The Like “He’s Not A Boy”

Luego de haberse disputado palmo a palmo con las Au Revoir Simone el título de trío de nínfulas más celestial del indie a mediados de la década pasada, para luego desaparecer silenciosamente de escena, The Like vuelve, convertido ahora en cuarteto y sin su bajista original, Charlotte Froom. Al parecer su cantante y guitarrista, Elizabeth “Z” Berg, fashionista como ella sola, se cansó de ser absolutamente fabulosa y decidió retomar una carrera musical que prometía. El nuevo álbum del grupo, Release Me, ha sido producido por Mark Ronson (quien, chisme chisme, estuvo saliendo un tiempo con la baterista Tennessee Thomas), lo que explica el sonido Mersey Beat de “He’s Not A Boy”, una canción que en un mundo alternativo pudo haber sido un hit de The Beatlettes a fines de 1963. Oh yeah!

The Like “He’s Not A Boy”
Del álbum Release Me (2010)

Canta Victoria Mil

Poco antes de su arribo a Lima, donde este jueves 3 de junio tocará por primera vez, hablamos con Miguel Castro, cantante y tecladista de la banda argentina Victoria Mil. La charla recorrió diversos temas: su rara longevidad en un medio como el indie, en el que lo efímero es la norma; su indómito eclecticismo y su afición por Los Auténticos Decadentes, a quien considera los Kraftwerk de Sudamérica.

La prestigiosa agrupación viene fresca de su primer periplo por México, país convertido de un tiempo a esta parte en la meca del rock independiente latinoamericano. Los comentarios sobre sus presentaciones no han podido ser mejores, así que lo que nos espera ver a los limeños promete ser algo de un muy buen nivel.

La cita es en la discoteca miraflorina Bizarro (junto a los locales Kinder –que presentan su primer CD de largo aliento-, y Resplandor –organizadores del encuentro). Es una buena oportunidad de ver a una buena banda sudamericana cuya propuesta nada tiene que envidiar a la de tanto anglosajón poco original que suele caer por acá en los últimos tiempos.

Por Fidel Gutiérrez M.

Ya que es la primera vez que hablamos, me gustaría saber directamente por qué al comienzo se llamaron Victoria Abril. ¿Tanto admiraban a esa actriz española?
No. La verdad es que lo que más me gustaban eran las palabras. Es un mes y una palabra muy simple. Ella es muy buena actriz, pero nuestro fanatismo no llegaba hasta ahí.

¿Y cómo fue que ella les dio ese jalón de orejas que terminó cambiándoles el nombre?
Nos mandaron una carta de un estudio de abogados muy importante de Buenos Aires. Entonces éramos muy inocentes y recién empezábamos. Quizás hoy en día lo hubiéramos peleado más, pero en aquella época éramos muy jóvenes y los abogados que consultábamos nos decían que no íbamos a ganar, que esos abogados eran muy importantes. Y todo quedó en cambiar las palabras. Fue parte de una anécdota, nada más.

¿Qué crees que diferencia al Victoria Abril de los dos primeros discos con el Victoria Mil de ahora?
Hay un montón de cosas muy similares, pero creo que es una situación igual a como cuando vas construyendo algo que no sabes terminará siendo, y que cada vez va tomando más forma. Entiendo que entre el primer disco y ahora hay un montón de diferencias, pero es porque también hemos crecido en un montón de sentidos. Como compositores crecimos. Nuestras letras son mejores. No noto que algo se esté degradando. No noto que Victoria Mil y sus discos sean peores que antes, sino que vamos creciendo y cada vez a pasos más grandes. Además tenemos con Leo Santos (baterista) y con Julián Della Paolera (guitarrista) una conexión desde niños. Con una mirada podemos decirnos muchas cosas.

Lo que encuentro diferente a todo lo demás es el sonido que tenían en la época Este Cielo de Estrellas Caerá (2003); mucho más tirado a lo electrónico.
Ese disco representa un quiebre, porque en ese momento se fue nuestro baterista original, que vuelve para el disco Estoy Bien Bien Bien; y también se va el bajista. En ese disco empieza a tocar el bajo quien hoy nos acompaña, Sebastián Velásquez, y también Gabo Manelli (de Babasónicos), pero nos encontramos solos Julián y yo, y como ya en el disco Armas (2000) preparábamos algo de ese tipo, dimos ese vuelco electrónico, con programaciones. Además, nos faltaban personas. Allí quedó bien claro que el grupo éramos nosotros dos.

En ese disco está «G-13», una de las canciones suyas que más me gusta. Comparo su letra y la de otras de entonces con las de las canciones de Muy Lejos, que es su último álbum, y veo que ahora sus textos son menos crípticos. ¿Es su intención ahora ser más directos?
Es más directo el último disco en muchos sentidos. Hay letras de Julián muy directas. A la vez buscamos encontrar la forma de sintetizar. Hay todo un halo de locura; hay como palabras muy lindas, con mucha belleza. Hay cosas taoístas, con filosofía china. Creo que a medida que pasaron los años sintetizamos un montón de cosas y cada vez somos más claros; entonces, a la gente que te escucha esas letras les tocan en donde tienen que tocar.

