Viva Voce «Red Letter Day»

–Kevin, hagamos una canción con nombre de bolero… Y no dejemos jamás de sonar como una banda de Nashville, ¿ok?

–Aunque quisiéramos no podríamos, Anita. Te prometo que nunca nos pasará lo que a Wilco.

–Sabes, quisiera que esta canción fuera como una cabaña incendiándose en el desierto. Que mi guitarra dejara escapar un millón de colores…

–Sigues pegada a las pelis de Lynch, ¿no?

–No soy la única. La de Beach House también es fanática, y tú tienes todos los discos de ella. Por qué la mueca… ahora te ríes. No seas esquivo: ¿acaso ella canta mejor que yo? Kevin respóndeme… ¡Kevin, Kevin!…

Viva Voce “Red Letter Day”
Del álbum Rose City(2009)
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Hanne Hukkelberg «Bandy Riddles»

Este discurso suena bastante conocido. Artista de formación clásica (si se menciona que eso incluye una especialización en jazz, el índice de credibilidad alcanza su punto más alto) pero que abraza con ímpetu y fervor el eclecticismo sonoro: formar una banda de death metal, declararse fan de Einsturzende Neubaten y grabar un primer disco cuya principal influencia son los sonidos de los pajaritos registrados mientras se pasea en bicicleta por Oslo respaldan esta postura musical. Inmediatamente surgen las referencias al parecer inevitables: estaremos hablando de la nueva Kate Bush o de la sucesora de Björk, nombres que se ciernen castrantes sobre las noveles cantautoras.

Hanne Hukkelberg encaja perfectamente en lo dicho anteriormente. La crítica especializada se siente tentada a decir que sus letras son producto de un aquelarre practicado junto a PJ Harvey y Siouxsie, que al momento de cantar ella es poseída al mismo tiempo por Elizabeth Fraser y Kim Gordon. Esta joven noruega ha editado tres discos. Los dos primeros muy íntimos y delicados. Blood From a Stone probablemente sea el más rockero de su trayectoria. Denso y rico en texturas, está abocado a experimentar y conseguir un sonido propio que lo distancie de las comparaciones de siempre. Hanne compuso estas canciones en la quietud del Círculo Polar, buscando la oportunidad de sonar a ella misma, de liberarse de la sombra del matriarcado omnipresente. Cuando ella se apoya en la melodía y esta fluye naturalmente, dejando al frente su bellísima voz, solo me viene a la mente su nombre.

Hanne Hukkelberg “Bandy Riddles”
Del álbum Blood from a Stone(2009)
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Bill Callahan «Santa Maria»

Una pregunta constante en las entrevistas a Bill Callahan es por qué dejó de firmar sus discos como Smog, el seudónimo que lo acompañó en su peregrinaje lo-fi. Él, siempre imperturbable, escuetamente responde: “Necesitaba un cambio”. Bill también decidió asentarse en Austin, vivir esta etapa de su vida cerca al desierto. Quizá para olvidar a Joanna.

Callahan sueña con la canción perfecta, con aquella que brinde todas las respuestas. Se repite eso muchas veces en el silencio de su casa, en ese oasis que ha escogido para sobrevivir. En una tierra de exiliados, de descreídos, de ateos que solo creen en una sola cosa (o creían), esta noche Bill se siente más que nunca un personaje atormentado por las dudas y la desolación. Vaya ironía, esta vez “All Your Women Things” solo suena para ti.

Las últimas noches no puede dormir. Mira a un costado de la habitación, la ve allí, esperando por él: “Hagámoslo nuevamente”. No, en esta ocasión la four track no es la solución. Para no pensar, enciende la TV y ella le devuelve una frase que suena a consejo de barman: “Live together, die alone”. Imágenes incesantes, arreglos desnudos, una guitarra y un piano. Extraña la nostalgia de un Lucky compartido.

Revisa el catálogo de Merge. Debe trabajar, hacer una versión para celebrar el paso del tiempo: la fábrica de desarraigo y alienación cumple dos décadas. La música no apunta a ser un refugio en estas épocas. Cerca a la frontera, Bill se siente traspasado cada día por el rayo del sol y, por primera vez en su vida, completamente solo. Y créanlo, no hay nada más triste que la soledad de un barítono.

Una canción perdida en un EP que solo un melómano enfermizo puede recordar será tu catarsis. Será tu oración (vamos, permítete una mueca de sonrisa) para ella. Esta noche te vas a conceder una dosis de fe.

