Free Energy // Stuck On Nothing

Abandonemos las excentricidades y la disfuncionalidad sónica. Más allá del pastiche ad infinitum que nos prodiga con generosidad la escena musical de esta década, en los suburbios americanos persisten las bandas que solo necesitan de sus amplificadores y un puñado de canciones con aspiraciones de sonar en las fiestas de colleges o en los festivales de verano. Vieja escuela que deposita toda su fe en el poder del coro/estribillo de single FM, en las guitarras que pueden estremecer e incendiar los cuartos adolescentes en todo el mundo.

Free Energy es el más reciente y feliz encuentro entre rock y pop. La ironía y malditismo están desterrados de su universo. Desde sus letras despiden actitud positiva y buenas vibras, y el bombardeo de guitarras destila stadium rock en cada tema. El glam pop de los setenta baña su debut discográfico y promete alborotar el verano norteamericano. Como en los noventa, (recuerden a Pavement y Weezer) parece que el tiempo de los slacker ha vuelto. Unas Chuck Taylor retozando en el patio luego que las cervezas han surtido efecto celebran ese momento.

Free Energy “Bang Pop”
Del álbum Stuck On Nothing (2010)
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Klaus & Kinski // Tierra, Trágalos

Una proclama eufórica de Hitler servirá de prólogo a una bossa nova que invita a la paz y el diálogo de sobremesa. Hacía el final de la canción, la voz de Marina se fundirá con la bohemia de los primeros martinis. Alejandro revisa sus pedaleras y chequea el arsenal de samplers almacenados en su estudio casero, un inminente vendaval de distorsión se aproxima. De pronto, lo desenchufa todo y empuña la guitarra para improvisar una polka. En sus ojos brilla el recuerdo de una verbena. Los niños no desean ir a la escuela por temor a morir y se lanzan al patio de juegos para resolver los destinos del Estado. La República, solo por esta vez, le habrá sacado la lengua a los dictados imperiales. Fragmentos, piezas hermosas y delirantes que proyecta el segundo álbum de Klaus & Kinski.

Con Tierra, Trágalos, el grupo de Murcia confirma que su debut discográfico no era un collage disperso y multiforme, un desbocado intento por llamar la atención apelando al bolero o el ruidismo sónico. El eclecticismo para Alejandro Martínez no es un gesto disforzado o una coartada posmoderna oportunista; este bellísimo y variado tratado musical es el reflejo de un creador que vive intensamente su melomanía. Escuchar a K&K es repasar con estilo y sobriedad un coctel sonoro que puede decantarse hacia el pop sesentero o el italo disco, que puede ponerse a la par de Yo la Tengo para acto seguido juguetear con el charlestón o un vals. Detallistas compulsivos y artesanos de la melodía comienzan a trazar su propio derrotero, desmarcándose por completo de otros grupos de su generación. K&K se complace en construir y destruir las canciones.

Relatos mórbidos sobre la infancia y reflexiones ligeras sobre el devenir del capital y las leyes del trabajo. Crónicas de la procastinación en los tiempos de la incomunicación. Si el despliegue instrumental de K&K es ambicioso, la libertad en sus letras lleva las cosas a un siguiente nivel. Si Alejandro Martínez cita como influencias a Fernando Alfaro, Stephin Merritt y Morrissey, a estas alturas puede jactarse de tener bien aprendida la lección de sus modelos. Irónico y provocador, apropiándose de la oralidad de las calles y los templos, de los bares y patios universitarios, Martínez habla de la muerte y el sexo, como de la anarquía y la bipolaridad casera. Líricas que solo pueden tener el efecto adecuado en la voz de Marina: oscilante y temblorosa, susurrante, reptando en las mareas de guitarras o en las fugas de violines, siempre luminosa. Un instrumento que se moldea según los designios de un creador que parece no tener límites. Después de todo lo escuchado, hacen bien en ser insaciables.

