La genialidad no se destruye, sólo se transforma

Según la Teoría del Genio Adelantado, elaborada por Jason Hartley, el genio de un músico de rock no se destruye, sino que se transforma. Sólo que se transforma imperceptiblemente. Contradiciendo la idea aceptada (excepto entre los nostálgicos del rock clásico y Rolling Stone) de que el talento musical se deteriora de forma inevitable con los años, esta teoría sostiene que llega un momento en la carrera de un prodigio de la música en que sencillamente sobrepasa la comprensión del común de la gente. Lo cual explicaría la aparición de artefactos como Metal Machine Music o El Salmón (así como de los numerosos chistes originados a su costa). Y si bien las ideas y ejemplos expuestos por Hartley a continuación (en un artículo publicado en el New York Times) ciertamente pueden llevarte a replantear algunos prejuicios, y a darle una nueva oportunidad a ciertos dinosaurios, también sería bueno recordar a Mark Twain, quien decía que con las palabras correctas, es posible justificar casi cualquier cosa. Incluyendo nuestros propios y peculiares gustos.

Según el autor, un Genio Adelantado debe cumplir con estas pautas:

1. El artista debe haber producido una obra notable durante más de 15 años. Muchos artistas pueden realizar algunos buenos discos, pero hace falta genio para mantenerse durante 15 años.

2. El artista tiene que haber alejado a sus fans originales. Los Adelantados prosperan con el cambio, especialmente en formas que fastidian a la gente que más los admiran. Miren lo que pasó con Dylan cuando se pasó a la guitarra eléctrica.

3. El artista debe carecer completamente de ironía. El Adelanto sólo funciona cuando el artista parece ser el único que no entiende el chiste, porque es sólo tiempo después que la gente comprende que no hay ningún chiste.

4. El artista debe ser impredecible. Los artistas Adelantados no hacen lo que se espera de ellos, pero tampoco hacen lo contrario de lo que se espera de ellos.

5. El artista debe volverse espectacularmente “chiflado”. Los Adelantados nunca desaparecen, y cada nuevo proyecto parece cada vez más imposiblemente vanidoso, altisonante y desconectado de la realidad que el anterior. Por ejemplo, los últimos quince años de la vida de Michael Jackson.

Y estos serían algunos casos que probarían su teoría:

1. “White Light/White Heat”, Lou Reed (versión Rock ‘n’ Roll Animal). Los Adelantados recrean constantemente sus éxitos, aunque muchos dirían que para dar pena. Reed convierte un clásico denso y sucio de Velvet Underground en una canción abiertamente rockera, incluyendo una guitarra de rock sureño y un bajo palpitante. Tuve que escuchar este álbum en son de broma por un par de años, pero ahora sencillamente me encanta. Esta es una ocurrencia común en la apreciación de los Adelantados.

2. “The Groom’s Still Waiting at the Altar”, Bob Dylan. Tema que pertenece a Shot of Love, el tercer álbum de su etapa cristiana (aunque contiene música secular). Esta canción en particular no fue incluida en el disco original, lo que es raro porque es la más rockera de todas las composiciones de Dylan, anteriores o posteriores. Por otro lado, los Adelantados con frecuencia deciden dar a conocer trabajos aparentemente inferiores, lo que puede ser frustrante si uno no cree en el Adelanto.

3. “Smart Girls”, Brian Wilson. Los Artistas Adelantados adoran el rock ‘n’ roll pero también adoptan nuevos estilos de música. Aunque muchos rockeros mayores rechazaban el hip hop, Wilson se sintió inspirado por él. El resultado de esta inspiración es una de las canciones de rap más extrañas –y definitivamente la más Adelantada– de todos los tiempos. En “Smart Girls” Wilson rapea acerca de cuánto aprecia a las mujeres inteligentes (“acariciándome con hipótesis”), mientras utiliza samples de antiguas canciones suyas para demostrar que no siempre fue así. Realmente para no perdérsela.

4. “Message in a Bottle”, Sting (de Secret Policeman’s Ball). He tenido que luchar con el status de Adelantado de Sting durante años. He llegado a creer que es Super Adelantado porque encuentro casi imposible disfrutar su trabajo en algún nivel. Él todavía no estaba listo para (Super) Adelantar cuando hizo esta versión solista de “Message”, pero estaba claro que se vislumbraba el jazz suave en su futuro. Nadie pudo haber presagiado la música de laúd.