Bill Callahan “Santa Maria”
Del álbum Score! 20 Years of Merge Records(2009)
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The Bony King of Nowhere «Maria»

Bram Vanparys tiene 22 años y una canción con nombre de mujer. Por toda Amberes se comenta que Alas My Love, su primer disco, es el mejor álbum editado este año en Bélgica. Bram evita pronunciarse sobre las críticas que comparan su registro vocal con el de Thom Yorke, él no cree que su genoma sónico esté emparentado con el bardo de Oxford. También asociaron el nombre de su banda con cierta referencia citada por Radiohead en “There There”, la que alude a la serie animada Bagpuss. Como respuesta a esta casualidad de la cultura popular, así prefiere llamarla el joven belga, muestra a quien lo desee algún gato de Balthus. Lo que si acepta son las comparaciones con el folk alucinado de Devendra Banhart. Con el cantautor americano mantiene un activo intercambio epistolar y de líquidos espirituales: versos y melodías que cruzan el Atlántico acompañadas de botellas de vino de miel y absenta.

Vanparys le canta a la Virgen. A ella y a todas las inmaculadas presencias vislumbradas en la noche. Una canción desnuda para una imagen esperanzadora e histriónica: María y la muerte, una letanía que acompaña el viaje eterno. Una epifanía donde ella viste de blanco y negro y ante la ausencia del rojo, solo danza.

The Bony King of Nowhere “Maria”
Del álbum Alas My Love (2009)
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Juan Son «Nada»

Julieta decía la verdad. Ella amaneció arrullada por su voz: etérea, extraña y cálida. Juan Son la transportó hacia otra dimensión. Eran los días de Porter. Pero el vocalista tapatío despertó rápidamente de ese sueño, justo antes de verse convertido en el nuevo profeta de una banda independiente que entre la estridencia y los efectos de sus pedaleras ya no era capaz de escuchar las voces de sus integrantes.

El camino en solitario luce prometedor. Un escenario glamorosamente pop del que se ha apartado, por el momento, las guitarras y la distorsión del pasado. Juan se ha atrevido a experimentar, brindando un sonido personalísimo a su imaginario telenovelero: Verónica Castro in the Sky With Diamonds podría ser una aproximación apropiada para dicha fantasía. Otra podría ser imaginar el Descanso Dominical de Mecano producido por Dave Fridmann. O contemplar a Camilo Sesto y Danny Elfman entrar juntos a un estudio de grabación.

Julieta escucha en estado de trance “Nada”. En el limbo la sitúa esa voz, presente y ausente. La historia parece recurrente: la paranoia y los temores, el carnaval de emociones que desencadena el amor. Juan la guía por ese sendero de claroscuros, la lleva narcotizada a otro tiempo, la deja completamente desarmada con su canto. Julieta solo espera que Juan Son se acerque a ella.

Juan Son “Nada”
Del álbum Mermaid Sashimi(2009)
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Los Amigos Invisibles // Comercial

Una playa. El Sargento Pimienta. Un café. Tu cuerpo. Brooklyn. El verano. No importa el tiempo o el lugar. Cosmopolitas, hedonistas y melómanos el coctel de Los Amigos Invisibles es garantía segura para generar el descontrol en todo sitio donde suene su música. Ellos deben ser lo más sensual y cool que ha exportado Venezuela en mucho tiempo (teniendo siempre muy presente a Catherine Fulop). Cada disco una nueva aventura, un pretexto para celebrar desde la música a la mujer y la noche, los elementos básicos de la gozadera infinita que postulan desde sus inicios en la Caracas del siglo pasado. Ahora, teniendo como centro de operaciones New York, siguen dando rienda suelta a sus travesuras en forma de canciones.

Julio en la barra del bar hace de las suyas con Natalia Lafourcade, el caramelo pop más sugestivo de México ha caído en las redes del playboy venezolano: ron y tequila para avivar el romanticismo latino en clave de funky. Desde el Edén lounge Esquivel y Aldemaro Romero bendicen la unión en “Viviré Para Ti”. Los cuerpos casi no se distinguen en la pista de baile. El vocalista lanza una promesa en medio de la euforia, Natalia solo sonríe.

