The Love Language // Libraries

Desde una hamaca, ociosamente tumbado, Stuart McLamb ve las olas acercarse a la orilla. Alegría, unas margaritas, recuerda unas gafas rojas, susurra “Aleluya”. Busca un piano. La espuma viene a él una y otra vez. La tarde transcurre plácidamente y la playa se va llenando de parejas que muestran su amor como en una canción de Burt Bacharach, sutil y juguetonamente. Las sinfonías en esta ocasión escapan del registro lo-fi del debut. The Love Language, entre el susurro y el grito orgulloso, sigue apoyándose en los recursos de una pedalera para alcanzar la epifanía en clave de melodía.

Aromas de los sesentas, las lecciones de los Stones, el lamento de un trovador sobreviviendo a la abulia de un domingo por la tarde, guitarras grabadas por Spector para un vals que tiende al claroscuro… Stuart parece a punto de estallar; pero para no escapar de este mundo, para olvidar y recordar, dialoga con ella, delira con su contoneo, adorna sus dudas y miedos, remonta el goce, cubre todo de un canturreo alejado por completo del desencanto. El chico de la playa le canta a ella porque sabe que siempre volverá, girará frente a él y las cuerdas acompañaran el sueño. Cuando ella sonría, el mundo se inundará de luz. En ese momento, Brian Wilson será uno con el mar.

The Love Language “This Blood Is Our Own”
Del álbum Libraries (2010)
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Francois Peglau // The Imminent Failure of Francois Peglau

Tras repasar las películas del pasado, y esbozar una sonrisa por los episodios de la adolescencia, el cantautor (el viajero) se queda sentado en la orilla y ve acercarse una nueva ola. Una atmósfera extraña lo envuelve, por un momento le parece que está sentado en su oficina londinense; cuando intenta tomar algo del escritorio, un tipo le acerca un pulque y le pide que lo apure para encontrarse con la noche del D.F. Todo cambia, sí, y más los sonidos en la cabeza de Peglau.

La inquietud lo lleva de la guitarra acústica y delicadamente desnuda a los bajos zumbantes que agitaron la escena londinense y dilataron los corazones del resto del mundo directamente desde Jamaica. Las canciones de Francois son inquietas en su simpleza: juguetonas y vibrantes. Folk que escapa de la solemnidad y se lanza a bailar sacándote la lengua desde la playa. Consecuente con eso, cuando sus letras se decantan por el terreno del desarraigo y todo apunta al lado más nebuloso del camino, allí surge un ukelele, un sutil arreglo electrónico, un coro que replantea el panorama, una palmada en el hombro (la melodía) que lo tornó todo un carnaval atemporal.

Ciudades perdidas, íconos revisitados, un disco de R&B sonando por siempre en la tornamesa, una cámara cómplice y unos filtros traviesos, ella susurrando y riendo en los coros, las palmas de los amigos y muchos recuerdos. Lima. El viaje ha concluido. Los formatos han cambiado. La resaca de la ola se ha disipado, y es hora de volver a cantar.

Francois Peglau “If You Come Around”
Bonus track del álbum The Imminent Failure of Francois Peglau (2010)
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Hacia Dos Veranos // Hacia Dos Veranos

Libertad. ¿Cómo es que el término se vuelve fértil detrás de un grupo de rock? Quizás sea Hacia Dos Veranos la perfecta situación musical (y temporal claro) en la que la misma libertad resurge como un noble y alucinado mérito.

Cuatro (larguísimos y libres cuatro) años después del disco De los Valles y Volcanes, el grupo reinventa su psicodélica exploración instrumental, refinando aún más sus arreglos y recrudeciendo a la vez en un sentido urbano ya inevitablemente porteño.

Supongamos remansos y aventuras en deliciosas porciones de tardes-noches confusas, supongamos el olvido como una dimensión y la memoria musical como la única herramienta capaz de sostener el tiempo. Allí, Hacia Dos Veranos, sin palabras, impone sus canciones con la delicadeza de una caída.

Del tierno sosiego de «Cuida tu Bufanda, Tatiana» (su «Careful with that axe Eugene») a «Música en la Ruta del Vino», continuos crescendos, cortes, punteos metódicos y emocionantes, quiebres y matices son poseídos por una velocidad intransigente que se mide en kilómetros por hora pero se siente solamente de a pasos.

Irresistible, «Draft Morning» de The Byrds, uno de los dos covers del disco (el otro es «Instrumental #1» de Brittle Stars), define en la voz de Alasdair MacLean de The Clientele, la porción más bella del sol, la que se lleva el viento. Quizás ahí, esté el corazón de las canciones de Hacia Dos Veranos, en lo que se mueve como el viento, con el libre ritmo del sin querer.

