Bear in Heaven // Beast Rest Forth Mouth

La elección parece evidente: el espacio como objetivo, reproducir el sonido del nacimiento de una estrella, captar las frecuencias estelares y reproducirlas en tu garaje. No renegar del pop o la melodía, pero tener como principal foco de atención terrenos más cercanos a la experimentación y no a la inmediatez de ser la sensación del verano. Esa es la ruta tomada por Bear in Heaven.

El grupo de Brooklyn trabaja con las texturas. Se complace en generar atmósferas plagadas de efectos y reverberaciones. Sigue el legado de proyectos de inspiración retro futurista (Laika o el Stereolab más apegado al theremin), y asemeja su propuesta a la que actualmente perpetran los colectivos sónicos canadienses. Si miras a las estrellas también necesitas una dosis de Manchester, evocar el Berlín de finales de los 70 y retomar los silencios y estallidos instrumentales del primer Slint. Ahora sí, ya estás preparado para entrar en órbita.

Pero como Grizzly, Panda y Sea, estos Bear también añoran el paisaje terrestre, el paraíso melómano. Y a pesar de lo dicho anteriormente, retoman el sendero de la canción. Regresan a la Tierra: unos sintetizadores juguetones y unos coros inequívocamente pop los atan a la superficie, ya han dejado de flotar y solo se limitan a ladear la cabeza.

Bear in Heaven “Ultimate Satisfaction”
Del álbum Beast Rest Forth Mouth (2009)
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Holly Miranda // The Magician’s Private Library

Una fotografía fue el inicio de mi obsesión. Leí tu nombre y por eufonía recordé una tarea aplazada. Comencé a seguirte: divagué hacia Madrid, pero luego aterricé en Williamsburg. Nuevamente la bohemia neoyorquina. No me preguntes la diferencia entre un bar y una librería de Brooklyn, solo sé que de vez en cuando se deja escuchar una verdad entre tanto bullicio arty. Luego apareció tu voz. Silencio. Fuegos artificiales. Ciertamente, las palabras son el inicio del control.

Te he visto en movimiento. Vincent Moon ha sido el culpable. Robar un instante cualquiera y hacerlo eterno, convertir lo cotidiano en excepción es la tarea del artífice de La Blogotheque. Tu canto desnudo y cálido, sin arreglos innecesarios. Un violín in crescendo como cómplice para ver caer la tarde.

Eras la compañera de coro de Victoria Legrand, ella a veces callaba para no desentonar a tu lado. Sales de paseo con las gemelas de Múm y Kristín te pide que cantes para que el bosque brille como nunca con tu voz. Antes de grabar, buscas a Sierra y Bianca para escuchar Grace y Bryter Layter: cierran los ojos para que el beso y la canción nunca terminen.

Melodía y vanguardia. Pop etéreo, trompetas que estallan entre arrullos y guitarras encendidas para la excursión nocturna que me propones hoy, querida Holly. Una coqueta cajita musical para que el mundo enmudezca y solo se oiga tu voz.

Holly Miranda “Joints”
Del álbum The Magician’s Private Library (2010)

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Jim Jarmusch // The Limits of Control

Al principio era la forma. Puede que me equivoque pero por un momento supongamos que no. Supongamos que al principio era la forma. Y la forma se convirtió en una historia cerrada sobre sí misma, o mejor aún, despojada de sí misma, exigua y elusiva, obstinadamente tenue, como un hilo antes de romperse. El hilo, desde luego, es el protagonista de esta historia: un hombre -¿un asesino, un extremista, un lunático?- y su inescrutable travesía desde un aeropuerto hasta una estación de tren. En el camino, una cita de Rimbaud, una España espectral a fuerza de ser reconocible, un puñado de personajes desmesuradamente alegóricos, diálogos que no son tales y el aliento clandestino de la conspiración en medio de una realidad arbitraria. Y arbitraria quiere decir aquí sin centros de donde asirse o bordes a los cuales ceñirse.

Bienvenidos a Los límites del control.

Surgido vagamente de un ensayo de William Burroughs y definido por su propio autor como una película de acción sin acción, el último trabajo de Jim Jarmusch bien podría calificarse de una vuelta de tuerca a su filmografía, una especie de giro. Ciertamente, lo sería si es que el de Ohio no se las ingeniase para estar siempre tan lejos y tan cerca de sus películas más entrañables, propias como ajenas ¿O es que acaso no existe paralelo entre el viaje que emprende El Hombre Solitario en esta cinta y el de Don Johnston en Broken Flowers o el de Allie en Permanent Vacation, entre otros? El encuentro imposible de Jacques Rivette y John Boorman –o de Manuel el Sevillano y Boris– le da vida al filme de un cineasta que a lo largo de treinta años se ha puesto el estandarte minimalista en el hombro. Pero esta vez llega hasta el paroxismo. Las pausas, las superficies, los silencios. Las remisiones a sí mismo en un juego de espejos infinito. La reiteración como argumento, el tiempo muerto como trama, el lirismo de la imagen como única estrategia para narrar todo aquello que pasa cuando no pasa nada. Y la percepción. Distorsionada, por supuesto, como lo está buena parte de la banda sonora.