Armandito recuerda los noventa. No piensa en grunge o britpop. No, recuerda su visita al set de Nubeluz. Dirige la mirada hacia donde guarda la medalla que les dieron la vez que fueron al cielo en la tierra que regentaban las dalinas. Piernas, mallas y fantasía que permanecen intactas en la memoria de este nubetor de corazón. Cierra los ojos y repite como un mantra: «Románticopalmanizum». Por un momento, en el espacio que dejan los rascacielos a las estrellas, cree ver el rostro de la dalina del eterno puchero.

La disco de siempre: amigos y tragos a discreción. El harem rodeando a los músicos. José Luis le muestra al resto de la banda el arte final de Comercial. Se desatan los brindis de rigor. Piensan que temas como “Burundanga”, “Merengue Killa” y “Sueño Erótico” confirmaran su vocación intacta para incitar al baile sagrado o al rito profano. Esa noche los acompaña el invitado de lujo de este álbum: Jorge González. El pisco sour preside la mesa. “Dulce” suena como fondo. Una groupie ilustrada al escuchar los coros del chileno se anima a mencionar el Corazones. El ex Prisioneros lanza un suspiro. Alguien pide caipirinhas y el DJ lanza una bossa hi-fi. Los Amigos Invisibles comprenden que la noche recién está empezando.

Los Amigos Invisibles “Dulce”
Del álbum Comercial (2009)
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The Vandelles «Going Downtown»

Una playa inmensa donde las olas no dejan de reventar durante todo el día. A ella llega Russ Meyer para rodar su nueva película. Tumbada en la arena, Tura Satana fuma todo lo que tiene a su alcance. Alguien del equipo de producción comenta que extraña a The Raveonettes, a los del Chaing Gang of Love: sensualidad y caos resueltos en menos de 3 minutos, mientras le muestra a su amigo una foto de la inacabable Sharin Foo. Cae la noche, a Tura el maquillaje ya se le terminó de correr, y tira las botas taco aguja a un lado del remolque. Recuerda 1965, y la mueca de lo que pudo haber sido una sonrisa se dibuja en su rostro. Apura un trago mientras escucha al mar terminar su recorrido accidentado sobre la costa en forma de una resaca de espuma interminable. El silencio de aquel lugar se ve interrumpido por la música que parece venir desde los sesentas traída por el rumor de las olas: por un momento, Tura piensa en Serie B, los muchachos de la producción en que les gustaría estar en New York y ver en vivo a los responsables de esa sucia descarga eléctrica. “The Vandelles” murmura uno de ellos, la actriz fetiche de Meyer cala hondo de su cigarro y espera que la canción y el océano sean uno para poder terminar de soñar.

The Vandelles “Going Downtown”
Del álbum Del Black Aloha (2009)
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Hands and Knees «Anywhere But Here»

Carina y Joe viven en Boston. Ellos aman la música. Escuchan Pixies, Guided By Voices y Jesus & Mary Chain. Ellos no se conocen. Ambos quisieran tener un grupo, en una ciudad donde una college band debe nacer cada 5 minutos. Él fuma Lucky, ella admira a Frida Kahlo. Un día en que ambos deciden evadir sus clases (Nueva Ola Francesa y Poscolonialismo, respectivamente) la casualidad los reúne en una cafetería. No en un Starbucks, ellos no disfrutan el café cuando se sirve en envases descartables. Ella lleva una polera de Violent Femmes y eso llama la atención de Joe. Él se pone a tararear algún b-side de Elliott Smith y ella lo acompaña haciendo palmas. Luego vendrían los lugares comunes: intercambios de discos, ciclos de neorrealismo italiano, comida rápida y sexo más rápido aún. El día que Joe le llevó un mixtape como obsequio, ella se alegró (especialmente cuando se dio cuenta que todos los grupos eran escoceses), pero inmediatamente le dijo: “la próxima vez quiero que todas las canciones sean tuyas”. Ese fue el punto de partida para Hands and Knees. El nombre fue elegido también fortuitamente: un baterista demasiado puntual en llegar al primer ensayo interrumpió la jornada de goce justo en dicha posición. Una banda más entre millones, un nuevo MySpace, una nueva nota de prensa (escrita por la disquera o por ellos mismos) que los vendiera como “the next big thing”, un video que los mostrara espontáneos/rebeldes/deprimidos/artys/cool… todo dependía de la tendencia del mercado. Sin embargo, lo único que Carina y Joe querían era tener sus propias canciones. Jugar a ser Frank Black y Kim Deal. Pensar que algún día la canción que tararearan en una cafetería cualquiera sería la suya.

