Dom “Bochicha”

Que te lo diga tu amigo hipster: el gato es el nuevo perro, estamos cambiado de mejor amigo. Quizá nos estamos aceptando tal como somos: indiferentes, solitarios y hermosos.

Ha aparecido el felino más indie de la temporada. No es techero, pero puedes llamarlo garagero. ¿Qué tan alto puedes llegar Bochicha?

Dom “Bochicha”
Del álbum Sun Bronzed Greek Gods (2010)

Pearl Jam en concierto

Escribe Wilfredo Oliveros

Jiffy Lube Live, Virginia, EE.UU. 13 de mayo

Ciertas bandas están hechas para tocar en vivo: cuando otras muestran los hilos de las bastas por la superproducción en estudio, la tirantez entre los miembros, o el inevitable pechofrío de los años de tocar y tocar «With or Without You» (toma ahi!), es allí donde los Pearl Jam muestran el nervio para manejar un estadio como si se tratase de un club y tocar como si fuera el último show de sus vidas, sin otra razón que el estar pasándola tanto o mejor que los 25 mil que tienen al frente; y eso es algo que te deja absorto, anodadado, rendido.

Los Band of Horses abrieron el show con tres discos a cuestas (y dos discos de Lynyrd Skynyrd y Willie Nelson en la maleta) y con su mezcla impecable de indie rock, bluegrass y folk hicieron que los 45 minutos del set queden cortos y que quien suscribe se baje sus tres discos mientras termina esta crónica.

Tras escuchar como antesala y por minutos parte del soundtrack de The Hours (Phillip Glass resultó haber sido de Baltimore), Eddie Vedder sale relajado con su librito de letras, su limonada y un polo que compró cuando tenia 19 años, saluda al público respetuosamente y en prima nomás dispara «Elderly Woman Behind the Counter in A Small Town», cogiéndonos con la guardia baja, haciéndonos rugir instantáneamente como si se tratase de un gran final y logrando que se nos quiebre la voz al gritar «I just want to scream… Hello…»

Estos viejos zorros hacen del setlist su mejor arma para dominar a un público que reconoce su gran vuelta al ruedo con «Backspacer» y la vigorosa «The Fixer» pero sin desconocer que los himnos deben ser entonados («Better Man», «Black», «Alive»), Eddie y McCready van cogiendo viada y sueltan la joya escondida del No Code, «Present Tense», haciendo que la gente alce los brazos esperando atrapar el momento.

El concierto se divide en tres estados: cuando Vedder se deja llevar por su espíritu trovador y deja entrar aire a sus pulmones («Just Breathe»: el certificado de que Eddie será invitado al cumpleaños de Neil Young), cuando bota todo el aire que le queda y brama poniendo en jaque a sus cuerdas vocales, fiel a esa casta de aquellos que cantan desde las entrañas, con una texturizada voz barítona que puede llenar cada rincón del estadio y retumbar en tu pecho como si fuera un gong («Spin The Black Circle», «Do The Evolution»), y cuando la banda en conjunto se deja llevar por sí misma tocando en círculo cerrado como si se tratase de un ensayo y dejando que el genio de MCready se explaye («Evenflow», «Yellow Ledbetter», con un cierre de concierto con devoción a Hendrix) mientras Ament, Gossard y Matt Cameron -quien le puso el ritmo a Soundgarden- lo siguen atentos, aunque sabiendo que a donde los lleve no podrá ser un mal lugar.

Si bien han pasado 20 años desde que el Ten, el grunge y esa especie de criaturas con camisas de franela y look resina poblaran la TV, radio y los walkman de muchos (no sonrías socarronamente, que no estás tan joven como para no acordarte), los Pearl Jam se han mantenido en sus trece, siendo fieles a su legado setentero y al hacer de la performance la mayor de sus virtudes y carta de presentación, cohesionados por tres horas y dos encores, sin importarles que prendan las luces, buscando ser los últimos en irse y hacer de una sincera puesta en escena su marca registrada. Y es que son cosas de la evolución, sólo el más fuerte sobrevive.

