Los Animales Superforros // Coplas

Un grupo de porteños miran con inquietud e interés hacia los Andes. Se atreven a remontar las alturas milenarias que no conoce la burocracia cultural. Este colectivo animal (la comparación no es antojadiza) evita las pretensiones conceptuales y se aleja además de los abismos progresivos. Apelan a una instrumentación desnuda para realizar esta aventura, una excursión por parajes sagrados y brillantes, un paseo por espacios vivos y llenos de luz. Guitarras frescas que parecen venir desde los apus, bombos y percusiones que retumban e iluminan todo de un entrañable azul serrano, un manantial de sonidos que fluye naturalmente y sin impostaciones.

Coplas es un breve compendio lírico, una obra que celebra la naturaleza y espiritualidad de una zona rica en significación. Es un episodio intenso que planea con sutileza sobre los lugares comunes en los que suelen caer aquellos que quieren abordar lo andino: Los Animales Superforros no se instalan en ese estanco sonoro sin corazón llamado New Age; no son la música de fondo para ese banquete sin gracia llamado cocina novoandina. Son canciones que rebosan de buenas vibraciones, beats que provienen del sol y abrazan con gratitud la bendita tierra, y que especialmente en la bellísima “Arpegio”, nos entregan el mejor ejemplo de un himno a la peruanidad hecho por un artista extranjero que hayamos escuchado nunca.

Los Animales Superforros “Arpegio”

Del EP Coplas (2011)

La vida exagerada de Amy Winehouse

Escribe Christian Manzanares

Siempre me pregunté qué de provechoso podría resultar escuchar a James Taylor y Carole King. Mas si tal audición fue la catapulta hacia superlativos como Ella Fitzgerald o la ignota Dinah Washington, tal vez no haya sido un mal comienzo después de todo. Otra de las preguntas que siempre me abordó fue qué era eso que tenía (tiene) el jazz que te convierte en adicto a su particular ósmosis de técnica y libertad instrumental.

Pero ése soy yo. Alguien que no ha crecido en Londres, que no es mujer y que de su viejo escuchó Rubén Blades y Héctor Lavoe, no Coltrane ni Sarah Vaughn. Esos primeros discos a los que fue expuesta una virginal Amy Winehouse allá en Southgate, al norte de la capital inglesa, fueron determinantes para lo que se ha convertido hoy por hoy. El amor por el soul y el jazz que ahora esta niña terrible profesa sólo se explica gracias a esas experiencias familiares (algunos parientes son músicos profesionales en el género).

Si la has escuchado, notarás que su voz es un claro remedo de aquellas voces femeninas de jazz en los 40’s. Sesenta años después, el estilo se mantendrá incólume, pero son los tópicos entonces los que necesariamente deben variar. Ya no se trata del amor en la edad de oro de Hollywood, del amor para siempre y los matrimonios dorados. Amy es promiscua, adicta, borracha y encima, conchuda. Pero sobre todo, talentosa, nunca lo olvides.

¿Por qué una damisela con gustos musicales anclados en un género tan exquisito como poco relacionado a su propia generación es la comidilla de la prensa musical y favorita de periodistas especializados? Es lógico que una nena que no haya vivido épocas de glamour y esplendor no las refiera en las letras de sus canciones. Una joven citadina que ha vivido ya mucho para su edad sólo puede escribir de eso, de la rutina de una jovencita con hormonas alteradas, amistades peligrosas y relaciones de una noche, como mucho.

Volvamos al jazz. Tal vez muy avant garde para muchos de mi generación (casi tengo 30, por si acaso). Pero sí le admiro algo con lo que imagino que Winehouse se habrá relacionado mucho: su irrestricta libertad. No son canciones per se. Es la batería y el piano, trompeta y el contrabajo siendo, existiendo cada uno por su lado pero volviéndose uno, levantando vuelo, y luego brotando.

Mientras crecía, Amy desarrolló una innata habilidad vocal que la coloca encima del promedio de badulaques de videos ostentosos y música esperpéntica. Obviamente la oferta del contrato no tardó en llegar, siendo el favorecido Island Records. Su voz, sexy por naturaleza, cachonda, apasionada, iracunda, excitante, es algo único para una chica blanca de Londres. Es comparada con Macy Gray e incluso con Lauryn Hill, pero con apenas 20 años entonces ella sabía que aquel mundo que estaba empezando a descubrir le iba a dar más de lo que esperaba.

