Casi todos los estilos y formas de abordar la canción se congregan nuevamente por una buena causa. PEACE es la iniciativa y álbum virtual, coproducido por Buffetlibre y Amnistía Internacional Catalunya. Una visión caleidoscópica del mundo de la música que compila 180 canciones inéditas de artistas de más de 50 países que puede escucharse y /o descargarse en la web del proyecto: http://www.buffetlibredjs.net/peace.html. Tu donativo permitirá que Amnistia Internacional continúe con sus campañas y acción directa a favor de los derechos humanos. Una travesía atractiva que incluye a actos destacados de la escena musical actual como Mogwai, Marissa Nadler, Micah P. Hinson, Bart Davenport, Patrick Wolf, I’m from Barcelona, Javiera Mena, Entre Ríos y Voxtrot. El delicado y ensoñador pop electrónico de los mexicanos de Hello Seahorse! es un ejemplo destacado de lo placentero que puede resultar este viaje sonoro.
Hello Seahorse“Volando Me Voy”
Del álbum PEACE (2010)
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El paradero de James Murphy es desconocido. Luego del último fin de semana en Coachella debe estar viviendo el día después, el de la resaca y los recuerdos borrosos. El viernes por la noche se subió a una montaña rusa fuera de control y desde ese momento decidió no darle tregua al cuerpo. El rock y la electrónica volvieron a copular en el escenario del festival californiano: luces oscilantes presidian el desenfrenado carnaval desatado porLCD Soundsystem. La percusión retumbando en los oídos y un coro ácido que se va apagando y el brillo del champagne antes de la oscuridad. Inicia la semana y un video de 4 minutos puede servir de compendio a esa juerga interminable. Una fiesta al estilo DFA Records, registrada en una sola toma y que solo sigue la lógica del sinsentido total. Una horda de muñecos afelpados pone de vuelta y media a Murphy y sus cómplices. Sirenas, globos y confeti para una celebración deliberadamente masoquista. Un after party como el de los días de Bowie en Berlín, un glam retorcido y desfachatado para seguir alborotando las pistas de baile. Las botellas verdes han reaparecido y ella solo dice: yeah, yeah, yeah…
La escena siempre es la misma aunque no sea la misma. Lo sé porque la he visto decenas, tal vez cientos de veces.
La misma circunstancia, los mismos personajes, el mismo escenario.
El escenario, desde luego, es un lugar del bosque, o mejor aún, un lugar especialmente solitario del bosque. Los personajes, invariablemente, son el asesino y su víctima. La circunstancia: una persecución implacable, visceral, un corre por tu vida, como lo llamaríamos entre nosotros. Dispuestas así las piezas, la narrativa gore debería marchar según lo previsto, o lo previsible –porque, ¿dónde está el punto que separa lo previsto de lo previsible?– y convertirse en una exhibición de atrocidades. Pero en alguna parte del trayecto algo se subleva contra las premisas del género, invirtiendo los esquemas y desdoblando la imagen que nos habíamos hecho de sus protagonistas. Es como si en el mundo se abriese por un rato una grieta y nuestras certezas fueran succionadas al interior de ese agujero.
¿Cuándo? ¿En qué momento?
Todo esto, pensado para hablar del último vídeo de Health, bien puede hacerse extensivo al sonido de una banda que ha convertido lo siniestro en una turbulenta declaración de principios. Los puntos de partida –Loveless, XTRMNTR– revelan una emblemática afinidad con actos como Crystal Castles o Fuck Buttons. Pero quien haya oído Get Color, el formidable álbum que estos cuatro californianos facturaron el año pasado, tendrá que confesar su estupor frente a una música despojada de escaramuzas aéreas o travesías solares. Toda alucinación es aquí la prolongación de una realidad mutilada, lastrada por lo tanático y lo patológico. A pesar de las letras nebulosas. A pesar de la voz tenue, casi diría etérea, de Jake Duzsik. Health transfigura el noise en su versión más mundana. Se solaza en lo maquinal y lo enfermizo con ese aire lúgubre que oculta el futuro (porque el futuro, como ya se sabe, es el crimen). Danza entre reverberaciones metálicas. Distorsiona y lleva al límite las premisas que lo nutren. Tal vez por eso, precisamente, Get Color abre esa grieta y vislumbra los contornos de un universo retorcido que refleja a éste. El futuro. El futuro. Un mundo sumergido donde las identidades de perseguidores y perseguidos terminan por diluirse.
En algún lugar de este mundo (o de otro), complacidos, confundidos en un abrazo, George Romero y J. G. Ballard terminan de ver el vídeo y sonríen.