Sin embargo, a contrapelo de lo que todo el mundo piensa, aquí no hay embeleso en el estilo. Burroughs decía que el control empieza con las palabras. En un mundo donde todo mundo habla, guardar silencio siempre es una opción. Y ese es el tren que toma Jarmusch, a quien parece no inquietarle el vacío. La suya es una cinta sobre mirar y saber mirar. Sobre la posibilidad de imaginar los modos en que se puede atravesar un muro sin puertas ni ventanas. El Arte contra el Sistema, por idealista o manido que suene. Al final tienes razón, Jim, también a mí me gusta cuando en las películas la gente se sienta. Y no dice nada.

High Places “On Giving Up”

No podía creer que lo nuevo de High Places fuera High Places. ¿Dónde quedaron esas aventuras sonoras debajo de la cama que lo convertían en un Animal Collective del minimalismo, ese pop que acaso respondía a un rito ancestral, esa música que parecía ver el universo con un microscopio? Este avance de su próximo álbum era tan… normal, que decidí cerrar con pena otro capítulo más en mi historia de decepciones musicales.

Hay ocasiones en que me pongo a escuchar canciones sueltas sin fijarme en nombres o títulos, sobre todo cuando salgo a la calle. Una de esas veces, un tema llamó de inmediato mi hasta entonces dispersa atención. Primero me sorprendió, porque no recordaba haberlo oído antes, y después me fascinó. Era un pop elegante, algo sombrío pero con groove, acerca de alguien que, ahora sí, ha decidido poner fin a una relación desgastada. Parecía una canción perdida de los ochenta, quizás de unos ochenta que no existieron, pero debieron. Y entonces me fijé en el nombre y el título.

High Places me ha enseñado que debo renunciar a mis expectativas.

High Places “On Giving Up”
Del álbum High Places vs. Mankind (2010)

Sky Ferreira “Happy Dre”

Popular banda británica de los sesenta graba canción acerca de sexo y/o drogas. Lolita de Los Angeles con voz de princesa pop y actitud indie reinterpreta tema con particular estilo.  DJ se topa con cover y decide agregar base rítmica de conocido track de popular rapero de los noventa. Simpático blog encuentra remix y lo propone a sus lectores. La felicidad continúa caliente.

Sky Ferreira “Happy Dre” (DJ Skeet Skeet remix)

Emmanuelle Seigner «Femme Fatale»

Modelos que fungen de cantantes. Actrices en devaneos con la música. Belleza, glamour y sensualidad trasladados desde el set y la pasarela al pentagrama. Rica es la tradición de los coqueteos y flirteos entre el cine y la música. En el caso de Francia, nuevamente es indispensable remitirse a la corte de divas que regentaba Serge Gainsbourg: la verdadera Factory, una celestial camada de divas producidas y dirigidas por el talento del dandy de la chanson. Bardot, Birkin, Gall, Anna Karina… fetiches hechos canción, un paraíso en la tierra para el melómano y lujurioso que llevamos dentro.

En el pasado más reciente, Carla Bruni planteó un debate entre ética y estética que no viene al caso revivir. Más cercano aún, la Cotillard y Franz Ferdinand demostraron que Dior nunca tuvo una mejor banda sonora para sus diseños. Ahora, un objeto del deseo toma el micrófono y busca encender el mundo desde el disco. La musa de Polanski, el cineasta que amaba demasiado a las mujeres, edita su primer álbum. No es sombrío o misterioso, no esconde sus pasiones detrás de una mirada insondable. Es pop directo e intenso, melodías solares urdidas junto a Keren Ann. Un juego de seducción propuesto por Emmanuelle, donde como en sus películas, ella impone las reglas.

Emmanuelle Seigner “Femme Fatale”
Del álbum Dingue (2010)
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Las bandas también son personas

Autor de Questionable Content, el celebrado webcomic sobre romance, robots y rock indie, Jeph Jacques ha tenido la brillante idea de comparar a bandas con personas/personajes/personalidades. Los resultados son hilarantes, aunque en ciertos casos pensarás lo contrario. En especial si se trata de tus grupos favoritos:

Weezer es tu mejor amigo del colegio con el que perdiste contacto al entrar a la universidad, y que cuando finalmente te vuelves a tropezar con él después de la graduación se ha vuelto un perfecto patán.

The Decemberists son ese grupo de estudiantes de teatro que no hablan con nadie fuera de su círculo y se hacen un montón de chistes privados que no entiendes.