HONESTIDAD BRUTAL

Francamente, no me gusta mucho Frank (2003). Es el problema de prendarse más de la artista que de la música que interpreta. A esta edad, eso es algo intolerable (cómo será luego). El disco debut de Amy desarrolla sus arranques pasionales propias de tan tierna edad, propia de mujeres que quieren conocerlo todo ahora. Se dejan escuchar beats y grooves que te hacen oscilar la cadera, órganos vintage que le agregan un acorde toque lacrimógeno al ambiente, y vientos que hacen que el sol salga y todos nos alegremos. Pero algo falla. Es la amalgama la que no termina por coger cuerpo, está hecha de pop, soul, hip-hop y jazz. La producción corrió por cuenta de Salaam Remi, colaborador asiduo de Mary J. Blige.

«Fuck Me Pumps» fue la canción estrella, y culpable de que el disco se convierta en platino. Aquella que develaba en su video a una Amy con un cuerpo que ya se había desarrollado generosamente, con zapatos de taco muy alto y un vestido muy ceñido. Era una perfecta personificación de la arrogancia vocal de Nina Simone y la actitud de puta de Janis Joplin. El nombre hace alusión a una mujer que vestía zapatos de taco con correa en el tobillo, cuya forma de caminar pronunciada y seductora causara sensación en los cuarenta, y que hiciera muy popular la actriz Joan Crawford.

Pero si oso renegar de la música, no puedo sino agradecer la inteligencia de sus líricas, otro de sus talentos. Tanto la mencionada «Fuck Me Pumps» como el resto de canciones de Frank: odas a esos encuentros sexuales efímeros de un sábado por la noche («You can’t sit down right / cause your jeans are too tight / and you’re lucky it’s Ladies Night»). Frank exuda una madurez muy pronta para una artista tan joven, sin que eso ocasione que evite mostrar ciertos rasgos de vulnerabilidad que se agradecen. Quizás esto sea lo que hace que Frank falle: el disco, con canciones olvidables y monótonas, no está del todo a su altura, la de su voz y sus letras, y te hace preguntar cómo hubiera sonado Nelly Furtado haciendo covers de Billie Holiday.

Si «Fuck…» es simple en su ejecución, hay otros números que sin ser más complejos pueden resultar igual de atractivos. Ya sea una canción sobre guardar tus cosas en cajas luego de acabar la convivencia con tu pareja de turno, o sea una diatriba contra las mujeres mayores (bueno, de 30 años para arriba) por vestirse para otros y no para ellas mismas. «Take the Box» es cadenciosa, con un piano tristísimo, y un coro afectivo espectacular, que te recuerda a esas baladas soul de los 70’s. Empero, una de las cosas que la despechada Amy quiere que le entreguen en la caja no es más que un sostén Moschino, el cual el ahora ex se lo compró en navidad, brassiere que barato no es. Y muy trendy, by the way.

«I Heard Love Is Blind» es el otro highlight. Una crítica cool de la gamberra Amy a la escena musical, la vida sexual y bueno, a ella misma. También se destaca «Stronger Than Me», una pieza donde se muestra asada con su gil porque no le cumple, pues (y no hablo de la plata para el mes). La angustia, el adulterio y la obsesión son otras de las ofertas líricas que nos propone la chibola Winehouse. Alguien que disfruta ser mujer, pero que sabe cómo portarse ante los chicos. No queda mal con nadie.

Sin embargo, la crítica fue seducida y no hizo más que alabar las trece canciones del disco. Frank mostraba que esta chica tenía talento, pero de buenas a primeras debo admitir que me pareció más un disco para mozuelas que cotorrean en Starbucks luego de salir de la «office», que planean un fin de semana en algún centro comercial y luego se ponen lo comprado con descuento en algún tono barranquino (o en Spa, no sé, la que sea). La honestidad brutal, la femenina sobre todo, no es algo tan relativamente nuevo, es sólo que ahora la difusión es mayor. La «políticamente incorrecta» (jajajaja) Sex and the City tiene algo de culpa. «Where’s my moral parallel?» se pregunta en el track final «Amy, Amy, Amy», y la podemos enten-der cuando, toda ella libidinosa y ruda, pide a un hombre libidinoso y rudo. Por eso que en «In My Bed» relata con algo de crueldad cómo la única vez que le sostiene la mano a su ex pareja es para que «coja bien el ángulo». Una referencia preciosa a los placeres manuales.