5. “The Man Who Sold the World”, Nirvana (de MTV Unplugged in New York). Antes de la etapa Adelantada se encuentra la Apertura. Que es cuando los artistas hacen fácil para la gente entender el sentido de su arte. En este caso, Kurt Cobain toca la canción sin presentarla pero le da el crédito a David Bowie al terminar, en nombre de la credibilidad. Cobain da a entender entonces que está sorprendido de haber terminado la canción sin errores, como para demostrar que es demasiado cool para practicar. Finalmente, finge resistencia al preguntarse si debería cantar la próxima canción solo, como si no hubiera un orden ya previamente establecido. Es una gran versión de la canción de Bowie, pero también es un modelo de Apertura.

6. Trans, Neil Young. No es un hecho incontrovertible que Neil Young sea Adelantado –algunos sienten que su obra no está a la altura de esos estándares– pero es ciertamente impresionante que un artista tan establecido como Young pudiera ser demandado por su compañía discográfica por no sonar lo suficiente a sí mismo, en parte por cantar tanto a través de un Vocoder (¡adelantado a su tiempo!). Trans presentaba canciones con mucho sintetizador que estaban fuertemente influenciadas por la naciente era de las computadoras, especialmente la canción “Computer Age”. La continuación de Trans fue un álbum de covers en clave rockabilly de 25 minutos de duración. Y luego llegaron los abogados.

7. “Dancing in the Street”, David Bowie y Mick Jagger. Cuando a Bowie y Jagger les pidieron colaborar para aliviar la hambruna, decidieron hacer un cover de este clásico de Motown y luego filmar un video homoerótico en el que Jagger aparecía en Reeboks y Bowie en un enterizo bailando en las calles. He visto este video probablemente 2,000 veces tratando de descubrir cuál era su intención, pero ahora sólo lo disfruto. Sin embargo, es un placer agridulce, ya que no puedo evitar pensar que habría podido ser áun más Adelantado si se hubieran inclinado por la canción que originalmente querían hacer: “One Love” de Bob Marley.

Tokyo Police Club “Breakneck Speed”

No confundir Tokyo Police Club con Young Pony Club. Menos con Tokio Hotel. No confundir su nombre con su ciudad de origen. No confundir su primer álbum con el de The Strokes. No confundir “Breakneck Speed” con una canción de Oasis. No confundir su título con una película de acción. No confundir la escena de baile del video con la de “Disco 2000”. No confundir las fotos de los posts con las de los grupos. No confundir confundir con difundir.

Tokyo Police Club “Breakneck Speed”
Del álbum Champ (2010)

Apostle of Hustle “Wu”

Mientras esperamos el veredicto del jurado con respecto al nuevo disco de Broken Social Scene, he aquí el glorioso aporte del proyecto paralelo de su guitarrista, Andrew Whiteman, al recopilatorio PEACE. Harto nervio, guitarras cavernosas, palmadas casi flamencas y una entrada en trance oriental para una historia sobre profanadores de tumbas. Si cierras un poco los ojos, te parecerá escuchar a Jon Spencer Blues Explosion. Si abres un poco los oídos, te parecerá ver a un predicador desquiciado practicando un ritual de vudú. Auuu.

Apostle of Hustle “Wu”
Del recopilatorio PEACE (2010)

Pearl Jam en concierto

Escribe Wilfredo Oliveros

Jiffy Lube Live, Virginia, EE.UU. 13 de mayo

Ciertas bandas están hechas para tocar en vivo: cuando otras muestran los hilos de las bastas por la superproducción en estudio, la tirantez entre los miembros, o el inevitable pechofrío de los años de tocar y tocar «With or Without You» (toma ahi!), es allí donde los Pearl Jam muestran el nervio para manejar un estadio como si se tratase de un club y tocar como si fuera el último show de sus vidas, sin otra razón que el estar pasándola tanto o mejor que los 25 mil que tienen al frente; y eso es algo que te deja absorto, anodadado, rendido.

Los Band of Horses abrieron el show con tres discos a cuestas (y dos discos de Lynyrd Skynyrd y Willie Nelson en la maleta) y con su mezcla impecable de indie rock, bluegrass y folk hicieron que los 45 minutos del set queden cortos y que quien suscribe se baje sus tres discos mientras termina esta crónica.