Hacia Dos Veranos “Música en la Ruta del Vino”
Del álbum Hacia Dos Veranos (2010, descarga gratuita)
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Excursiones Polares // Grandes Éxitos

Las estaciones que supone este recorrido no están envueltas por el frío o la desolación. En este viaje hay calor de fogón, postales de un pasado glorioso y plagado de melodías vigorosas y hedonistas, las que cruzaron el Atlántico hace medio siglo para cambiar de una vez y para siempre el imaginario del adolescente eterno que se evade en el disco, y que en un momento dado (cuando la aguja ya fatigó demasiado el surco del vinilo), opta por formar una banda para no caer en el ejercicio de nostalgia al vacío.

La fiesta tiene el sabor de los sesenta. Una dosis de beat y acidez psicodélica. La proverbial afición de la escena bonaerense por el sonido de los Stones (los primeros, aquellos que adoraban al dios blues y hubieran vendido su alma por ser negros) o The Zombies, la adicción a guitarras juguetonamente despreocupadas, una sonrisa cómplice de Stuart Murdoch entrando en el plano; el estribillo que no será gritado en el estadio, pero encenderá una habitación. El corazón vibrará con los pianos eléctricos y cierto aire pastoral y más íntimo, recordara a Love o Drake dependiendo de si haya sol o luna en tu panorama. Una bruma, tan solo una cadencia, mientras unas siluetas se pierden en las calles ladeando las cabezas.

Excursiones Polares “Sin Duda”
Del álbum Grandes Éxitos (2009, descarga gratuita)
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107 Faunos // Creo que te Amo

No tiene nombre ese sentimiento que cruza confianza e inseguridad, calma y desconcierto, drogas y caramelos Sugus confitados. No hay como describir el amor en su instancia más dubitativa y fanatizante a la vez.

Ante esta corazonada valiente e infantil, 107 Faunos deciden enfrentar al resto del mundo a mano alzada, decorando con delicadeza de barra brava y cariño provincial trece irresistibles arengas musicales.

La sustancia de cada canción demuestra desarreglo y vitalidad, en un ida y vuelta interminable de y hacia grupos como Pavement, Grandaddy o Neutral Milk Hotel: melodías irresistibles, ternura de guitarras incontinentes, coros a pedir de boca.

La poética de cada tema descubre un universo personalísimo, un micromundo observable desde una montaña, bajo la arboleda o sobre la autopista. Pequeñas victorias, fracasos del día, choques y accidentes geográficos, el miedo, los amigos, Scottie Pippen y el amor como ese efecto reparador y tormentoso a la vez. Creo que te Amo, el segundo disco de 107 Faunos, es un logro que se mide y valora con la paciencia, el encanto y la ansiedad de todo lo que puede ser.

107 Faunos “Noche Spooky Tropical”
Del álbum Creo que te Amo (2010, descarga gratuita)
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Tame Impala // Innerspeaker

El avión acaba de llegar de Sidney. En LAX, Goldwasser y Van Wyngarden esperan a sus compañeros de ruta durante este verano. Parece que el tiempo se hubiera detenido en los sesenta, lo primero que recogen en la sección de equipajes es Remember Be Here Now y la colección de vinilos del trío de Perth: Love, el primer Floyd, las costas de California y la psicodelia británica girando a 45 RPM.

Viven el momento como una experiencia mística. Como una jam interminable, de esas que abundan en su primer disco. Un juego ágil y distendido, apelando a la dinámica imparable de bajo-guitarra-batería, esa que provoca que el espacio se desdoble y que el sol comience a difuminarse en el acto de manipular al máximo la pedalera. Cuando todo parece distenderse y los límites apenas son distinguibles, una voz en ácido tiende el ancla a tierra y guía a la canción para que esta no caiga en el limbo de la experimentación.

Ahora, desde el otro lado, cobra sentido la banda sonora de la adolescencia. Haber crecido deseando abandonar la isla, añorando otra época y lugar. Pero al mismo tiempo, sonando fresco y atemporal. Da lo mismo la década o el continente, la constante es una melodía. Andrew y Ben, que los miran desde la parte delantera de la van, creen que exageraron con la dosis.

Tame Impala “Alter Ego”
Del álbum Innerspeaker (2010)
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Josh Ritter // So Runs the World Away

Un día las melodías lo abandonaron. Todo se volvió convencional, rutinario, complaciente. Diríase de un gris casi rockero. Y Josh Ritter recordaba todas aquellas reseñas que hablaban de Dylan, Cash y Cohen para aproximarse a su música. A Josh le sobraban las palabras y las canciones. Pero llegó el momento en que el piano o la guitarra solo reproducían las notas del pasado, simulacros de canción, mera producción en serie y carente de alma. Mientras paseaba por NY vio un cartel que anunciaba la nueva película de Tim Burton. Johnny Depp en 3D le brindó la respuesta que necesitaba. Si no tenía nada que decir, debía callar. Los sonidos se tornaron ruidos de la calle y él dejó de manipular las cuerdas.

Poco después las historias volvieron. Se desató un viaje interminable, porque esa era la idea: explorar, extraviarse y perder el centro. El punto de partida fue una historia de amor entre una momia y un arqueólogo, luego de eso la gravedad pondría las cosas en su sitio. Ritter inició su peregrinaje delirante y experimentó la epifanía que afortunadamente transformó en un nuevo disco. Una travesía en la que pareciera que, ouija de por medio, el Drake de Five Leaves Left, oficiara de copiloto.