Klaus & Kinski “Ya Estaba Así Cuando Llegué”
Del álbum Tierra, Trágalos (2010)
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Clara Clara // Comfortable Problems

Por el momento, no más arrullos y cantos sibilinos desde Francia. Descansamos de la chanson exuberante y los arreglos preciosistas. La próxima Jane Birkin aguarda su oportunidad en algún lugar. Clara Clara, es un trío de Dijon que se sumerge en la disonancia y las explosiones eléctricas. Apegados a la disfuncionalidad sonora americana de los noventa, la postulada por los primeros Mercury Rev o Flaming Lips, el proyecto alterno de François Virot marca un ritmo trepidante y vigoroso en su álbum debut. Una fórmula vertiginosa que se resuelve entre una base rítmica descontrolada y capas de distorsión. Un mantra psicodélico recorre todo el disco y brinda matices a la fría ecuación en la que devino el post rock de nuestros días. El acople envuelve al estribillo pegajoso y las voces se disuelven en ácido. Juguetonamente, mutando y escondiéndose en los beats, subyace triunfante una melodía pop.

Clara Clara “One on One”
Del álbum Comfortable Problems (2010)
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Peasant // Shady Retreat

Peasant recorre apaciblemente los bosques y se refugia en un estudio casero para registrar su nuevo disco. Damien DeRose necesita solamente del contacto con la naturaleza y su guitarra acústica para estremecer el mundo. Si desde siempre el cantautor se amparó en su voz para contar historias personales, Shady Retreat retoma esa rica tradición para mostrar en toda su hermosa desnudez un delicioso catálogo de íntimas viñetas, cuadros abatidos de una revolución silenciosa.

El trovador descarta los arreglos suntuosos, apela con sutileza a las cuerdas o el piano. El desaliento o la soledad posmoderna no opacan el brillo de su mirada. Las notas y melodías vienen desde un pasado bucólico, el folk de los sesenta es la base de su confesión. El deseo y las interrogantes encuentran eco en su interpretación, como una luz cálida y fresca a la vez. La experiencia es intensa y breve. El sol y la luna embriagados le devuelven una sonrisa a DeRose.

Peasant “The End”
Del álbum Shady Retreat (2010)
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Françoise Hardy // La Pluie Sans Parapluie

Así son los tiempos del amor, querida Françoise. Estarán siempre las melodías que disparan sin control imágenes del pasado: malecones mediterráneos recorridos sin apuro, los versos de nostalgia adolescente por aquello que aún no se ha perdido, la vieja chanson revitalizada por un ejército de chicas yéyé y…

Eres un espíritu inconforme. Creas. Juegas el rol divino. Plasmas una estética desde la fotografía o el disco. Das un sonido particular a la melancolía y armada de arreglos e instrumentaciones exquisitas conviertes en sublime lo trivial. No te limitas a ser simplemente la modelo que devanea con la música. Rodeada de innumerables divas, brillas en cada flash y en cada giro del vinilo…

Cambias de caretas. Experimentas con libertad. Revolucionas tu vida y buscas en el misticismo y lo exótico la respuesta primordial. Cuestionas estructuras y prefieres el silencio…

Boomerang. Transitas por un sendero que parece conocido. Es como si estuvieras solo acompañada por tu guitarra acústica y Dylan coqueteara nuevamente contigo. Regresas a la canción para tener abrigo. El laralá ha vuelto al corazón. Afortunadamente, nunca dejaste de ser un caramelo pop.

Françoise Hardy “La Pluie Sans Parapluie”
Del álbum La Pluie Sans Parapluie (2010)
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Joaquín Pascual // El Ritmo de los Acontecimientos

Las tormentas eléctricas de Mercromina filtradas y grabadas en versión casera. Un proyecto más íntimo que Travolta. La intensidad y experiencia del otro gran compositor de Surfin’ Bichos han sido condensadas en su primer disco firmado con nombre propio. Joaquín Pascual no necesita de aspavientos y excentricidades para llamar nuestra atención. Una nueva colección de hermosas melodías y sencillos arreglos, apegadas al folk de estirpe sesentera, demuestran su vigencia como hábil artesano del mejor pop hecho en español.