Tras escuchar como antesala y por minutos parte del soundtrack de The Hours (Phillip Glass resultó haber sido de Baltimore), Eddie Vedder sale relajado con su librito de letras, su limonada y un polo que compró cuando tenia 19 años, saluda al público respetuosamente y en prima nomás dispara «Elderly Woman Behind the Counter in A Small Town», cogiéndonos con la guardia baja, haciéndonos rugir instantáneamente como si se tratase de un gran final y logrando que se nos quiebre la voz al gritar «I just want to scream… Hello…»

Estos viejos zorros hacen del setlist su mejor arma para dominar a un público que reconoce su gran vuelta al ruedo con «Backspacer» y la vigorosa «The Fixer» pero sin desconocer que los himnos deben ser entonados («Better Man», «Black», «Alive»), Eddie y McCready van cogiendo viada y sueltan la joya escondida del No Code, «Present Tense», haciendo que la gente alce los brazos esperando atrapar el momento.

El concierto se divide en tres estados: cuando Vedder se deja llevar por su espíritu trovador y deja entrar aire a sus pulmones («Just Breathe»: el certificado de que Eddie será invitado al cumpleaños de Neil Young), cuando bota todo el aire que le queda y brama poniendo en jaque a sus cuerdas vocales, fiel a esa casta de aquellos que cantan desde las entrañas, con una texturizada voz barítona que puede llenar cada rincón del estadio y retumbar en tu pecho como si fuera un gong («Spin The Black Circle», «Do The Evolution»), y cuando la banda en conjunto se deja llevar por sí misma tocando en círculo cerrado como si se tratase de un ensayo y dejando que el genio de MCready se explaye («Evenflow», «Yellow Ledbetter», con un cierre de concierto con devoción a Hendrix) mientras Ament, Gossard y Matt Cameron -quien le puso el ritmo a Soundgarden- lo siguen atentos, aunque sabiendo que a donde los lleve no podrá ser un mal lugar.

Si bien han pasado 20 años desde que el Ten, el grunge y esa especie de criaturas con camisas de franela y look resina poblaran la TV, radio y los walkman de muchos (no sonrías socarronamente, que no estás tan joven como para no acordarte), los Pearl Jam se han mantenido en sus trece, siendo fieles a su legado setentero y al hacer de la performance la mayor de sus virtudes y carta de presentación, cohesionados por tres horas y dos encores, sin importarles que prendan las luces, buscando ser los últimos en irse y hacer de una sincera puesta en escena su marca registrada. Y es que son cosas de la evolución, sólo el más fuerte sobrevive.

Josh Ritter // So Runs the World Away

Un día las melodías lo abandonaron. Todo se volvió convencional, rutinario, complaciente. Diríase de un gris casi rockero. Y Josh Ritter recordaba todas aquellas reseñas que hablaban de Dylan, Cash y Cohen para aproximarse a su música. A Josh le sobraban las palabras y las canciones. Pero llegó el momento en que el piano o la guitarra solo reproducían las notas del pasado, simulacros de canción, mera producción en serie y carente de alma. Mientras paseaba por NY vio un cartel que anunciaba la nueva película de Tim Burton. Johnny Depp en 3D le brindó la respuesta que necesitaba. Si no tenía nada que decir, debía callar. Los sonidos se tornaron ruidos de la calle y él dejó de manipular las cuerdas.

Poco después las historias volvieron. Se desató un viaje interminable, porque esa era la idea: explorar, extraviarse y perder el centro. El punto de partida fue una historia de amor entre una momia y un arqueólogo, luego de eso la gravedad pondría las cosas en su sitio. Ritter inició su peregrinaje delirante y experimentó la epifanía que afortunadamente transformó en un nuevo disco. Una travesía en la que pareciera que, ouija de por medio, el Drake de Five Leaves Left, oficiara de copiloto.

Josh Ritter “Southern Pacifica”
Del álbum So Runs the World Away (2010)
[audio:http://boxstr.net/files/6497769_kkna9/josh%20ritter%20-%20southern%20pacifica.mp3]

The Dead Weather «I’m Mad»

– Estoy cansado del rojo y el negro. Intento dejar el blues y la numerología. Jamás seré Hendrix, lo sé. Me lo dijo hace poco Page.

– Jugando a la chica mala, tratando de parecer la nueva mariposa pasada de vueltas. Un poco de maquillaje oscuro y una malla roída para incendiar el Chelsea Hotel. Cuando despierte y mientras me desayuno, escribiré algo que suene vagamente disfuncional.

– ¿Volvemos a intercambiar instrumentos y salimos de gira?

-Ok, pero las preguntas que mencionen lo de ser un supergrupo las contestan Dean y el otro Jack.