No decir cosas concretas durante tanto tiempo implicaría decaer como letristas, ¿no?
Pues yo siento que Victoria Mil siempre fue un grupo disparador… Con el tiempo nuestras letras van tomando diferentes connotaciones porque van envejeciendo muy bien. Y nunca hemos sido un grupo de esos a los que les gusta explicar sus letras. Cada frase de Victoria Mil se puede interpretar para cualquier lado.

Me parece genial una frase tan directa como la del estribillo de «Cada Golpe», la canción con la que empieza el último disco. Es un gran ejemplo de síntesis.
(ríe) A mi también me encanta. Es como si hablara un grupo lleno de buenas intenciones.

Un grupo que también tiene un lado “polémico” cuando hablan de ciertos temas. Me sorprendió saber que «Intelligent», que está en su penúltimo disco, y que es casi un instrumental, había levantado tanta polvareda porque mencionan ciertas drogas. ¿Aún hay en tu país ese temor a hablar de cosas que finalmente resultan cotidianas, gusten o no?
(ríe) Hay gente a la que le gusta, pero hay otra que le quitaría lo que se escucha al inicio del tema [el diálogo entre un usuario y un dealer]. Hay gente a la que le da bronca porque no se anima. Creo que los estados alucinógenos o la alteración de la conciencia se han utilizado siempre. En Perú también hay mucho de ello, y para nosotros no es tabú. Claro, tampoco es que hagamos apología, pero mientras se sepan hacer las cosas para divertirse o para aprender, está bien. También nosotros hemos tomado plantas. Es algo que nos gusta y lo tomamos como un aprendizaje.

Y ya que estamos en el tema ¿existe este Robotino del que hablas en la canción del mismo nombre del último disco?
(ríe) ¿Quieres saber si es una droga nueva?

¿O es parte del imaginario de la banda?
Es parte de nuestro imaginario, y del efecto mismo que tiene la voz en la canción. Y es parte de lo que le pasa también a mucha gente. ¿Quién no ha sentido alguna vez que no iba a poder llegar a su casa?

El Rock Vive en Ellos

Al revisar las notas que les han hecho en tu país por la salida del disco Muy Lejos, encuentro que en todas ellas hay sorpresa por la longevidad de la banda. ¿Será que ya hay suficiente espacio en Argentina como para que una banda inclasificable e independiente como Victoria Mil pueda subsistir más de una década?
Hay poco espacio en realidad, pero igual hay un montón de bandas surgiendo y un montón de cosas pasando, pero la verdad es que lo que nos mantuvo hasta hoy en día vigentes fue nuestro desinterés hacia los medios, porque siempre fuimos una banda de verdad y nunca estuvimos atados a una cuestión de moda o época. Siempre lo primordial en Victoria Mil fue la música. Quisimos crear nuestro propio universo y siempre supimos que se iban a tardar en comprenderlo, porque al estar afuera de los medios, recién la gente empieza a descubrirte pasado el tiempo.

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Quiero Club «Música»

Quizá ya se encuentran en otra dimensión y nos contemplan a la distancia. El panorama parece ser desolador. La música tendría que alegrar nuestras vidas. La electrónica y todo aquello que esté precedido por “remix”, permitir la evasión e incitar al cuerpo al descontrol. La danza debería ser terapéutica. Los sintetizadores acompañan nuestras voces y suenan en esta ocasión inmensamente tristes. Aquí hay otro tipo de trance, uno más personal. La travesía de Quiero Club remonta un océano de corazones aturdidos, de pies izquierdos para las coreografías de las redes sociales, y reafirma de algún modo la individualidad de aquel que quiera quedarse al borde de la pista de baile simplemente observándolo todo.

Quiero Club “Música”
Del single Música (2010)
[audio:http://boxstr.net/files/6525026_gihmd/quiero%20club%20-%20musica.mp3]

Tame Impala // Innerspeaker

El avión acaba de llegar de Sidney. En LAX, Goldwasser y Van Wyngarden esperan a sus compañeros de ruta durante este verano. Parece que el tiempo se hubiera detenido en los sesenta, lo primero que recogen en la sección de equipajes es Remember Be Here Now y la colección de vinilos del trío de Perth: Love, el primer Floyd, las costas de California y la psicodelia británica girando a 45 RPM.

Viven el momento como una experiencia mística. Como una jam interminable, de esas que abundan en su primer disco. Un juego ágil y distendido, apelando a la dinámica imparable de bajo-guitarra-batería, esa que provoca que el espacio se desdoble y que el sol comience a difuminarse en el acto de manipular al máximo la pedalera. Cuando todo parece distenderse y los límites apenas son distinguibles, una voz en ácido tiende el ancla a tierra y guía a la canción para que esta no caiga en el limbo de la experimentación.