Si algo comprobó Amy en esos días, es que la vida no es simple. Y hombres hay muchos, de varios tipos. Se puede simplificar, pero no garantiza la satisfacción. Es simple en este sentido: si no deseas seguir el camino que otros siguen, sólo puedes conseguir satisfacción hablando directa-mente al respecto. No es que sea yo un conservador en esas lides, para nada. Es sólo que me divierte escuchar las quejas de las mujeres respecto al «arte» de amar, y seguramente es una manifestación propia de mi nerviosismo frente a mi propia inutilidad de proveerlo. Pero eso es otro tema. Si hay mujeres que consideran que el amor a la antigua es el único valioso, bien por ellas, disfrútenlo. Hombres que piensen así también sobran.

LA RESACA DE TODO LO VIVIDO

Back to Black es el testimonio de cómo la celebridad y el potencial éxito comercial te pueden destrozar sin miramientos. Rumores sobre un violento adelgazamiento autoprovocado, adicciones, el abandono del jazz por la modernidad del R&B, y más, fueron temas de portada en pasquines y por un tiempo Winehouse casi lo pierde todo. Lo más lógico era sacarle provecho, y lo hace cantando nuevamente sus experiencias, con cualidades detallistas y de manera tan convincente que es inevitable sentirse identificado. Remi repite el plato en producción, ahora con la colaboración de Mark Ronson, que ha hecho de las suyas junto a Christina Aguilera y Lily Allen.

Definido como un disco neo-Motown, Back to Black es un triunfo que alegra nuestras expectativas. La voz de Winehouse muestra aquí sus diferentes contrastes. Sabe ser enérgica y poderosa, cuando no es frágil y emocional. Sigue ruda, con calle, pero también se pone tierna e incluso se muestra desprotegida. Todas esas contradicciones suman a la construcción del disco. La vieja escuela Motown es releída para unirse en sagrado matrimonio a las nuevas propuestas de la sensibilidad hip-hop de su generación, elaborando música que se siente nueva, fresca, contemporánea.

Es consciente de sus problemas. Su drama es ser alcohólica y pelearse con medio mundo (disquera, para comenzar) para no entrar a un programa de rehabilitación. Como si insultar a Bono no fuera suficiente, un supuesto desorden alimenticio y la impronta de tatuajes pin-up en sus brazos (vive fascinada con esa época) fueron la gota que derramó el vaso. Son esos problemas, es ese drama el verdadero arquitecto de Back to Black. «Rehab» no es más que un «jódanse» a su ahora ex sello discográfico. Si en Frank fue franca (duh!), aquí con mucha mayor razón no podía dejar de lado tal actitud. Aunque para muchos ésta sea autodestructiva. ¿La causa? Las once canciones tratan sobre cómo el alcohol y las drogas se interponen entre ella y las personas que quiere: «Me and my head high, and my tears dry, get on without my guy», dice en una línea de «Back to Black».

Dijimos que era frágil y emocional por momentos, y éstos llegan en temas como «Wake Up Alone» y «Love Is A Losing Game», con una fragancia doo-wop muy cincuentas, mostrando que más ecléc-tica no pudo ser. Más alusiones personales hay en «Me & Mr. Jones», nombre del rapero Nas, a quien le reclama haberse perdido el concierto de Rick Slick. En menos de cuarenta minutos, Amy Winehouse se reinventa con materiales que ya conoce. Su voz old school se conjuga perfectamente con la moderna mixtura del hip hop y el soul. Las chicas en los 60 no hablaban del licor y el alcoholismo. Tampoco de sexo y drogas. Las chicas de ahora, las que queman etapas desde muy tierna edad, parecen ya saberlo todo. Son más cínicas. Son capaces de sentarse a esperar a un chico en una disco y dejarlo esa misma noche una vez satisfechas. Back to Black es un testimonio de esa vida, tan suntuosa como insensible, cargada de confesiones atormentadoras. Diría que no me gustan las mujeres así. Pero son las primeras que busco cada vez que salgo un sábado por la noche. Claro, si me encuentro contigo Amy, es muy probable, es muy probable que ahora el que salga perdiendo sea yo.

Publicado en el número 13 de 69, noviembre 2007.

Smith Westerns // Dye It Blonde

Tony Visconti no está en las perillas. El sol de California no inunda la sala de grabación. La heroína no es la droga más vendida en los suburbios de Chicago. Los marcianos no pasean por sus calles y tampoco retozan en las tardes escuchando los himnos de Abbey Road. Lo más probable es que Smith Westerns descubriera el brillo y desparpajo de Suede y Oasis antes que recibir una lección de glam del primer Bowie. La psicodelia y la búsqueda de formas infinitas habrán llegado a ellos por influjo de The Flaming Lips o Mercury Rev.