Pequeñas viñetas de observador acucioso transformadas en canción. Claras y directas en su narración, entre la nostalgia y la confesión desenfadada. Guitarras simples y austeras que acompañan al prolífico Joaquín, y a las que también pueden añadirse explosiones corales cortesía de Ana Galletero, su fiel aliada en Travolta. Sin estridencias y máscaras, este entrañable viejo cascarrabias vuelve a confiar en el poder terapéutico de la música.

Joaquín Pascual “Carreteras Secundarias”
Del álbum El Ritmo de los Acontecimientos (2010)
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Goldfrapp // Head First

Un nuevo escenario. Una representación que pretende ser novedosa. Se aspira a conseguir un directo vibrante. Goldfrapp regresa a las pistas de baile. La etapa más bucólica y atmosférica del dúo británico parece haber concluido: se alejan de los parajes naturales y el discurso psicodélico de Seventh Tree para volver su atención a la vorágine nocturna y el registro sonoro ochentero. Se apartan de Nick Drake para dictar tendencia sampleando a Van Halen. Cambian los ambientes y las performances, pero el goce del cuerpo sigue intacto.

El revival de los ritmos sintetizados que reinaron en las discotecas durante el siglo pasado provoca que se les compare antojadizamente con La Roux y Little Boots. Una operación carente de sentido; como si a mediados de los noventas descartáramos a Portishead y Massive Attack para escuchar a Sneaker Pimps y Mono. La producción de Goldfrapp sigue destilando sensualidad y glamour y diferenciándolos de actos que solo lograran notoriedad vía el remix oportunista.

Una rubia divaga en la discoteca. No distingue si la fuente de los destellos es artificial. Le parece que apenas ayer caminaba extasiada por los bosques y su excursión estaba animada por música sesentera. Ahora solo ve faunos y machos cabríos contoneándose a su alrededor. Siempre cambiante, como en una representación teatral sin fin. Alison quisiera encontrar un punto de comunión, la obra que sintetice todos esos registros, que armonice todas esas voces que resuenan en su cabeza. Al final del disco, el panorama parece aclararse: el folk se disuelve en un beat ácido, no hay palabras, no existe sagrado o profano, solo un eco, una voz permutada y un cielo que tiende al rosado.

Goldfrapp “Believer”
Del álbum Head First (2010)

MGMT // Congratulations

Andrew y Ben dejaron su departamento en Brooklyn con las demos grabadas de su segundo disco. Habían decidido apagar las máquinas y fugar a Malibu. Solo querían perderse en el océano y olvidarse de los singles y las notas de prensa que explicaran el concepto de Congratulations. En las olas encontrarían las imágenes para completar esta nueva aventura.

En la espuma blanca se reflejaría Berlín. Verían a Ziggy pasear junto a otras entidades ansiosas por una nueva experiencia nocturna. Los sintetizadores y samplers cederían el protagonismo a una marea psicodélica más reposada. No abandonarían el glam, pero ahora las melodías escaparían de arreglos excesivos y lucirían su hermosa desnudez. Con risa burlona montan la siguiente ola y mantienen el cinismo de siempre para tomarse la foto que les corresponde como rock stars. Andrew solo atina a decir en la resaca del flash que ahora los cadáveres exquisitos se exhiben con elegancia en el blog de Kanye West.

No más singles. El viejo discurso del disco conceptual. El ácido como fiel aliado en la composición. El viaje místico, la reflexión sobre la fama y el sinsentido de la vida. La visión caleidoscópica que proyecta e intenta sintetizar cinco décadas de cultura pop. El rumor de una ola próxima a deshacerse en la orilla. California habrá cambiado a Costa Rica. Dave Fridmann se toma unas margaritas con Sonic Boom. Jennifer Herrema en estado catatónico, tumbada en la hamaca, ve toda la videografia de Lady Gaga. El gurú marcaría la trayectoria hacía el Círculo Polar Ártico. Esta vez Brian Eno acompaña a la dupla para su siguiente maniobra. Desde las estepas, Syd Barrett y Arthur Lee escuchan extasiados doce minutos convertidos en canción. Es el momento de entrar en rotación.