Ahora, desde el otro lado, cobra sentido la banda sonora de la adolescencia. Haber crecido deseando abandonar la isla, añorando otra época y lugar. Pero al mismo tiempo, sonando fresco y atemporal. Da lo mismo la década o el continente, la constante es una melodía. Andrew y Ben, que los miran desde la parte delantera de la van, creen que exageraron con la dosis.

Tame Impala “Alter Ego”
Del álbum Innerspeaker (2010)
[audio:http://boxstr.net/files/6522263_seusu/tame%20impala%20-%20alter%20ego.mp3]

Tokyo Police Club “Breakneck Speed”

No confundir Tokyo Police Club con Young Pony Club. Menos con Tokio Hotel. No confundir su nombre con su ciudad de origen. No confundir su primer álbum con el de The Strokes. No confundir “Breakneck Speed” con una canción de Oasis. No confundir su título con una película de acción. No confundir la escena de baile del video con la de “Disco 2000”. No confundir las fotos de los posts con las de los grupos. No confundir confundir con difundir.

Tokyo Police Club “Breakneck Speed”
Del álbum Champ (2010)

Apostle of Hustle “Wu”

Mientras esperamos el veredicto del jurado con respecto al nuevo disco de Broken Social Scene, he aquí el glorioso aporte del proyecto paralelo de su guitarrista, Andrew Whiteman, al recopilatorio PEACE. Harto nervio, guitarras cavernosas, palmadas casi flamencas y una entrada en trance oriental para una historia sobre profanadores de tumbas. Si cierras un poco los ojos, te parecerá escuchar a Jon Spencer Blues Explosion. Si abres un poco los oídos, te parecerá ver a un predicador desquiciado practicando un ritual de vudú. Auuu.

Apostle of Hustle “Wu”
Del recopilatorio PEACE (2010)

Dom “Bochicha”

Que te lo diga tu amigo hipster: el gato es el nuevo perro, estamos cambiado de mejor amigo. Quizá nos estamos aceptando tal como somos: indiferentes, solitarios y hermosos.

Ha aparecido el felino más indie de la temporada. No es techero, pero puedes llamarlo garagero. ¿Qué tan alto puedes llegar Bochicha?

Dom “Bochicha”
Del álbum Sun Bronzed Greek Gods (2010)

Gogol Bordello «Last One Goes the Hope»

Latin Gypsy Punk puede sonar a un nuevo cliché indie snob a estas alturas del camino, pero para el aventurero no hay encasillamiento. Gogol Bordello une a Europa del Este, Nueva York y Latinoamérica en un pachanguero pogo bailable. El que no empuja no es humano.

Gogol Bordello «Last One Goes the Hope»
Del álbum Trans-Continental Hustle (2010)

Josh Ritter // So Runs the World Away

Un día las melodías lo abandonaron. Todo se volvió convencional, rutinario, complaciente. Diríase de un gris casi rockero. Y Josh Ritter recordaba todas aquellas reseñas que hablaban de Dylan, Cash y Cohen para aproximarse a su música. A Josh le sobraban las palabras y las canciones. Pero llegó el momento en que el piano o la guitarra solo reproducían las notas del pasado, simulacros de canción, mera producción en serie y carente de alma. Mientras paseaba por NY vio un cartel que anunciaba la nueva película de Tim Burton. Johnny Depp en 3D le brindó la respuesta que necesitaba. Si no tenía nada que decir, debía callar. Los sonidos se tornaron ruidos de la calle y él dejó de manipular las cuerdas.

Poco después las historias volvieron. Se desató un viaje interminable, porque esa era la idea: explorar, extraviarse y perder el centro. El punto de partida fue una historia de amor entre una momia y un arqueólogo, luego de eso la gravedad pondría las cosas en su sitio. Ritter inició su peregrinaje delirante y experimentó la epifanía que afortunadamente transformó en un nuevo disco. Una travesía en la que pareciera que, ouija de por medio, el Drake de Five Leaves Left, oficiara de copiloto.

Josh Ritter “Southern Pacifica”
Del álbum So Runs the World Away (2010)
[audio:http://boxstr.net/files/6497769_kkna9/josh%20ritter%20-%20southern%20pacifica.mp3]

The Dead Weather «I’m Mad»

– Estoy cansado del rojo y el negro. Intento dejar el blues y la numerología. Jamás seré Hendrix, lo sé. Me lo dijo hace poco Page.

– Jugando a la chica mala, tratando de parecer la nueva mariposa pasada de vueltas. Un poco de maquillaje oscuro y una malla roída para incendiar el Chelsea Hotel. Cuando despierte y mientras me desayuno, escribiré algo que suene vagamente disfuncional.

– ¿Volvemos a intercambiar instrumentos y salimos de gira?

-Ok, pero las preguntas que mencionen lo de ser un supergrupo las contestan Dean y el otro Jack.

The Dead Weather “I’m Mad”
Del álbum Sea of Cowards (2010)
[audio:http://boxstr.net/files/6497639_0wue6/the%20dead%20weather%20-%20i%5C%27m%20mad.mp3]