Ellos no albergan mayor pretensión que conquistar a todas las chicas que estén a su alcance, llenarse las venas de cerveza, alcohol y las drogas rápidas disponibles en el camerino. Rinden culto a esos 20 años que parecen desvanecerse frente a sus ojos. Cantan entre la euforia y la indiferencia: «Everyone wants to be a star on a Saturday night» sin llegar a ruborizarse. Piensan que en este punto, el lo-fi ya no es una opción estética viable, y dejan en el olvido aquel disco grabado en el garaje. Asienten cuando en las ruedas de prensa les mencionan a T-Rex y una década que apenas conocen por la colección de vinilos, y terminan por admitir que si Bernard Butler y Noel Gallagher no hubieran incendiado el mundo con sus guitarras, Chicago seguiría siendo para ellos la ciudad más aburrida del mundo. Porque de eso trata el segundo disco de Smith Westerns: de la abulia y sinsentido de la juventud y, al mismo tiempo, de la pasión y el frenesí como un estilo de vida. Envueltos en melodías que vienen desde los sesenta y setenta, con inmediatez y frescura, la banda de Cullen Omori desarrolla un nuevo capítulo de su educación sentimental. Remitiéndose a un pasado melómano glorioso, y con un gesto de desenfado adolescente trazan la ruta de los fines de semana por venir: “Yeah, it’s a waste of time / But the sun still shines / And it shines for you”. Y esa es una verdad innegable al menos en el universo del pop.

Smith Westerns “Imagine Pt. 3”
Del álbum Dye It Blonde (2011)
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Escuela de Trance, Buenos Aires, Argentina // Villa Ibiza

Resultará un sarcasmo el hecho de que el nombre de la banda no sea precisamente lo que encontramos en cuanto a sonido, pero bien sirve como carta de presentación que, más que confundir al oyente, da una idea del carácter lúdico detrás de esta propuesta. Lo-fi casero con algunos guiños a Daniel Johnston y el pop de los noventas son los que mueven los hilos de cada canción, una ligera producción que es bienvenida por brindar algo de color al inicio de los días nublados en el lado austral del planeta.

Estado de Trance, Buenos Aires, Argentina “Niña Lluvia”
Del EP Villa Ibiza (2011, descarga gratuita)

Algodón Egipcio // La Lucha Constante

En el terreno musical, los conservadores suelen buscar con desesperación una estructura sólida, acordes repetidos en serie, melodías pasteurizadas y reconocibles, y lo más importante, un mensaje, un coro que revele una “verdad”, una frase aleccionadora e ingeniosa que luego colgarán en sus revolucionarios muros de Facebook. En el debut de Algodón Egipcio, afortunadamente, la modorra y la rutina son evitadas sistemáticamente.

El venezolano Ezequiel “Cheky” Bertho en este primer trabajo ha tomado como base los sonidos de Creation (ese manto aterciopelado que encubría eficazmente los sentimientos a finales de los ochenta), shoegaze en estado puro que se mezcla sutilmente con samplers y máquinas que no remiten necesariamente a ambientes fríos y autistas. La lucha constante proyecta calidez e intimidad en cada beat, en cada ritmo manipulado hasta hacerlo inaprensible, en ese caudal sonoro que huye de la convención y flota libremente hasta convertirse en canción podemos ver semejanzas con el pop artesanal y atemporal del Rocío de Melero o el discurso camaleónico de El Guincho y María y José.

Conciliando influencias que van de My Bloody Valentine a las Spice Girls, “Cheky” demuestra que se puede ser joven y sexy, y también albergar desde la fría vanguardia un corazón intensamente tropical.

Algodón Egipcio “El Sonido Ensordecedor”
Del álbum La Lucha Constante (2011)
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El Columpio Asesino // Diamantes

Cuando estoy arriba escucho aullidos, alianzas secretas y promesas vacías. Acompañan a las palabras el latido vibrante de una locomotora que parece llegar desde Alemania, oscilan insistentemente frecuencias emitidas en alguna estrella lejana, reverbera con inquietud una guitarra adolescente de mediados de los noventa. Cuando estoy abajo, la atmosfera es más relajada. Apenas se distinguen algunos instrumentos y una voz femenina. Hay semillas y cenizas, y encuadrado por un circulo multicolor, el mar. Para unir esos extremos me ayudo de un imperdible brillante que conseguí en Pamplona.

