbolos cristianos, apela a las oraciones y musita su nombre invocando piedad: lo único que le devuelve el cielo es un ángel malherido. Ella ya te olvidó, judío maravilloso, y nuevamente todo vuelve a comenzar.
Bill Callahan “So Long, Marianne” (cover de Leonard Cohen)
Del álbum The Songs of Leonard Cohen Covered (2012)