Hands and Knees “Anywhere But Here”
Del álbum Et Tu, Fluffy?(2009)
[audio:http://www.fileden.com/files/2009/5/28/2459145/hands%20and%20knees%20-%20anywhere%20but%20here.mp3]
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A Papá Noel con cariño

Hola Guigsy:

En una nueva muestra de la frescura que me caracteriza (algunos le dicen conchudez) te propongo escribir una crónica del concierto de Oasis en Lima. Yo no me atrevería a hacerla, porque siendo sinceros, yo dejé de creer en Noel para el tercer disco: fue retirado del lugar que ocupaba en mi altar british junto a Damon y Jarvis. Recién me recuperaron con la psicodelia de Dig Out Your Soul (aunque calentando motores para el concierto del jueves me di cuenta que para Don’t Believe the Truth el maestro ya había regresado por sus fueros) y por eso pagué el capricho de la reventa. Seguro que tú también disfrutaste la tocada de los Gallagher. A mí me pareció de puta madre: Noel es el puto amo. Dio gusto ver a la generación que vivió su adolescencia con el Definitely Maybe o (What’s the Story) Morning Glory (snif, o sea la mía) gozar con este súper grupo en casa. Porque uno escuchaba a Oasis o Nirvana cuando tenía 14 o 15 años (dichosos los monjes que lactaron Autechre o Stockhausen desde la cuna), uno se vacilaba, chupaba y vivía con esa banda sonora de fondo. Como te habrás dado cuenta,  el concierto de los ingleses fue mucho más que un ejercicio de nostalgia para mí. Quedé sin voz. Cuando la distorsión de «I am the Walrus» aún no se disipaba no lo podía creer: había cantado (disculpa que lo considere el hito de la noche, pero es una cuestión personal) y saltado «Supersonic» en el Nacional. Vuelvo a creer en Oasis…

Bambino Pons

Hola Bambino:

Yo también quedé afonicazo durante varios días tras tremendo concierto. Todo estuvo de la putísima madre: el sonido, la forma en que tocaron, el repertorio (salvo la omisión ya anunciada de la canción que todos queríamos cantar) y hasta las frases inentendibles de Noel, en su inglés tan peculiar y lumpenesco. Cuando sonaban tan contundentes y psicodélicos (los temas de los últimos cuatro discos sonaron mejor ensamblados que los clásicos de siempre, me pareció) me di cuenta por vez primera de la gran diferencia entre los que han inventado toda historia y los wannabes de nuestros países. ¡Oasis rockeaba! y en una vena muy distinta a la de, por ejemplo, los New York Dolls, que también dieron una clase de lo que es este género tan vilipendiado. Lo de los Gallagher y compañía era la quintaesencia del rock británico, acuñado como tal por Beatles, Kinks y Stones, entre otras madres del cordero: una suma de influencias de lo más diversas que fluyen con naturalidad. En el caso de Oasis, eran de la putísima madre los climas que con las guitarras les daban a esas canciones tan perfectas. Una lección para todos… Y ni hablar de las visuales. ¡Lo de Soda Stereo quedó como un pan chapla envuelto para encomienda! Las imágenes surrealistas, precisas. ¡Fue la cagadita! Hemos sido afortunados de poder verlos y ojalá que alguna vez regresen…

Guigsy

Entertainment for the Braindead «Souvenirs»

En 69 nos encanta el ukelele, y si esa delicada y sugerente guitarrita es tocada por una teutona, nuestro interés se incrementa exponencialmente. Julia Kotowski, natural de Colonia, es la única responsable tras Entertainment for the Braindead: compositora, productora y ejecutante de todos los instrumentos del bello catálogo de estirpe folk que conforman los tres ep (Hydrophobia, Hypersomnia y Seven) que ha editado hasta el momento. Fulgurante presencia, que no desentonaría como una chica Gilmore, ha llevado su música por el sendero marcado por Drake y se solaza con gracia en las suites contemplativamente bucólicas del Five Leaves Left.

Música para el viaje, para ver el tránsito de las estaciones y que sirvió a Julia de compañía durante su gira del 2008. Pequeños fragmentos de un pop evocador y bipolar.

Entertainment for the Braindead “Souvenirs”
Del Ep Seven (2009)
[audio:http://www.fileden.com/files/2009/4/24/2415963/entertainment%20for%20the%20braindead%20-%20souvenirs.mp3]
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