Josh Ritter “Southern Pacifica”
Del álbum So Runs the World Away (2010)
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The Forest & The Trees

Examinemos un dúo al azar. Busquemos recurrencias. Pareciera que eligieran caminos distintos, pero hubo un momento en que aquellos que decidieron unir su voces e instrumentos hasta que el pop o las “diferencias-artísticas-irreconciliables” los separasen estuvieron frente a frente, casi a punto de armar una fiestita swinger. The Forest & The Trees ciertamente no desentonarían en esta celebración si tomamos en cuenta lo siguiente:

1. La rubia. Sí, nuevamente, la sospechosa común. Se llama Linnea y es sueca. Blonda cabellera que se apodera del micrófono y concentra la atención del melómano desinteresado. Hace pocos días, como es habitual en esta tribuna, ya habíamos recaído en esta deliciosa adicción.

2. El nombre del grupo. Ubicado prácticamente en el mismo nicho sonoro, guarda sospechosas similitudes con The Bird & The Bee. Podría tratarse de un ejemplo clásico de ósmosis musical. No sería raro, ambos actos frecuentan hábitats idénticos: el pop de cámara y la melodía sintetizada.

3. El artesano. Detrás de toda frontwoman hay un gran productor. Prolífico, cerebral y detallista. Pero en este caso, Joel no se queda callado observando a su pareja desde la consola. No, su cálido registro vocal se suma al de ella. El diálogo de pareja (al menos en la canción) sí puede funcionar.

4. El hogar. Linnea y Joel están casados. Su primer álbum fue elaborado íntegramente en casa. Nació de la grabación de unos mixtapes navideños. Si hasta podría parecer una tarjeta de Hallmark. Haciendo a un lado el escepticismo, la convivencia matrimonial puede ofrecer excelentes bandas sonoras. Si la luna de miel no dura para siempre, sobrevivirá el disco. Sino pregúntenle a Biolay.

5. La sinfonía agridulce. Ok, ese detalle es consustancial a prácticamente cualquier grupo pop. La danza alegre que hace caso omiso a la tragedia personal descrita por la letra de la canción. Un delicioso juego de opuestos que se complementan. Languidez y estados contemplativos, medios tiempos para el drama rutinario que narrados en contrapunto por un chico y una chica nos llevan a otra dimensión: un espacio donde todo empieza a cobrar realmente sentido.

The Forest & The Trees “Bohemian Boy”
Del álbum The Forest & The Trees (2010)
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Luciana Tagliapietra // Los Domingos

Ella viene de la provincia: verde y cielos encopetados… pero no idealicemos nuevamente a Tucumán. Ella no se ampara en el grito. No porta un acordeón ni le pide nada a la luna. En el disco de Luciana Tagliapietra, la inquietud y el libre albedrío, ese que también surtió al camión regador de Suárez, aparecen discretamente, en tono de baja fidelidad, como rumor de radio AM o cajita musical de la infancia. Importa poco la fuente de emisión. Podría ser un cuarto adolescente la víspera de la navidad, un campo de juegos para ejercitar la nostalgia y proyectar miedo y deseo, ansiedad y emoción.  Las melodías van flotando, y así como la canción quiere evitar la rutina y dejar la tierra, acunada en arreglos delicados y vientos traviesos, la voz de Luciana transmite una extraña satisfacción ante la incomunicación y el silencio, una feliz turbación de domingo por la tarde.

Luciana Tagliapietra “Demasiada Presión”
Del álbum Los Domingos (2009)
[audio:http://www.fileden.com/files/2009/2/16/2324471//luciana tagliapietra – demasiada presion.mp3]

La Ola Que Quería Ser Chau // Entre un Ladrón y una Beba de Seis Meses

«¿Sabes algo Kaio Sama? Soy muy bueno para destruir las cosas, pero en cambio soy malísimo para construir o crear lo que sea.»

En un mágico doble juego de opuestos, La Ola Que Quería Ser Chau gana (empata o pierde, eso ya no importa) con desarmante reverberación enamoradiza. Desde City Bell, con las tres canciones de su primer EP y efervescentes shows en vivo, imponen una urgencia contagiosa.

Jóvenes de colores y amigos de lo ajeno, toman el molde «indie» y lo traducen a su propio idioma, consiguiendo un hermoso ir y venir entre aceleración y frenada, hacer y deshacer, la calma y el desconcierto o entre Goku y Maradona. ¿Serán Los Supercampeones?

Qué adorable entender que es un juego sí, como el deseo imparable de caer sobre el mar y la vergüenza de tiritar los dientes por el frío. ¿Y al final qué se siente? Encantamiento, dis-tor-sión, ternura, un clan de voces, fatiga, rebotes y golpes por todos lados.

La Ola Que Quería Ser Chau “Cariñito”
Del EP Entre un Ladrón y una Beba de Seis Meses (2010, descarga gratuita)
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