Xiu Xiu es es el tipo que rompe contigo porque sabe que si no te va arruinar la vida.

Death Cab for Cutie es el chico del que estabas super enamorada en el colegio pero en los 10 años de tu promoción te enteras que es gerente de un banco.

Broken Social Scene es ese espectacular menage à trois que tuviste durante la universidad.

Sigur Ros es esa estudiante de intercambio que pensabas estaba enamorada de ti pero que se ponía colorada y salía corriendo si tratabas de hablar con ella.

Iron & Wine es ese chico al que le gusta demasiado dormir acurrucado contigo.

Wilco es tu papá.

The Flaming Lips es tu papá con viagra y antidepresivos.

Justice es el chico con el que tienes sexo mientras fantaseas con Daft Punk.

Arcade Fire es el tipo con el que eran amigos en el colegio antes de que él conociera a nadie en la ciudad, pero ahora que es super popular no te devuelve las llamadas.

Muse te hizo una paja mediocre y encima se cagó en la cama.

Yo La Tengo son tus vecinos adinerados y mayores que tú que viven arriba y dan fiestas ruidosas de vez en cuando pero no te quejas porque casi siempre te invitan.

Tortoise es ese profesor sexy que tenías en la universidad con el que estás segura que hubieras podido tener algo (pero te alegras que no fuera así porque probablemente sea aburrido en la cama).

Mogwai es la enamorada de tu mejor amigo que francamente ha subido algunos kilos en el último par de años, pero son felices así que quién eres tú para juzgar.

Air es el chico libidinoso cuyo corazón secretamente nerd disfrutabas pasar un fin de semana descubriendo entre tandas de sexo vigoroso.

Björk te dio una cachetada, luego te besó, luego tuvo sexo contigo hasta exprimirte el cerebro, luego escribió una nota en el espejo de tu baño con su sangre menstrual en la que rompía contigo.

David Bowie es el amigo de tu papá que todas tus amigas se quieren llevar a la cama. Algunas lo han hecho, pero nunca te lo dirán.

Fever Ray era la chica de la clase de teatro a la que todos tenían miedo. Un día dejó un cuaderno en su carpeta. Lo abriste y estaba lleno de preciosos retratos surrealistas de todos en la clase, dibujados con lapicero y carbón robado del salón de arte.

Grizzly Bear es la chompa de cachemira de $500 que usarás hasta que se caiga literalmente a pedazos.

Low te enseñó que realmente tienes que quererte a ti mismo para poder querer a otros.

Pavement te enseñó todo lo que sabes sobre sexo y sólo sonrió cuando le dijiste que querías que empezaran a salir con otros.

Yeah Yeah Yeahs es la chica que todos tus amigos piensan es fantástica, que es tan brillante e intensa e inteligente pero hasta donde tú sabes es sólo una cojuda aburrida con un corte de pelo tonto.

Spoon es el chico que te levantó en un concierto, te llevó a un increíble parquecito que ni siquiera sabías que existía y te acompañó caminando hasta tu casa sin siquiera pedirte tu teléfono.

Built to Spill es guapo, pero habla tanto que no deja tiempo suficiente como para tirar.

The Postal Service es ese chico realmente ñoño con el que estuviste por un año, y mirando atrás te sientes realmente avergonzada de haberte besuqueado tanto con él en público.

Metallica es Lars Ulrich masturbándose ante un Van Gogh original por toda la eternidad.

Magneta Lane «Lady Bones»

En el clip de las Magneta Lane (que tiende al magenta), unas riot grrrls que lucen un vestuario adquirido en una tienda de todo por $0.99 se encuentran con un Dalí de la white trash y hacen los preparativos para una fiesta de los muertos en clave mexicana. Los invitados al convite son los hijos de George Romero y Floria Sigismondi. Las referencias viajan a la velocidad de la luz: piezas que se yuxtaponen y buscan construir sentido. La posmodernidad celebra alborozada el pastiche.

Magneta Lane “Lady Bones”
Del álbum Gambling With God (2009)

The Radio Dept. «Heaven’s On Fire»

Los shoegazers también quieren divertirse. El trío sueco se olvida por un momento de las pedaleras y los climas lánguidos. Descienden a la tierra y descargan un single que hace más honor al nombre de la banda. Un flirteo descarado con el synth pop ochentero que ya ha arrojado acusaciones de mercantilizar su obra por presiones de Labrador (sello que ha amasado una fortuna considerable con las millonarias ventas de los ahijados de Sofia Coppola). Nosotros ajenos a las majors que desacralizan y vejan la creación artística (para eso mejor escuchar el inicio de esta canción) preferimos arder en llamas cuando vemos a las fans de The Radio Dept.

The Radio Dept. “Heaven’s On Fire”
Del álbum Clinging To A Sheme (2010)
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