MGMT “Siberian Breaks”
Del álbum Congratulations (2010)

Charades // Revolución Solar

Hay cierto aire de familia en buena parte del pop español. No importa si ese aire se origina en la canción pop francesa o en la poética turbia de alguna que otra banda de garage norteamericana, llegado a tierras ibéricas, adquiere un tono, un perfil propio dibujado sobre la ingravidez de las voces femeninas, las inmersiones en mareas de electricidad, o la nostalgia agazapada tras los lentes de sol. Puede que la apreciación sea algo arbitraria pero no es del todo inútil y sirve para imaginar ese halo que avanza resueltamente entre solistas y grupos, enlazando el motor creativo de actos tan diversos como Vacaciones, Nosotrash o Christina Rosenvinge -la de antes, la de ahora, la de siempre-, hasta penetrar en la versatilidad galopante de Klaus & Kinski o el luminoso desaliento de Tulsa. Ese mismo aire de familia flota en el ambiente cuando uno escucha a Charades. No importa si su sonido tiene origen en la psicodelia sesentera o en alguno que otro recurso tomado de The Breeders, llegado a Murcia, adquiere una orientación particular y, al mismo tiempo, una suerte de leve reminiscencia a sus pares, un vórtice de sensaciones contrapuestas, o ese destello tambaleante entre lo confortable y lo abrasivo. Charades tiene la vieja habilidad de justificar un día cualquiera de verano con un puñado de canciones rutilantes. Una voz sin centro de gravedad, un manto eléctrico, una nostalgia furtiva en las retinas. El disco gira. El cosmos se altera. Una revolución en ciernes se asoma en medio del cielo.

Charades “Aguaceros”
Del álbum Revolución Solar (2010)
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The Bird and The Bee // Interpreting The Masters Volume 1: A Tribute To Daryl Hall And John Oates

Pudo ser un disco de Gal Costa descatalogado. Un recopilatorio de pop californiano de 1964. Quizá una selección de las divas de Motown. Pero Inara y Greg prefirieron virar su atención hacia aquel álbum que no dejó de sonar en su carro durante el último año. Una colección de singles que se mantiene rotando en las radios de todo el mundo desde los años 70, que inevitablemente se han mimetizado con el espacio, que ya son uno solo con las cafeterías y las salas de espera. Las canciones de Hall & Oates no son casualidades del estudio de grabación, escapan también al one-hit wonder, coquetean con el temible rótulo de AOR, pueden ser kitsch o cool según se les oiga, podrían convertirse fácilmente en el fetiche de algún fan del Genesis post Gabriel. Digamos, para resolver el asunto, que estamos ante el pop en estado primigenio. Ni más ni menos.

Melodías puras y sencillas. El talento para el hook preciso. Ese que se adhiere a tus pensamientos y que solo puede abandonarte en forma de tarareo inconsciente en cualquier lugar. Coros y estribillos que se apoderaron de las frecuencias moduladas y los corazones melómanos y que ahora constituyen la esencia del nuevo disco de The Bird and The Bee. Alejado de la parodia o de la pirotecnia tecnológica, no estamos ante un álbum de remixes destinado a las discotecas sin alma. No, perviven en esta grabación la esencia de los temas originales, los arreglos y los tempos, incluso se imita la interpretación de Hall. El dúo cosmopolita cae rendido y refleja el soul del siglo pasado. Ese que brilla eternamente en la simpleza del “I miss you, baby”.

The Bird and The Bee “Kiss On My List”
Del álbum Interpreting the Masters, Vol. 1: A Tribute to Daryl Hall & John Oates (2010)
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