The Dead Weather “I’m Mad”
Del álbum Sea of Cowards (2010)
[audio:http://boxstr.net/files/6497639_0wue6/the%20dead%20weather%20-%20i%5C%27m%20mad.mp3]

Foals «Spanish Sahara»

Menos funk a lo que podía esperarse por su debut discográfico, y con densas atmósferas mediante, Foals reaparece con un nuevo disco que demuestra que su propuesta no se apaga ante la implosión de la poco confiable «new rave». La adrenalina se concentra y no se pierde emotividad: sonidos que van mutando progresivamente para terminar explotando en el momento certero. Así la banda británica ingresa a su período cool 2.0.

Foals “Spanish Sahara”
Del álbum Total Life Forever (2010)

LCD Soundsystem «Drunk Girls»

El paradero de James Murphy es desconocido. Luego del último fin de semana en Coachella debe estar viviendo el día después, el de la resaca y los recuerdos borrosos. El viernes por la noche se subió a una montaña rusa fuera de control y desde ese momento decidió no darle tregua al cuerpo. El rock y la electrónica volvieron a copular en el escenario del festival californiano: luces oscilantes presidian el desenfrenado carnaval desatado por LCD Soundsystem. La percusión retumbando en los oídos y un coro ácido que se va apagando y el brillo del champagne antes de la oscuridad. Inicia la semana y un video de 4 minutos puede servir de compendio a esa juerga interminable. Una fiesta al estilo DFA Records, registrada en una sola toma y que solo sigue la lógica del sinsentido total. Una horda de muñecos afelpados pone de vuelta y media a Murphy y sus cómplices. Sirenas, globos y confeti para una celebración deliberadamente masoquista. Un after party como el de los días de Bowie en Berlín, un glam retorcido y desfachatado para seguir alborotando las pistas de baile. Las botellas verdes han reaparecido y ella solo dice: yeah, yeah, yeah…

LCD Soundsystem “Drunk Girls”
Del álbum This Is Happening (2010)

Health «We Are Water»

La escena siempre es la misma aunque no sea la misma. Lo sé porque la he visto decenas, tal vez cientos de veces.

La misma circunstancia, los mismos personajes, el mismo escenario.

El escenario, desde luego, es un lugar del bosque, o mejor aún, un lugar especialmente solitario del bosque. Los personajes, invariablemente, son el asesino y su víctima. La circunstancia: una persecución implacable, visceral, un corre por tu vida, como lo llamaríamos entre nosotros. Dispuestas así las piezas, la narrativa gore debería marchar según lo previsto, o lo previsible –porque, ¿dónde está el punto que separa lo previsto de lo previsible?– y convertirse en una exhibición de atrocidades. Pero en alguna parte del trayecto algo se subleva contra las premisas del género, invirtiendo los esquemas y desdoblando la imagen que nos habíamos hecho de sus protagonistas. Es como si en el mundo se abriese por un rato una grieta y nuestras certezas fueran succionadas al interior de ese agujero.

¿Cuándo? ¿En qué momento?

Todo esto, pensado para hablar del último vídeo de Health, bien puede hacerse extensivo al sonido de una banda que ha convertido lo siniestro en una turbulenta declaración de principios. Los puntos de partida –Loveless, XTRMNTR– revelan una emblemática afinidad con actos como Crystal Castles o Fuck Buttons. Pero quien haya oído Get Color, el formidable álbum que estos cuatro californianos facturaron el año pasado, tendrá que confesar su estupor frente a una música despojada de escaramuzas aéreas o travesías solares. Toda alucinación es aquí la prolongación de una realidad mutilada, lastrada por lo tanático y lo patológico. A pesar de las letras nebulosas. A pesar de la voz tenue, casi diría etérea, de Jake Duzsik. Health transfigura el noise en su versión más mundana. Se solaza en lo maquinal y lo enfermizo con ese aire lúgubre que oculta el futuro (porque el futuro, como ya se sabe, es el crimen). Danza entre reverberaciones metálicas. Distorsiona y lleva al límite las premisas que lo nutren. Tal vez por eso, precisamente, Get Color abre esa grieta y vislumbra los contornos de un universo retorcido que refleja a éste. El futuro. El futuro. Un mundo sumergido donde las identidades de perseguidores y perseguidos terminan por diluirse.

En algún lugar de este mundo (o de otro), complacidos, confundidos en un abrazo, George Romero y J. G. Ballard terminan de ver el vídeo y sonríen.

Health “We Are Water”
Del álbum Get Color (2009)