En este espacio día y noche son equivalentes; al promediar la jornada Cernuda, Dalí y Lorca suelen reunirse para ver pasar a los jóvenes. En aquel limbo también se puede encontrar el espíritu que inspiró a la banda que registró uno de los discos más frescos y psicodélicos de 1964 en el 2010, ese que podía jugar con las estructuras de la canción, ironizar sobre el flower power y demostrar que Nueva York no es solo la ciudad de las sitcom de cafetería o una fantasía creada por un judío neurótico. Conviviendo con ellos retozan las parejas disfrutando la inmediatez del verano, sueños de universidad que acaban cuando ella se ha marchado y son exorcizados como un himno frenético que servirá de pretexto para que nuevas duplas fatiguen la hierba. Un pastor se acerca a estos parajes, alejado del ruido y ahora refugiado en el zen, mira con agrado a una bestia hermosa y atemporal disfrutando plenamente del ocio.

El Columpio Asesino “Dime Que Nunca Lo Has Pensado”
Del álbum Diamantes (2011)

La Ola Que Quería Ser Chau // Ojalá Que Este Verano No Nos Maten! + Ey Bonita, Gustan De Vos Todos Mis Amigos!

Una de las mayores virtudes del indie norteamericano de los noventa, y que marcaba una gran diferencia con lo que sucedía en Inglaterra, era su capacidad para no tomarse en serio, el sentido del humor que relativizaba prácticamente todo lo que podía llamar su atención. Así Coyne, Malkmus y otros acólitos de la disfuncionalidad sónica podían liberar sus tormentas emocionales y mirar relajadamente el blanco de las mayólicas sin perder jamás la sonrisa. En la Argentina de estos días, La Ola Que Quería Ser Chau se apropia de esa actitud, de ese desparpajo vital para hacer música. En su prolífico y desprolijo devenir discográfico han sabido entregar con calidez y frescura un universo particular, de matiné de dibujo animado y/o sesión de serie-B, de ensayo eternamente amateur, de melómano encantado de jugar con fragmentos, coros frenéticos y melodías como si fueran parte de un cubo Rubik y una vez terminado, en este caso convertido en canción de 2.22, enseñárselo entusiasmado a esa chica linda que entra a la panadería.

La Ola Que Quería ser Chau había hecho coincidir en un collage afortunado a su entorno musical: tomado prestado de Valentín y los Volcanes y Él Mató a un Policía Motorizado algunos riffs de guitarra, conciliado en una inmensa genkidama a Goku y Maradona, grabado el ruido casero y el reproche familiar, y sobre todo, como señalan en alguno de los separadores de Películas Caseras, darle forma y coherencia desde la austeridad a un estilo musical autocalificado como “Beatles con batería tupatupatupa”. Mérito que recae en Migue, el hacedor de los sonidos de LOQQSC, un sobreviviente de City Bell que intentó apoderarse de La Plata (disculpando la ambigüedad), y que ha sabido llevar a buen puerto, pese a los vaivenes de La Ola (trío, dúo, ahora finalmente un cuarteto) a la antesala del esperado álbum. Menos Dragon Ball y más Crónica TV presiden estos EP’s, y también está presente el fantasma o la inspiración de El Otro Yo en los extractos de audio que aparecen intercalados entre canción y canción. Si la banda de Temperley presentaba al Doctor Tangalanga, LOQQSC y no CQC muestra al mundo a Claudio María Domínguez, un personaje de la televisión argentina que podría ser la mezcla perfecta entre Rimbaud, Osho y el flaco Olmedo. Delirios, humor, ingenio popular, el filtro del barrio que llega a ti como si fuera una estación de radio AM.

Yo no sé cuál será el próximo paso de La Ola… y eso me encanta.

La Ola Que Quería Ser Chau “Gustan De Vos Todos Mis Amigos”
Del EP Ey Bonita, Gustan De Vos Todos Mis Amigos! (2011, descarga gratuita)
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Lou-is // 8 Songs

Epifanías abrigadas por bufandas o Broadway guiñando la mejor oferta desde unos zapatos taco aguja, infinitos son los senderos que pueden tomar las melodías en Nueva York. Un trovador contempla lo que alguna vez fue el centro del mundo: solo cenizas, algunos recuerdos y una tonada melancólica para empezar la mañana. Cafeterías anónimas pobladas de aspirantes a cantantes y actrices, guitarras y guiones guardados detrás de las barras, listos para ser retomados luego que el ultimo solitario haya dejado el lugar para buscar una sombra a la que asirse. Una y mil caretas para encontrar la gran oportunidad, ser escuchado, porque todos los cantautores del orbe son entrañables y extraños, y en cada esquina de Williamsburg está el próximo Jeff Buckley preparado para sumirnos en el más completo silencio una vez que haga suya “Hallelujah”. Louis Schefano o Lou-is o Regia cuenta con sus propios himnos, sus propias fotografías en sepia para retratar cada rincón de esa ciudad íntima y caótica. Pianos, guitarras y voces que parecen grabados en una habitación o bar que nunca duerme, que siempre acoge los sueños y que también te puede olvidar con la misma facilidad.