Por el momento, no más arrullos y cantos sibilinos desde Francia. Descansamos de la chanson exuberante y los arreglos preciosistas. La próxima Jane Birkin aguarda su oportunidad en algún lugar. Clara Clara, es un trío de Dijon que se sumerge en la disonancia y las explosiones eléctricas. Apegados a la disfuncionalidad sonora americana de los noventa, la postulada por los primeros Mercury Rev o Flaming Lips, el proyecto alterno de François Virot marca un ritmo trepidante y vigoroso en su álbum debut. Una fórmula vertiginosa que se resuelve entre una base rítmica descontrolada y capas de distorsión. Un mantra psicodélico recorre todo el disco y brinda matices a la fría ecuación en la que devino el post rock de nuestros días. El acople envuelve al estribillo pegajoso y las voces se disuelven en ácido. Juguetonamente, mutando y escondiéndose en los beats, subyace triunfante una melodía pop.
Electrónica de pretensiones arty cortesía de una francesa afincada en Berlín. Una mezcla generosa de los sonidos que animaron los clubes europeos durante la década pasada. El beat es reiterativo y machacante. Daft Punk fuera de control se infiltra en la pista de baile y cansado de girar declara estar nuevamente en la cima. James Murphy espera que se disipe la euforia para acercarse a Ninca y pedirle una sesión especial en su casa.
Ir intercambiando piezas, alterando los ritmos y jugando con los silencios. Verlo todo suspendido en las alturas, planear ligeramente y tomar una foto de ese instante. Desde que Eno intervino los ecos del mundo en un estudio de grabación, el ambient ha recorrido ya muchos terminales y fatigado demasiados aeropuertos. aAirial intenta deconstruir los tiempos, recrear la trayectoria de la luz solar e inquietamente ir articulando sonidos desde lo fragmentario. Una melancolía que nace del minimalismo sintetizado. Un latido que se convirtió en melodía.
aAirial “Untitled #4”
Del álbum Incoercible (2010, descarga gratuita)
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– Solo para los demás. Creo que nos veían como algo mágico, quizá como una invención. Una creación de algún productor tímido incapaz de dar la cara a los medios.
– De menos a más. Del blanco y negro al color. Vamos dejando signos. Colores y formas. Jugamos con el fuego como otros minimalistas.
– Me ha encantado ver tu rostro casi cubierto por aquel pañuelo. El sonido ha explotado y con él ha llegado el humo a mi lado.
– A veces un bolero espacial, otras un blues despojado de estructuras o la esencia de un tema folk. Todo ocurre en nuestra música como si se tratara de un rito ancestral. Veo tu cuerpo casi desnudo y deseo ingresar al templo.
– Lanzamos números y sangre. Algunas pistas. La mínima información. Que ellos mismos construyan en sus sueños la canción.
Si la parodia se repite al infinito puede que se pierda la gracia. Si un grupo de nerds deja el sótano y las laptop con las que dan sentido a su existencia y animan los bailes a los que nunca serían invitados comprobaríamos nuevamente que son inciertos los caminos elegidos por el pop para intervenir en nuestras vidas. En algún momento Hot Chip decidió cambiar las altas revoluciones y pasar a los medios tiempos, y así dejó de ser la máquina de singles de los primeros discos.
Ahora la nueva venganza, la broma hecha clip, toma como víctimas a los grupos de modelos devenidos en conjuntos musicales y a las masas juveniles que orbitan babeantes a su alrededor. Uno a uno irán cayendo los ídolos de juguete en esta divertida celebración del absurdo televisado. El protagonismo en los últimos tiempos, queda claro, ya no está en la canción sino en el morbo convertido en imagen. Ave Gaga.
Comprobando el estado de parálisis permanente que atraviesa la mayoría de los MC’s, la palabra la vuelve a tomar una lady. Continuando la senda de intensidad hecha beat trazada por Santigold y M.I.A. llega esta dosis refrescante de sampleos acelerados desde Florida. Sonidos de evidente inspiración ochentera para sacudir los cuerpos y alterarlo todo en la pista de baile.
Dominique Young Unique “Show My Ass”
Del EP Blaster (2010)
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El disco inicia como un caos. Se disparan infinitas piezas al vacío. Los beats cambian constantemente, el pulso pierde el control, las pupilas se dilatan y parece que el tornamesa recibe los ritmos del mundo y un DJ frenético quisiera construir con ellos un edificio perfectamente irregular, un tótem de sonido, una Babelia de melodías.
El viajero llega a Glastonbury tiende su carpa, toma la dosis y desde la colina ve atardecer envuelto en dub y una luz intermitente. Monterrey. Una playa de California. La mezquita de Córdoba. Arthur Lee escuchando The Turtles. El sol está en el pasado y sobre el sampler, el sacerdote va recitando su mantra. Su voz flota en el ambiente, se refugia en la distorsión y sugiere colores y formas diversas. Lo heterodoxo reina en el templo deGonjasufi, todas las sangres recorren los cuerpos y responden al llamado de la danza.
La oración se proclama devotamente en hip hop. El lenguaje va mutando. Colisiona con el rock. La banda sonora de Bollywood gira en torno al kraut y lo lleva por los aires y los suelos. Beck en su momento más desprolijo graba en un cuatro canales a la primera M.I.A. Hipnotizados y ebrios de amor creemos que el collage y la diversidad marcan el presente. La canción está enferma y suenan todas y una a la vez.