Gogol Bordello «Last One Goes the Hope»

Latin Gypsy Punk puede sonar a un nuevo cliché indie snob a estas alturas del camino, pero para el aventurero no hay encasillamiento. Gogol Bordello une a Europa del Este, Nueva York y Latinoamérica en un pachanguero pogo bailable. El que no empuja no es humano.

Gogol Bordello «Last One Goes the Hope»
Del álbum Trans-Continental Hustle (2010)

Josh Ritter // So Runs the World Away

Un día las melodías lo abandonaron. Todo se volvió convencional, rutinario, complaciente. Diríase de un gris casi rockero. Y Josh Ritter recordaba todas aquellas reseñas que hablaban de Dylan, Cash y Cohen para aproximarse a su música. A Josh le sobraban las palabras y las canciones. Pero llegó el momento en que el piano o la guitarra solo reproducían las notas del pasado, simulacros de canción, mera producción en serie y carente de alma. Mientras paseaba por NY vio un cartel que anunciaba la nueva película de Tim Burton. Johnny Depp en 3D le brindó la respuesta que necesitaba. Si no tenía nada que decir, debía callar. Los sonidos se tornaron ruidos de la calle y él dejó de manipular las cuerdas.

Poco después las historias volvieron. Se desató un viaje interminable, porque esa era la idea: explorar, extraviarse y perder el centro. El punto de partida fue una historia de amor entre una momia y un arqueólogo, luego de eso la gravedad pondría las cosas en su sitio. Ritter inició su peregrinaje delirante y experimentó la epifanía que afortunadamente transformó en un nuevo disco. Una travesía en la que pareciera que, ouija de por medio, el Drake de Five Leaves Left, oficiara de copiloto.

Josh Ritter “Southern Pacifica”
Del álbum So Runs the World Away (2010)
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The Dead Weather «I’m Mad»

– Estoy cansado del rojo y el negro. Intento dejar el blues y la numerología. Jamás seré Hendrix, lo sé. Me lo dijo hace poco Page.

– Jugando a la chica mala, tratando de parecer la nueva mariposa pasada de vueltas. Un poco de maquillaje oscuro y una malla roída para incendiar el Chelsea Hotel. Cuando despierte y mientras me desayuno, escribiré algo que suene vagamente disfuncional.

– ¿Volvemos a intercambiar instrumentos y salimos de gira?

-Ok, pero las preguntas que mencionen lo de ser un supergrupo las contestan Dean y el otro Jack.

The Dead Weather “I’m Mad”
Del álbum Sea of Cowards (2010)
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Foals «Spanish Sahara»

Menos funk a lo que podía esperarse por su debut discográfico, y con densas atmósferas mediante, Foals reaparece con un nuevo disco que demuestra que su propuesta no se apaga ante la implosión de la poco confiable «new rave». La adrenalina se concentra y no se pierde emotividad: sonidos que van mutando progresivamente para terminar explotando en el momento certero. Así la banda británica ingresa a su período cool 2.0.

Foals “Spanish Sahara”
Del álbum Total Life Forever (2010)

The Forest & The Trees

Examinemos un dúo al azar. Busquemos recurrencias. Pareciera que eligieran caminos distintos, pero hubo un momento en que aquellos que decidieron unir su voces e instrumentos hasta que el pop o las “diferencias-artísticas-irreconciliables” los separasen estuvieron frente a frente, casi a punto de armar una fiestita swinger. The Forest & The Trees ciertamente no desentonarían en esta celebración si tomamos en cuenta lo siguiente:

1. La rubia. Sí, nuevamente, la sospechosa común. Se llama Linnea y es sueca. Blonda cabellera que se apodera del micrófono y concentra la atención del melómano desinteresado. Hace pocos días, como es habitual en esta tribuna, ya habíamos recaído en esta deliciosa adicción.