Lou-is “Can’t Remember That”
Del album 8 Songs (2010)
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La Ola Que Quería Ser Chau // Películas Caseras

La juventud porteña pasea exhibiendo desfachatadamente la efervescencia de una tarde de domingo junto a los amigos, ya sea en la cancha viendo a su equipo favorito o escapando del cemento para buscar la complicidad del campo. Las melodías vibradoras que venían desde Temperley en el siglo pasado no se han perdido: si los hermanos Aldana agitaban fantasías animadas, que entre el pop y el noise, la serie B, el non sense y postales de despertares agitados por tetonas, nos invitaban a agitar los cuerpos en un 69 delirante; La Ola Que Quería Ser Chau se sube sin pedir permiso a la cabina del Dodge (aunque ellos preferirían quizá una nube voladora) para entregar una dosis de frescura, de canción ensayada en la casa y tocada con el mismo ímpetu en cualquier lugar, de estribillos pegajosos y coros adictivos, de pasión futbolera y humor de barrio.

El cuarteto bonaerense revela sus obsesiones y aficiones en el disco. Puede fijar su atención en el indie americano de los 90, sentirse subyugado por el anime y los robots, explorar la senda del corazón desde la melodía y el coro solidario a cuatro voces. Como en el debut, hay una comunión entre caos y armonía, convirtiéndose en la banda sonora con la que ellos seguramente disfrutan una velada de dibujos de fin de semana por la mañana. Desde esta trinchera les enviamos nuestra energía para que el próximo álbum sea su mejor Genkidama.

La Ola Que Quería Ser Chau “Teta”
Del álbum Películas Caseras (2010, descarga gratuita)
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Javiera Mena // Mena

Javiera ha concluido con el tiempo del aprendizaje, ya no se le puede ver como una princesa adolescente transitando por un sendero de cristal. Ella no es más una niña veneno. Tócame parece decirnos: soy realidad. Artista del 2.0, de las coordinaciones vía las redes sociales. Mena es un disco personal, un pastiche de aquello que ya se había adelantado en el debut. Sutileza y programaciones. Un diario rosa llevado a la pista de baile. Un medio tiempo para moverse despacito entre ellas. Una bola de cristal, siluetas, tarde-noche, amor de matiné. Unos bloggers quinceañeros descubriendo con rubor que Pet Shop Boys cantan en esta ocasión solo para ellos.

Las canciones de este álbum que tiende a la perfección en cuanto a producción, cortesía del siempre acertado Cristián Heyne (el cerebro detrás de los entrañables Christianes), rebozan de naturalidad y simpleza en sus letras, no de simplonería. Javiera le canta al amor, se solaza en las programaciones de un sintetizador, las cuerdas y los vientos abrigan el candor juvenil. Un tal Jens Lekman, Lido Pimienta y parte de Ladytron acompañan la serenata hi-tech. La chilena ha firmado su propio Corazones, es decir, ha registrado con inteligencia y sobriedad, un disco tierno y sensual, tímido y valiente, elegante y directo, sobre aquel sentimiento al que cantan por igual Tellado, Cavafis o Moura.

La chilena ya no es más una anécdota en la escena indie. Es mucho más que el cover de la Romo, o un crisol simpático de electro, disco y el abanico de estilos que puede acoger la posmodernidad. Javiera canta como nunca en este disco, su registro y performance en “Sufrir”, “El Amanecer”, “Hasta la Verdad” o la soberbia “Luz de Piedra de Luna” encandila inmediatamente: una voz orgullosa y sentida, un romanticismo latino que aflora a cada instante, que sigue el ritmo de la emoción y la traslada al baile. Un rumor, un latido, una confesión, pachanga, comunión. Javiera ahora tiene el control de los cuerpos: ha pasado al siguiente nivel.

Javiera Mena “Luz de Piedra de Luna”
Del álbum Mena (2010)