2. El nombre del grupo. Ubicado prácticamente en el mismo nicho sonoro, guarda sospechosas similitudes con The Bird & The Bee. Podría tratarse de un ejemplo clásico de ósmosis musical. No sería raro, ambos actos frecuentan hábitats idénticos: el pop de cámara y la melodía sintetizada.

3. El artesano. Detrás de toda frontwoman hay un gran productor. Prolífico, cerebral y detallista. Pero en este caso, Joel no se queda callado observando a su pareja desde la consola. No, su cálido registro vocal se suma al de ella. El diálogo de pareja (al menos en la canción) sí puede funcionar.

4. El hogar. Linnea y Joel están casados. Su primer álbum fue elaborado íntegramente en casa. Nació de la grabación de unos mixtapes navideños. Si hasta podría parecer una tarjeta de Hallmark. Haciendo a un lado el escepticismo, la convivencia matrimonial puede ofrecer excelentes bandas sonoras. Si la luna de miel no dura para siempre, sobrevivirá el disco. Sino pregúntenle a Biolay.

5. La sinfonía agridulce. Ok, ese detalle es consustancial a prácticamente cualquier grupo pop. La danza alegre que hace caso omiso a la tragedia personal descrita por la letra de la canción. Un delicioso juego de opuestos que se complementan. Languidez y estados contemplativos, medios tiempos para el drama rutinario que narrados en contrapunto por un chico y una chica nos llevan a otra dimensión: un espacio donde todo empieza a cobrar realmente sentido.

The Forest & The Trees “Bohemian Boy”
Del álbum The Forest & The Trees (2010)
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Cómo pronunciar indie

Quizás sea que todos los buenos nombres ya están tomados lo que hace que en la pila bautismal del rock haya una larga cola de nuevas bandas con nombres cada uno más caprichoso y rebuscado que el otro. Y aunque sí, al final la música es lo que importa, uno siempre está a una pronunciación de distancia de ser humillado por los indie snobs*. Para evitar darles el gusto y para que, por Dios, dejes de seguir haciéndonos sentir vergüenza ajena, 69 (se pronuncia «sesentinueve») te ofrece la traducción de esta pequeña pero útil guía aparecida en el diario inglés The Guardian. Porque hasta los gringos meten las cuatro:

The xx
¿Fácil? Así pensábamos hasta que mencionamos su nombre un día y encontramos una mirada de desprecio. Ya saben… chicos, visten todo de negro… fueron al mismo colegio que Hot Chip. “Ah”, dice nuestra evidentemente mejor educada amiga, “¿te refieres a The Twenty [Los 20]?” ¿Qué? “Los 20, en números romanos pues.” Alto, rebobinemos un poco. ¿Podría tener razón? No, se ríe el tipo de XL [N. del Trad.: el sello del grupo: se pronuncia eks-él]. SE PRONUNCIA: the ex ex (di eks eks)

Sunn O)))
No hace falta hacer un ruido gracioso con la o, sólo hay que decir “sun”. Y no, esa O))) no es un emotícono que representa a un barbudo confundido. Así no es como estos ruidistas experimentales hacen música. De hecho, el nombre imita el logo con eco del afamado fabricante de amplificadores, Sunn. SE PRONUNCIA: sun (san; o son, si eres mexicano)

Toro Y Moi
Aquí, el chico chillwave combina el español “toro y” con “yo” en francés. Como en, pretencioso, moi? SE PRONUNCIA: Toro y muá

Bon Iver
Es Ivor, como en The Engine, cierto? Pues no. Bon Iver es la escritura mal deletreada del saludo tradicional francés bon hiver, con el que alguien te desea un “buen invierno” SE PRONUNCIA: bon ivér (opcional: ridícula pgonunciación en francés: bon ivég)

MGMT
Sí, sabelotodo, ya sabemos que originalmente se llamaban The Management, pero ya no. Y no, no es lo mismo que MSTRKRFT. SE PRONUNCIA: em-yi-em-tí

Sigur Rós
Cuando el sitio oficial de una banda incluye una guía de pronunciación, completa con tutoriales en mp3 leídos por su bajista, entonces, es evidente que algo no se ha perdido, sino evaporado, en la traducción. Si sigues llamándolos alegremente Sigur Ros, bueno, aprende esto… SE PRONUNCIA (más o menos): si-ur rous

Miike Snow
Resiiiste la tentación de hacerla larga a mitad de nombre. Es simplemente Mike, sólo que con dos íes. Lo que nos hace preguntar por qué se tomaron la molestia, en verdad. SE PRONUNCIA: maiiiik snóu, así, sarcásticamente.

Lykke Li
Habiendo asumido, por siglos, que “Likely” (láikli) era la pronunciación más “likely” [probable] de Lykke Li, nos sorprendió escuchar en la radio que definitivamente es “Licky Lee”. Pero podría ser peor. Un sabido en línea le puso “Leaky Lee” [N. del Trad.: como en “leak”, que es cuando algo se filtra por internet antes de tiempo] SE PRONUNCIA: liki lí

*SE PRONUNCIA: snóbs (no esnóbs, snobs)

Luciana Tagliapietra // Los Domingos

Ella viene de la provincia: verde y cielos encopetados… pero no idealicemos nuevamente a Tucumán. Ella no se ampara en el grito. No porta un acordeón ni le pide nada a la luna. En el disco de Luciana Tagliapietra, la inquietud y el libre albedrío, ese que también surtió al camión regador de Suárez, aparecen discretamente, en tono de baja fidelidad, como rumor de radio AM o cajita musical de la infancia. Importa poco la fuente de emisión. Podría ser un cuarto adolescente la víspera de la navidad, un campo de juegos para ejercitar la nostalgia y proyectar miedo y deseo, ansiedad y emoción.  Las melodías van flotando, y así como la canción quiere evitar la rutina y dejar la tierra, acunada en arreglos delicados y vientos traviesos, la voz de Luciana transmite una extraña satisfacción ante la incomunicación y el silencio, una feliz turbación de domingo por la tarde.

Luciana Tagliapietra “Demasiada Presión”
Del álbum Los Domingos (2009)
[audio:http://www.fileden.com/files/2009/2/16/2324471//luciana tagliapietra – demasiada presion.mp3]

Una letra vale más que mil palabras

“The best things in life are free
But you can keep them for the birds and bees
Now give me money
That’s what I want
That’s what I want, yeah
That’s what I want”
“Money” The Beatles

Es un hecho muy conocido que todo melómano acaricia en secreto la idea de escribir algún día una novela llena de referencias a canciones pop. Felizmente para su bolsillo (y la literatura), eso nunca pasará de la mera fantasía. Porque citar letras de canciones tiene un precio. Eso fue lo que descubrió en carne propia el escritor británico Blake Morrison, quien llevado por las exigencias narrativas de los eventos y personajes de la obra que escribía en ese momento, decidió ir más allá de la mera mención de títulos y espolvoreó la escena final de su novela (una fiesta) con frases “prestadas” de hits radiales de ayer, hoy y siempre. La gracia le resultó costando 4,400 libras esterlinas, que es algo así como el presupuesto anual de una editorial latinoamericana.

Estos fueron algunos de los ítems de su factura (al cambio en dólares americanos, sin incluir impuestos):

Por una línea de “Jumpin Jack Flash” de los Rolling Stones: $750

Por una línea de “Wonderwall” de Oasis: $800

Por una línea de “When I’m Sixty-four” de los Beatles: $1100

Por seis palabras y cinco sílabas de «You’ve Lost that Lovin’ Feelin'» de The Righteous Brothers: $450

“Fastlove” de George Michael fue el que más barato le salió, $300. El más caro: dos líneas de “I Shot the Sheriff” de Bob Marley (aunque la versión que imaginó el autor era la de Eric Clapton): $1500, aproximadamente $135 por palabra!

Moraleja 1: Ser letrista de música pop es más costo-efectivo que ser novelista.

Moraleja 2 : Cada vez que grabas un instrumental, pierdes plata.